sábado, 27 de octubre de 2012

Cristóbal Colón “descubre” la Isla de Cuba, aniversario 520

En el aniversario 520 de que Cristóbal Colón arribara a las costas cubanas en sus viajes hacia occidente

La existencia de Cuba, como la del continente americano en general, era prácticamente desconocida por los europeos hasta finales del siglo XV. Muchas leyendas se contaban sobre incursiones de los normandos a tierras situadas al Occidente de Europa. Pero en realidad, nada se sabía a ciencia cierta sobre esas tierras, y mucho menos sobre sus habitantes. Cuando el experimentado navegante genovés Cristóbal Colón ideó un viaje hacia el oeste a través del Atlántico, no pensaba en el descubrimiento de un nuevo mundo, sino en la manera de encontrar un camino más corto y menos azaroso hacia la India, importantísimo mercado de especias y otros productos muy apreciados por los países de Europa Occidental.
En esa ruta podía encontrar, desde luego, tierras no ocupadas aún por las potencias europeas. Por esa razón, cuando los Reyes Católicos de España, Fernando e Isabel, aceptaron el proyecto de Colón, no sólo se comprometían a compartir con éste los beneficios comerciales derivados de la gran empresa, sino que lo nombraban Almirante, Virrey y Gobernador General de las tierras que descubriese.
Amparado por las Capitulaciones de Santa Fe y con recursos suministrados por la Corona Española, preparó el marino genovés su expedición de tres carabelas (Santa María, La Niña y La Pinta), y se hizo a la mar desde el puerto de Palos de Moguer, en la sureña provincia española de Huelva, el 3 de agosto de 1492.
Navegó durante 72 días, debiendo vencer las dificultades de un viaje más largo de lo que esperaba y enfrentando las crecientes protestas de una tripulación presa del pánico, que llegó a considerarlo demente y a emplazarlo para que regresara a España. Pero antes de cumplirse el plazo acordado de tres días, en la madrugada del 12 de octubre de 1492, el marinero andaluz Rodrigo de Triana dio la voz de "¡Tierra!". La intrepidez, la voluntad y los conocimientos de Colón habían vencido.
Llegaban así a la isla que los indígenas llamaban Guanahaní (actualmente Watling), del grupo de las Lacayas o Bahamas, y que el almirante llamó San Salvador, por ser la que lo había salvado del desastre. Sin saberlo aún, habían descubierto, para los españoles, un nuevo continente.
Informado en lenguaje mímico por los naturales de que había otras tierras cercanas, siguió navegando hacia el sudoeste, y 15 días después, en la noche del 27 de octubre, llegaba a las costas de Cuba, a la que llamó Juana en honor al príncipe Juan, primogénito de los Reyes Católicos. Poco más tarde, en 1515, sería llamada Fernandina, por decisión del Rey Fernando; pero incluso desde aquella época se impuso el nombre primitivo de Cuba. Fue así como el hombre europeo llegó a la que Colón calificara, prendado de sus paisajes y de su gente, "la tierra más hermosa que ojos humanos vieran".
Ya en tierra se encontró una civilización aborigen hospitalaria, laboriosa y pacífica, a cuyos integrantes llamó indios, por considerar que había llegado a la legendaria península asiática en busca de la cual había salido. Esta civilización se encontraba en muy bajos niveles de desarrollo: no había rebasado aún la Edad de Piedra. Y sus representantes constituían los habitantes más antiguos del archipiélago cubano.
Con el inicio de la conquista y colonización de la isla en el año 1510 (muerto ya Cristóbal Colón, el descubridor), los representantes de la Corona Española comenzaron también el aplastamiento brutal de la incipiente civilización que habían encontrado. En su sed de enriquecimiento, llegaron más lejos que los conquistadores de otras regiones del globo: no sólo sustituyeron las primitivas relaciones de producción por otras nuevas, más avanzadas, sino que, con el viejo modo de producción, también eliminaron físicamente a los hombres que lo representaban.
Con ello cortaron el natural proceso de desarrollo que hubiera dado probablemente a la nacionalidad cubana caracteres muy distintos a los que hoy ostenta. De ahí que la influencia de la cultura primitiva en el desarrollo posterior de la sociedad cubana haya sido sumamente pobre, a diferencia del papel que desempeñaron las comunidades indígenas de México, América Central y Sudamérica en la formación de las nacionalidades que hoy habitan esos territorios.
El tajo violento asestado a la comunidad primitiva en Cuba durante el siglo XVI, que la desvinculó de las formaciones económicas - sociales que le siguieron, es también un obstáculo serio para el estudio de aquella sociedad.
El hecho de que nuestros aborígenes no hubieran rebasado aún la Edad de Piedra, impidió que nos legaran testimonios escritos de su vida. Aunque es posible que algún día, nos ayuden a conocer un tanto, detalles de la misma. Las inscripciones no descifradas todavía, que se han encontrado en cavernas de Oriente, Isla de la Juventud y otros sitios del archipiélago cubano. Ejemplo de estas evidencias y otras encontradas, indican que hubo existencia de Aborígenes en Mantua.
Los descubrimientos arqueológicos hechos hasta el Triunfo de la Revolución, que han prestado una valiosa ayuda para conocer la época inmediatamente anterior al descubrimiento, arrojan poca luz acerca del origen y evolución social de los indocubanos.
Además, la fuente preciosa que constituye el testimonio de los descubridores y colonizadores se encuentra limitada por varias razones. La mayor parte de los escritos de Colón se han perdido; las obras de Bartolomé de las Casas y de otros cronistas e historiadores de la conquista son, en parte, contradictorias: las de las Casas, por favorecer a los aborígenes; las de Oviedo y otros, por ensañarse contra ellos.
No obstante esas limitaciones, se han podido esclarecer aspectos importantes sobre la vida de los indios cubanos. Objetos encontrados en varios lugares, aseguran que hubo presencia de aborígenes en la zona de Alquízar; lo que nos permite ofrecer un cuadro general de la sociedad en que vivieron. Hay lagunas, desde luego, pero ellas no nos impiden penetrar en la esencia de los fenómenos socio - económicos de la prehistoria cubana.
A la llegada de los españoles, habitaban el territorio de la isla no menos de tres grupos indígenas de diferentes niveles de desarrollo, que han sido designados por algunos historiadores con los nombres de taínos, siboneyes (o siboneyes) y guanajatabeyes.
La procedencia de estos dos últimos grupos de indígenas está aún en duda; mas no se vacila en desechar la teoría del origen autóctono. Las investigaciones arqueológicas no han aportado ni un vestigio siquiera de que la isla fuera su cuna: ni huellas de hombres anteriores a nuestros indios, ni restos de especie alguna de mamíferos que hubieran podido ser los predecesores del aborigen cubano.
Por otra parte, Cuba surgió del fondo de los mares y estuvo sumergida en ellos durante miles o millones de años, a intervalos quizás. De los animales marinos que vivieron en épocas tan remotas sí se han hallado restos petrificados o fosilizados en nuestro suelo. Y de la misma manera, se hubieran encontrado indicios de los antecesores del indio cubano si éstos hubieran surgido en nuestro territorio.
Ahora bien, no se ha podido determinar con exactitud el tronco étnico del que proceden ni el lugar exacto desde donde emigraron a Cuba. Se estima que sólo pudieron haber partido de La Florida, Yucatán o América del Sur. La mayor parte de los investigadores coinciden en señalar este último sitio. El origen del grupo de los taínos aparece más claro.
Los historiadores están hoy de acuerdo en que descienden de los aruacos, pueblo indio de la América del Sur, y en que proceden de la costa noroccidental de Venezuela, específicamente de la cuenca del Orinoco, pues el carácter, modo de vida y costumbres de dicho pueblo son semejantes a las de los taínos. Y como ese grupo aborigen tenía similar cultura que ciertos indios de Santo Domingo y de las Antillas Menores, parece evidente que las emigraciones indias vinieron en oleadas ascendiendo de isla en isla por el arco de las pequeñas Antillas, huyendo quizás de las belicosas tribus caribes.
Cuando Colón arribó a Cuba, una gran parte de los taínos llevaban decenas de años, siglos tal vez, viviendo en nuestras tierras. Fueron ellos posiblemente los que empujaron a los guanajatabeyes hacia la península de  Guanahacabibes, donde fueron hallados por los españoles.