miércoles, 24 de octubre de 2012

Periódicos cubanos: El Papel Periódico de La Havana, aniversario 222 del primer periódico en Cuba

    El Papel Periódico de La Havana, fue el primer periódico de interés económico y literario publicado en Cuba, con el que se inició el desarrollo de la prensa en la Isla. Desde sus primeros números publicó artículos de costumbres de carácter anónimo, de los que se conoce sin embargo que fueron escritos por los intelectuales más sobresalientes.
   El 5 de febrero de 1792, en el artículo titulado «Discurso sobre el Periódico», los redactores explicaban que uno de los fines del Papel Periódico de La Havana sería atacar los hábitos y costumbres «perjudiciales», y corregir los vicios.
   La historia del Papel Periódico de la Havana se divide en dos etapas: la primera, bajo la conducción de Diego de la Barrera, y la segunda a partir de 1793, bajo el auspicio de la recién fundada Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana.
  Don Luis de las Casas colocó la dirección del periódico en manos de una comisión, el “Cuerpo de Redactores”, integrada por los fundadores y por intelectuales de relevante ejecutoria social.
   El Papel Periódico de La Havana fue vehículo de ética y cultura, de difusión mercantil, de promoción para el desarrollo agrícola y de propaganda política. Todos los problemas de la colonia, incluidas la esclavitud y la religión, se discutieron en sus páginas, de ideas liberales o ilustradas –aunque lo hicieran con discreción y mesura.
   Pero sus preferencias estaban en los temas económicos, abordados de manera práctica y utilitaria. En él escribieron figuras tan relevantes como Manuel de Zequeira y Arango, José Agustín Caballero, Francisco de Arango y Parreño, Nicolás Calvo  y  Antonio del Valle Hernández.
   El primer número del Papel Periódico de La Havana salió a la luz pública el 24 de octubre de 1790, pero no fue, cronológicamente, la primera publicación de esa clase que circuló en Cuba. El historiador Jacobo de la Pezuela da noticia de un impreso llamado El Pensador, auspiciado por el capitán general Ambrosio de Funes, conde de Ricla- que editaron aproximadamente en el año 1764 los abogados Gabriel Beltrán de Santa Cruz e Ignacio José Urrutia, de cuya existencia no se tienen pruebas documentales.
   Algunos historiadores opinan que El Pensador no era publicación cubana, sino española, porque en 1762 comenzó a circular en Madrid una publicación de igual nombre, que pudo haber sido la referida por Pezuela, que se recibiera en La Habana. La Gazeta de La Habana, de la cual se conservan ejemplares, se publicó en esa ciudad semanalmente entre 1782 y 1783, pero no tuvo fuerte impacto social, y su vida fue efímera.
   El Papel Periódico de La Havana constituyó una vía para volcar los anhelos de la sociedad criolla, en proceso de convertirse en nacionalidad. Su creación se debió en gran medida a la iniciativa y la estimulación del capitán general don Luis de las Casas.
Entre sus fundadores estuvieron relevantes personalidades como Diego de la Barrera,  José Agustín Caballero y Tomás Romay.
   El Papel Periódico de La Havana tenía un formato de 22 por 15 ½ centímetros y salía de la Imprenta de Francisco Seguí, también conocida como Imprenta de la Capitanía General. Durante su primer año de publicación solo vieron la luz diez números, de periodicidad dominical. A partir de 1791 comenzó a editarse en los días jueves y domingos.
   Su número inicial fue un Prospecto, en el cual se explicaban la importancia social de un papel periódico, su misión y objetivos. El Prospecto anunciaba los temas que serían de su interés: agricultura, comercio, noticia de conocimientos científicos con aplicación a la economía; además de literatura, anécdotas y noticias de ciencias y artes.
   En sus páginas quedó recogido el ambiente económico y cultural de la Isla, y sobre todo el impacto de la Ilustración en la colonia bajo el reinado de Carlos III. Dio cabida a la literatura de criollos, españoles y europeos esta en traducciones y a la crítica literaria.
   Promovió la participación del público, cuyas colaboraciones aceptaba, y destinó los fondos de las suscripciones a la creación de la primera biblioteca pública que tuvo la ciudad. Contenía, además, una sección destinada a anuncios de compras y ventas, a denuncias de pérdidas y hallazgos y a cualquier otra necesidad de intercambio social de los suscriptores.
   Conservó su título hasta 1805, cuando pasó a llamarse El Aviso (1805-1808), y en lo adelante tomó los nombres de Aviso de La Habana (1809-1810), Diario de la Habana (1810-1812), Diario del Gobierno de La Habana (1812-1820), Diario Constitucional de La Habana (1820), Diario del Gobierno Constitucional de la Habana (1820-1823) y Diario del Gobierno de la Habana (1823-1825).
   El 1 de febrero de 1825 le fue restituido el nombre de Diario de la Habana, hasta convertirse en La Gaceta de La Habana, periódico oficial del gobierno, a partir del 3 de febrero de 1848.