lunes, 15 de octubre de 2012

Músicos cubanos: Mariano Meléndez, en el aniversario 52 de su muerte

    El tenor Mariano Meléndez Cabrera fue un destacado intérprete de la canción cubana en los primeros años de la discografía nacional. Profesor de canto y repertorista. Nació en Cádiz, el 11 de septiembre de 1886, de padre español y madre cubana.
    A los dos años de edad, la familia se trasladó a La Habana. Fue discípulo de los maestros Pablo Meroles y Andrés Antón. Se graduó de música en el conservatorio Payrellade.
   Se presentó en público por vez primera en una función de la academia de Meroles, en el teatro Nacional, cantando el tercer acto de Fausto. Debutó profesionalmente, en el rol de El gondolero, en la zarzuela Las Musas Latinas en el teatro Actualidades. 
   Estrenó en el teatro Payret Quiéreme mucho, de Gonzalo Roig, que llevaba por título Serenata Cubana. Meléndez le encomendó al maestro que cambiara el nombre de la pieza por la primera línea de la letra, a lo que Roig accedió.
   El 10 de octubre de  1922 actuó en la transmisión inicial de la PWX, primera estación de la radio comercial en Cuba junto a Rita Montaner. En esa oportunidad cantó la criolla Soy cubano, de Luis Casas Romero. 
   Entre 1923 y 1928 grabó más de cien números para varias marcas discográficas. En sus primeros discos, para la firma Brunswick, y luego para la Víctor, fue acompañado al piano por Ernesto Lecuona, autor de la mayoría de las piezas que registró Meléndez en esa etapa inicial, entre ellas Junto a ti y A una golondrina, ésta última con versos de Juan Clemente Zenea; y de Lecuona, con letra de Gustavo Sánchez Galárraga, Te diré un cuento; ¿Te acuerdas?; La bella durmiente y Bajo el claro de la luna. 
   Además de Lecuona, acompañaron al tenor cubano Jaime Prats, con su orquesta, y los pianistas Rafael Betancourt y Nilo Menéndez. En ocasiones cantó a dúo con Antonio Utrera, María Adams y Tata Villegas, entre otros. Su número más popular fue el titulado La casita cubana (1926), atribuido en la etiqueta del disco a Narciso Sucarichi, pero en realidad es el número conocido originalmente como La casita, de los mexicanos  Manuel J. Othón y Felipe Llera, pero con otra letra.
   En el repertorio de Meléndez se encuentran varias canciones mexicanas, como Un viejo amor, de Bustamante-Esparza Oteo, y A la orilla de un palmar, de Manuel Ponce.También grabó cuplés y bambucos. 
   Está considerado como el primer cubano en grabar tangos argentinos en forma profesional, tales como Maldito tango, Es un golfo (1923), Milonguita (1924), Melenita de oro, Madre (1925), Oh Julián, Todo por ti (1926), entre otros.
   Resulta curioso el hecho de que a partir de 1925, año en que se inicia el procedimiento eléctrico de registro fonográfico, a la vez que Meléndez grababa en Nueva York piezas de Gonzalo Roig, Jorge Anckermann o Sánchez de Fuentes, algunas de ellas consideradas “de concierto” –como Funeral, de Lecuona, por ejemplo-, llevaba al disco versiones de “songs” norteamericanas, como Remember, de Irving Berlin, Yes Sir that’s my baby, de Gus Kahn o Oh how I miss you tonight, de Joe Burke, o acoplaba una “pieza” titulada Monterito Jazz Jazz, de Sucarichi, en la cara opuesta de una placa que contenía el bolero capricho de Anckermann Dime por qué.
   Participó en representaciones operáticas –Marina, Rigoletto–, en conciertos de música cubana organizados por Ernesto Lecuona, Jorge Anckermann y Eduardo Sánchez de Fuentes, junto a Rita Montaner, Alejandro García Caturla y María Fantoli. 
   Trabajó en numerosas puestas de zarzuelas y operetas –Viuda alegre, Conde de Luxemburgo, Alegía de la Huerta–, hasta que, a finales de la década de 1930, se dedicó por entero a la enseñanza de canto y a la preparación de repertorio de jóvenes intérpretes en su vieja casa de Consulado, cerca de varios de los principales teatros: Campoamor, Alkázar, Encanto, Payret, Martí, Nacional, Fausto... Entre sus discípulos estuvieron el barítono Pedro Arias, la soprano América Crespo, la vedette Rosita Fornés y la famosa bolerista Olga Guillot.
   Mariano Meléndez falleció en La Habana el 15 de octubre de 1960. Lo llamaron en sus días de gloria “el tenor de moda”.
   Aunque hoy , al escucharlo, resulta casi imposible pasar por alto los inconvenientes propios del primitivo sistema acústico, por la precariedad del sonido y la infidelidad de los timbres, la mayor importancia que revisten las antiguas grabaciones de Meléndez es que suelen ser las primeras que se hicieron, y en algunas ocasiones las únicas que existen de muchos de los autores cubanos que grabó: composiciones de Ernesto Lecuona, Sánchez de Fuentes, Emilio Roig, algunas de Alberto Villalón, otras de José Marín Varona y Luis Casas Romero; también diversos géneros, como guajiras, claves, criollas, puntos cubanos, danzas, boleros, caprichos y habaneras, quedaron registrados de aquel modo, propio de aquella época inicial. 
   Estos discos son hoy fuentes documentales para conocer el estilo de acompañamiento instrumental e interpretación vocal de distintos géneros y modalidades musicales en aquellos días nacientes del registro sonoro. Antes, era el silencio.

Tomado de laInternet