viernes, 26 de octubre de 2012

El último discurso del Comandante Camilo Cienfuegos, aniversario 53 de su última intervención pública ante el pueblo de Cuba

    Las palabras del legendario comandante guerrillero Camilo Cienfuegos el 26 de octubre de 1959, en la gigantesca reunión de un millón de cubanos frente al balcón del antiguo Palacio Presidencial, fueron las últimas que pronunció ante el pueblo de Cuba.   
   Camilo habló a la multitud para denunciar  la serie de bombardeos que propinaban a La Habana aviones provenientes de los Estados Unidos, y que se habían intensificado desde el 10 de octubre de 1959 hasta el 26 de ese mes, día en que pronuncia su discurso. 
   Su breve discurso del 26 de octubre de 1959, poco después de estos sucesos, puede considerarse su testamento revolucionario, pues dos días después el avión en el que había viajado de La Habana a Camagüey desapareció en el mar:
   Camilo afirmaba ese día: “Tan altos y firmes como la Sierra Maestra son hoy la vergüenza, la dignidad y el valor del pueblo de Cuba en esta monstruosa concentración frente a este Palacio, hoy revolucionario, del pueblo de Cuba”.
   “Tan alto como el Pico invencible del Turquino, es hoy y será siempre el apoyo de este pueblo cubano a la Revolución que se hizo para este pueblo cubano”.
   “Se demuestra esta tarde que no importan las traiciones arteras y cobardes que puedan hacer a este pueblo y a esta Revolución, que no importa que vengan aviones mercenarios tripulados por criminales de guerra y amparados por intereses poderosos del gobierno norteamericano, porque aquí hay un pueblo que no se deja confundir por los traidores; aquí hay un pueblo que no le teme a la aviación mercenaria (…) Porque sabemos que este pueblo cubano no se dejará confundir por las campañas hechas por los enemigos de la Revolución, porque el pueblo cubano sabe que por cada traidor que surja habrá mil soldados rebeldes que estén dispuestos a morir defendiendo la libertad y la soberanía que conquistó este pueblo”.
   “Porque para detener esta Revolución cubanísima tiene que morir un pueblo entero, y si esto llegara a pasar serían una realidad los versos de Bonifacio Byrne: “Si desecha en menudos pedazos/ se llega a ver mi bandera algún día…/ ¡nuestros muertos alzando los brazos/ la sabrán defender todavía!”…”
   “(…) que no piensen los que envían los aviones, que no piensen los que tripulan los aviones que vamos a postrarnos de rodillas y que vamos a inclinar nuestras frentes. De rodillas nos pondremos una vez, y una vez inclinaremos nuestras frentes, y será el día que lleguemos a la tierra cubana, que guarda veinte mil cubanos para decirles: ¡Hermanos, la Revolución está hecha, vuestra sangre no cayó en balde!”
   Dos días después, desaparecía en el mar, el comandante legendario.