sábado, 27 de octubre de 2012

Músicos cubanos: Aniversario 104 del natalicio de Vicente González-Rubiera Cortina (Guyún)

En el aniversario 104 del natalicio del destacado guitarrista y pedagogo cubano

El guitarrista y pedagogo cubano Vicente González-Rubiera Cortina, conocido como Guyún, fue un pensador; y su pensamiento y amplia erudición hizo posibles sus notables aportes a la armonía y a la forma de tañer el instrumento, lo que le ganó, por derecho propio, un lugar en la escuela cubana de guitarra. Integró la trova, la guitarra clásica y la popular en un proceso polivalente, del cual fue un factor importante en el surgimiento de esa escuela. Nace en Santiago de Cuba antigua provincia de Oriente,  el 27 de octubre de 1908. Realizó sus estudios con Isolina Carrillo, solfeo; Emilio Grenet, armonía; Fela González-Rubiera, José Bandera (Pepe Bandera), Sindo Garay  y Severino López (alumno de Miguel Llobet), guitarra.
En 1928 se trasladó para La Habana, y en 1929 era ya conocido en los medios artísticos por sus programasen las radioemisoras CMK, de Juan Brouwer, y CMBZ Radio Salas, con María Cervantes, y la orquesta de Antonio María Romeu con su cantante Barbarito Diez.
Ya en esa época utilizaba en sus acompañamientos armonías más nutridas y el ritmo arpegiado (los guitarristas de la trova tradicional lo empleaban rasgueado o rayado). Integró, con Jorge Mauri y Manuel Fontanal, el trío Lírico Cubano, con el que actuó en la Cuban Telephone Company; posteriormente formó un trío con Isolina Carrillo, piano, y Marcelino Guerra (Rapindey), voz segunda, con el que trabajó en CMQ.
 En los teatros Encanto, Fausto y Campoamor, trabajó junto a María Cervantes, Esther Borja, Ernestina Lecuona, Luisa María Morales, Panchito Naya, Emilia Estivill, María Ruiz, Carmen Burguette, Hortensia Coalla, Margot Alvariño, Armando Mario, Nena Plana, Grecia Dorado, e Hilda Salazar.
También trabajó con las orquestas de Belisario López, y la de los Hermanos Le Batar
En Santiago de Cuba, actuó en la radioemisora CMKL, y en el Teatro Oriente, junto a su hermana Fela González-Rubiera. En 1935, Guyún viajó a Nueva York y allí grabó, como cantante y guitarrista, con la orquesta del compositor y pianista Nilo Menéndez, Mueve tu cintura, guaracha, de Eliseo Grenet, y Después de un beso, bolero, de Jorge Anckermann.
A su regreso a Cuba, continuó su vida como trovador, hasta que en 1938 se retira de la vida artística para dedicarse al estudio y la enseñanza de la armonía aplicada a la guitarra. Apareció en los filmes "El romance del palmar", en la que Rita Montaner  interpretó "El manisero", de Moisés Simons, y Sucedió en La Habana, con María de los Ángeles Santana, Rita Montaner y Gonzalo Roig como director musical, en 1938, ambas dirigidas por Ramón Peón.
En 1943 conoció al guitarrista español Andrés Segovia, con quien mantuvo amistad. Su insaciable curiosidad e incansables estudios, le proporcionaron un vasto conocimiento de la ciencia y el arte. En tal sentido, es innegable su paciente labor como investigador de las leyes de la armonía y la técnica de la guitarra.
Fue un hombre inconforme con las verdades a medias, con los dogmas. Hombre exigente consigo mismo y con los demás, lo que le permitió descubrir no pocos errores en más de un tratado de armonía, así como definiciones incorrectas o incompletas, sobre todo en la teoría de la música, aun cuando estas se hayan repetido de por vida hasta convertirse en axiomas.
Él no fue un repetidor. Con frecuencia citaba este pensamiento de José Ingenieros: el maestro «no será un repetidor de programas que otros hacen y él no comprende [...]. Despertará capacidades con el ejemplo; enseñará a hacer, haciendo».
Por otra parte, consideraba que la verdad sólo tiene vigencia hasta que se demuestre lo contrario. Por ello creó su propio método, no se quedó en la crítica sin aportar soluciones. Enamorado de su instrumento, le profesó una fidelidad inquebrantable. Esa vocación y dedicación a la música —todo su ser, todos sus actos lo conducen a ella—, por el saber humano fue tal, que cuanto tenía que ver con la cultura le interesó.
Esto le proporcionó un vasto aparato teórico y conceptual, que le permitió adentrarse con la misma vehemencia en el campo de la psicología, la fisiología, la filosofía, la estética y la electrónica, pues no sólo fue un humanista.
Guyún fue un pensador; y su pensamiento y amplia erudición hizo posibles sus notables aportes a la armonía y a la forma de tañer el instrumento, lo que le ganó, por derecho propio, un lugar en la escuela cubana de guitarra. Él integró la trova, la guitarra clásica y la popular en un proceso polivalente, del cual fue un factor importante en el surgimiento de esa escuela.
González-Rubiera aportó a la técnica de la guitarra el uso del dedo meñique de la mano derecha, con lo que buscaba —y logró— nuevas posibilidades en la ejecución; y el pulgar de la izquierda, con el que se obtiene acordes más completos, y, por tanto, una mayor riqueza armónica. Pero él, en sus interpretaciones, no sólo utiliza las seis cuerdas de la guitarra, sino, además, todas las partes de ésta, para poder trasmitir a quienes le escuchan lo que él quiere. Así, la guitarra, en sus manos, es un instrumento de percusión.
Esto se demuestra en "Acuarela do Brasil", de Ary Barroso; "Cachita", de Rafael Hernández o el "Yambambó", de Emilio Grenet; pero también, a veces, es piano, contrabajo, trío de violines, pues cuando armoniza una obra parte de una concepción orquestal.
Por otra parte, en cada versión armónica que realizó (él no hizo arreglos, como algunos han dicho), enriqueció la armonía natural de la obra en cuestión sin que en ella se desvirtuara el sentido melódico, pues en cada una de ellas mantuvo la sustancia espiritual de su creador. En "Corazón", de Eduardo Sánchez de Fuentes, no sólo utiliza los cromatismos, sino que emplea un procedimiento armónico que él llamó metáfora armónica o armonía de fantasía.
La belleza melódica de "Marta", de Moisés Simons, le motivó una armonización similar, pues este es uno de los recursos que más cultivó, ya que las melodías tonales diáfanas, son las que más se prestan para emplear en ellas los cromatismos. "Lágrimas negras", de Miguel Matamoros, le permitió utilizar distintos sistemas armónicos, con los que buscaba una mayor variedad y belleza, pues «cuando el estímulo no varía acaba por desaparecer»; por eso en esta obra emplea la armonía clásica, la cromática, la exatonal y la impresionista.
Para "Vieja luna", de Orlando de la Rosa, se valió del cromatismo, los movimientos exatonales, así como de la bitonalidad. No hizo uso del atonalismo, pues consideraba que este tenía muy poca coincidencia con la música popular.
Estos conocimientos los volcó en su libro La guitarra: su técnica y armonía, sobre el cual el compositor y guitarrista, Leo Brouwer, expresó:
«Mucho podría decirse de la ampliación que sufre en nuestro siglo la música, tanto en lo universal como en lo nacional. Cuando se haga el recuento, el aporte de Guyún tendrá —con este libro— un marcado renglón. Este libro no sólo es imprescindible para el guitarrista que comienza en la música popular, sino que se convierte en libro de consulta para el profesional y el pedagogo, puesto que técnicamente están explicados con claridad meridiana los problemas de la armonía y de la técnica guitarrística. Todo estudioso —aun el más erudito— recogerá en cada página una nueva forma de lo conocido. En cada párrafo se aprende.
Todo hecho interesante es polémico. Probable es que alguno encuentre el libro “minucioso” (hermoso pecado el de la exactitud), otro muy extenso, y un tercero discrepe de tal o cual argumentación; pero es indudable que este luminoso libro acierta en objetivos y en planteamientos, siendo funcional y nada redundante.»
En la década del 60, Guyún se integró al cuerpo de profesores de la Escuela para Instructores de Arte, y más tarde fue uno de los pedagogos que trabajó en la formación técnica de los músicos populares en el Seminario de Música Popular (hoy Centro de Información Odilio Urfé), dirigido por el musicólogo y pianista Odilio Urfé.
Fallece en La Habana, Cuba, el 29 de septiembre de 1987.