lunes, 15 de octubre de 2012

Clásicos del séptimo arte: El Gran Dictador

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En el aniversario 72 del estreno en New York de este filme de Charles Chaplin

   El gran dictador (en inglés The Great Dictator) es una película norteamericana  de  1940 escrita, dirigida y protagonizada por el británico Charles Chaplin. Se estrenó en Nueva York el 15 de octubre de 1940 y en Londres el 16 de diciembre de 1940.
   El largometraje recibió cinco nominaciones en la 13ª edición de los Premios Óscar, sin embargo no ganó ninguno. El gran dictador es una sátira del fascismo, y en particular de Adolf Hitler y su Nacionalsocialismo.
   Chaplin realiza en su segundo largometraje sonoro una sátira agria de Hitler. La Segunda Guerra Mundial comienza el 1 de septiembre de 1939 y el rodaje comienza el 9 de septiembre de 1939 en un gran hermetismo por las presiones que estaba recibiendo para no filmarla de la embajada alemana y de su productora United Artist, que había recibido amenazas de boicot.
   La política estadounidense era neutral en ese entonces y se "desalentaban" producciones antihitlerianas. Pese a esto y a que las críticas de la prensa fueron negativas en particular con su discurso final, fue la película que más recaudó de las que realizó.
   Por esta película y por sus ideas sería perseguido por el Comité de Actividades Antiestadounidenses, teniendo luego que exiliarse de Estados Unidos.
   Chaplin interpreta en la película a dos personajes. Esta cinta fue el primer filme sonoro, con diálogos, de Chaplin. La película no se estrenaría en Alemania hasta 1958, aunque esta era una de las películas predilectas que tenía Hitler en su cine particular y obtuvo sus mayores éxitos después de 1945.
   Al conocer años después el horror de los campos de exterminio, Chaplin afirmó que no hubiera realizado la película de saberlo, aunque muestra gran intuición sobre el tema al realizarla, con una fuerte carga de moralidad y llena de parodias y críticas hacia un sistema político tan fuerte como era el nacionalsocialismo.
   Chaplin al final de la película sorprende con un manifiesto tremendamente emotivo donde expone el horror de la guerra y lo terrible que es para las personas estar sometidas bajo la figura de un dictador.
   Al final de la Primera Guerra Mundial un soldado del ejército de Tomania, al salvar la vida del oficial Schultz en su avión, sufre un accidente y pierde la memoria, permaneciendo en un hospital por 20 años. Cuando, todavía amnésico, escapa del hospital, regresa a su ciudad, donde abre de nuevo su antigua barbería ubicada en el Ghetto. Los tiempos han cambiado.
   El país es gobernado por el dictador Adenoid Hynkel, y existe una brutal discriminación contra los judíos.
   Una de las jóvenes del Ghetto, la bella Hannah, defiende al barbero cuando es acosado por miembros de las fuerzas de seguridad de Hynkel. Ambos se enamoran y deben sufrir los atropellos de la dictadura, aunque tienen el respiro de tener la protección de Schultz, que reconoció al barbero, y de un corto periodo de paz con los judíos mientras Hynkel trata de conseguir financiamiento de un banquero judío para sus ambiciones de dominación global.
   El rechazo del préstamo por parte del banquero judío motiva la reanudación de la opresión en el Ghetto, Schultz cae en desgracia por encararle su falta de humanidad al dictador y de ocultarse con los judíos. La persecución produce que el barbero y Schultz sean enviados a un campo de concentración.
   Hynkel decide invadir Osterlich, pero la intromisión del líder de Bacteria, Benzino Napaloni, le obliga a invitarle y ser diplomático con él, aunque todo desemboca en una ridícula guerra de comida y pasteles entre los dos dictadores.
   Hannah y las personas del Ghetto huyen hacia Osterlich, pero al poco se inicia la invasión desde Tomania. Entonces, al escapar el barbero y Schultz, Hynkel será detenido por error por sus propias tropas, por su gran parecido con el barbero, y este será tomado por Hynkel y conducido a dar un discurso sobre el inicio de la conquista del mundo.
   En vez de eso, el barbero da un discurso exhortando a la humanidad a dejar la mecanización del hombre, a las dictaduras, a la discriminación, y recuperar la humanidad: «Lo lamento mucho, pero no quiero ser dictador. No quiero conquistar ni gobernar a nadie.
   Deseo ayudar a todos, judíos, gentiles, blancos o negros… Nuestra sabiduría nos ha hecho cínicos, nuestra inteligencia nos ha hecho duros y malos. Pensamos demasiado y sentimos poco. Más que maquinaria necesitamos bondad y ternura… ¡Soldados, en nombre de la democracia, unámonos!».
   Aplaudido por la multitud, habla para sí: «¿Me escuchas Hannah? Donde quiera que estés, ¡mira hacia a lo alto, Hannah!».
   Hannah, en su casa, arrasada de nuevo por los invasores, dirige la mirada al cielo con esperanza, y sobre ese rostro se cierra la pantalla.