viernes, 12 de octubre de 2012

Doctor Bernardo Moas Miyaya: El primer cirujano cubano en “coser” un corazón en 1907

   Ahora que el trasplante cardiaco no es un sueño en Cuba, vale recordar que en 1907, hace 105 años, por primera vez en nuestro país, segunda en Latinoamérica y sexta en todo el continente, un médico cubano cosió un corazón herido.
   El valioso aporte a la ciencia médica nacional, a solo siete años del nacimiento del siglo XX, fue obra del doctor Bernardo Moas Miyaya, entonces director y primer cirujano de la casa de salud La Purísima Concepción, de la Asociación de Dependientes del Comercio, conocida durante muchos años simplemente como la Dependientes, hoy Hospital Clínico-Quirúrgico de Diez de Octubre, en Ciudad de La Habana.
   El 12 de octubre de 1907, un joven tabaquero de la fábrica Gener, Isidoro Fernández Triack, recibió una puñalada en el pecho  y fue trasladado a una casa de socorros cercana al lugar del hecho, donde como parte de los primeros auxilios le dieron un punto en el centro de la herida con el cual pretendieron suturarla y lo remitieron hacia la clínica en cuestión, a la que estaba asociado.
   Enseguida fueron a buscar al doctor Moas y cuando este pudo llegar, el paciente había perdido mucha sangre y se encontraba en estado sumamente grave, por lo que le administraron cafeína, estricnina, 1 500 gramos de suero artificial e inyecciones de éter.
   En unión del doctor Félix Pagés, Moas realizó el diagnóstico primario: herida en el pulmón y probablemente en el corazón. Llevaron al herido con urgencia al salón y allí fue operado sin demora. Veamos la explicación del propio cirujano:
   "Desembarazada la pleura de sangre y de coágulos, pudo verse una herida del pulmón que atravesaba el borde anterior del lóbulo superior, muy cerca de la escotadura cardiaca de dicho borde y cuya herida no sangraba por estar cubierta de finos coágulos”.
   "A ese mismo nivel, el ángulo interno de la pleura y el pericardio estaban perforados. Se fijaron con dos pinzas los bordes de esa abertura, se ensanchó con un golpe de tijera, y enseguida se abrió el pericardio, hacia la abertura externa, y a la introducción de dos dedos de la mano izquierda por detrás del órgano para exteriorizarlo y limitar en gran parte su movimiento de retroceso, se pudo inspeccionar una ancha superficie del corazón y precisar al nivel del tercio inferior de la cara anterior del ventrículo izquierdo una herida de cinco milímetros de profundidad y 15 de longitud aproximadamente, cuyos bordes estaban abiertos y cortados a bisel”.
   "Sangraba en forma no violenta. Con una aguja de Reverdin, curva  y fina, dimos un punto de sutura, en Catgut,  número dos en la herida cardiaca, lo que inmediatamente contuvo la hemorragia”.
   “Se lavó el  pericardio y la pleura con agua esterilizada tibia; se hizo luego una sutura en Surget al pericardio;  se dio otro punto de sutura en la herida del pulmón y se terminó cerrando la lesión precordial”.
   Durante la operación, se inyectaron al paciente mil gramos más de suero artificial y poco después de concluida la intervención, se le llevó a la cama y se apreció que su pulso, más regular y desenvuelto que antes de ser operado, daba 144 latidos por minuto y tenía una temperatura de 37,5 grados centígrados.
   "Los primeros días tuvo una mejoría notable, pero a la semana se agravó. La bronquitis gripal que padecía antes de ser lesionado, se agudizó; la abundante expectoración, la debilidad extrema por la sangre perdía y el delirio, trajeron la muerte del joven herido, el 30 de octubre”.
   "La autopsia demostró, entre otras lesiones, la existencia de una pericarditis adhesiva de la cual no había presentado síntomas apreciables mientras se mantuvo con vida.
"Hay que señalar que, después de ser lesionado, el obrero estuvo horas sin ser operado, en condiciones graves de hemorragia y debilidad general de su organismo."
  El corazón cosido había latido exitosamente con vida durante 18 días, lo cual, con la experiencia y recursos de la Cuba de 1907, era toda una hazaña. Francia, por ejemplo, lo había logrado en forma similar en 1900.
   El lesionado falleció por cuestiones y complicaciones ajenas a la operación misma, que fue audaz, y, lógicamente, cargada de un profundo humanismo. El doctor Moas había hecho al tabaquero lo que en condiciones muy parecidas ningún otro médico en Cuba fue capaz de hacer nunca antes.
   Tal proceder quirúrgico iluminó el camino a los demás cirujanos y constituyó un trascendental aporte a la cirugía en aquella época.
   El 22 de noviembre, el doctor Moas presentó en la Academia de Ciencias de Cuba esta valiosa experiencia, motivo de polémicas y dudas. Todo el mundo médico habanero estaba allí, escuchando el relato. Su intervención duró solo diez minutos.
   Cuando se hizo la autopsia al fallecido,  el doctor Claudio Fortún vio la herida cicatrizada en el ventrículo izquierdo del corazón cosido por el médico cubano. El acta de dicha autopsia fue firmada por los doctores Francisco de Córdova y Domingo Vázquez Hidalgo, quienes corroboraron lo acertado de la sutura hecha por Moas.
   Ante algunas discrepancias manifestadas en la reunión citada, el propio cirujano se puso de pie y añadió otros datos demoledores y convincentes que, a su vez, motivaron que el entonces presidente de la Academia de Ciencias de Cuba, el doctor Santos Fernández, también se pusiera de pie para afirmar que había triunfado la verdad científica.
   Testigos excepcionales de aquella jornada histórica y que aprobaron lo realizado por el doctor Moas, fueron los prestigiosos médicos Joaquín Albarrán y Carlos J. Finlay.
   El doctor Bernardo Moas Miyaya había nacido en Cuba el 5 de enero de 1863 y murió el 26 de junio de 1936. 
   Su padre, Baltasar Moas Méndez, era español y su madre, Teresa Miyaya Jaque, era habanera.  Se graduó de médico el 27 de noviembre de 1888, con 25 años de edad y en 1890 empezó a trabajar en la Dependientes.
   Por él, el 8 de enero de 1911, se aplicó por primera vez en Cuba la fórmula inyectable conocida como “606” de un enfermo de “avariosis”.
   También por su gestión se conocieron en La Habana los aparatos suecos Zander, de fisioterapia y los Bler, para tratar otras afecciones.
    Los periódicos más importantes de Francia y España en esa época en que cosió el corazón del paciente mencionado dieron gran destaque a su operación y la compararon con la realizada por el doctor Fontán, de París, el 9 de mayo de 1900 por primera vez en tierra francesa.

Tomado del sitio web del Instituto de Hematología e Inmunología del MINSAP