jueves, 11 de octubre de 2012

El asalto a Yara: El primer combate por la independencia de Cuba


En el aniversario 143 del inicio de las Guerras de Independencia en Cuba

   El 11 de octubre de 1868, en el poblado de Yara, actual municipio Yara, provincia Granma, ocurrió el primer enfrentamiento armado entre cubanos y españoles, protagonizado por el General en Jefe del Ejército Libertador, Carlos Manuel de Céspedes.
   En este enfrentamiento muere el primer cubano por la independencia: Fernando Guardia y Céspedes y por la parte española cayó un soldado de apellido Aguilera. La víspera, Céspedes había dado el grito de independencia y después de liberar a sus esclavos, los convocó a iniciar una guerra contra el colonialismo español, hecho que dio a conocer a Cuba y al mundo que en esta isla se había iniciado una revolución independentista.
   Todo el resto del día 10 de octubre lo emplearon los patriotas preparando sus armas y equipos, no faltando las exploraciones de aquellos alrededores.
   Céspedes y Bartolomé Masó dieron los últimos toques, firmando primero el manifiesto donde sé hacia conocer al mundo la causa que impulsaba a los cubanos al levantarse en armas contra los españoles, proclamando la independencia de Cuba.
   En la madrugada del 10 al 11 partieron del ingenio “La Demajagua”, marchando al frente de ellos el 2do jefe de las fuerzas libertadoras, Bartolomé Masó, pasando por San Francisco, El Rosario y San Luis, y acampando en Palmas Altas, donde Céspedes dio la libertad a los esclavos que le acompañaban.
   A las cuatro de la tarde emprendieron de nuevo la marcha. A las cinco sonaron los primeros disparos en una escaramuza sin resultados haciendo alto en Caobita, a una legua de Yara.
   Desde allí envió Céspedes dos oficiales con la orden de entrevistar al capitán del partido de Yara para que se rindiera a discreción, este que solo contaba con cuatro salvaguardias para su defensa, quien respondió sometiéndose.
   Céspedes y Masó, con su ejército de ciento veinte hombres, de los cuales solo 36 iban armados, marcharon inmediatamente sobre el pueblo con la intención de pernoctar allí.
   Después de haber salido de Yara, los dos oficiales parlamentarios entró una columna de regimiento de la corona, al mando del comandante Villares, pedida a Bayamo por el gobernador de Manzanillo, y lo que iba a ser el triunfo de las armas cubanas se convirtió en su primer desastre.
   Los soldados, en número de cien infantes y veinticinco hombres de caballería, se atrincheraron sigilosamente en distintos lugares del pueblo, en los plazos que daban sobre la plaza.
   A las ocho de la noche, perfectamente distribuidos las fuerzas revolucionarias y por cuatro puntos distintos entraron los cubanos al pueblo de Yara. Nada anormal se notó, pero cuando estaban reuniéndose en la plaza y se dio el grito de ¡Viva Cuba libre!, el enemigo oculto y en acecho desde el interior de las casas respondió con ciento treinta bocas de fuego sobre los patriotas.
   Sorprendidos, retrocedieron en desorden y solo Céspedes, Masó, José. J. Garcés,  Ángel Maestre, Joaquín Tamayo y un pequeño número de valientes patriotas, sostuvieron el fuego, retirándose después sin ser perseguidos.
   Con Céspedes permanecieron en el lugar doce hombres y la bandera, en poder de Angel Maestre, cuando alguien exclamó “todo se ha perdido” y Céspedes contestó en el acto:
   “¡Aún quedamos doce hombres, basta para hacer la independencia de Cuba ! ”
Aquel ejército de doce hombres, atravesó a la luz de los relámpagos la inmensa sabana de Yara, acampando en Calabazan, poco distante de Jibacoa. Allí esperaron el amanecer y con este fueron llegando los dispersos por la emboscada, más decididos si cabe, como supervivientes del trágico principio.
   Luis Marcano llega al campamento al frente de 300 hombres medianamente armados. Con este oportuno refuerzo el general en jefe, Céspedes y el teniente general Masó, acuerdan contramarchar inmediatamente sobre Yara, y al llegar sin emisarios con la intensión de atacarlos, se encontraron con que los españoles habían evacuado al pueblo, y se habían marchado en dirección a Manzanillo.
  El día 12, en Calambrocio, en las cercanías de Yara, Bartolomé Masó renunció al cargo de segundo jefe de las fuerzas revolucionarias, aprovechando la oportunidad, de haberse incorporado el prestigioso oficial de la reserva del ejército dominicano, Luis Marcano, que unía sus conocimientos y prestigios militares.
   Masó sabía que con su determinación contrariaba a Céspedes, pero creyó mejor servir a Cuba teniendo al frente del ejército un militar de nombre como Luis Marcano y dando el primer ejemplo de “todo por Cuba”.
   Las fuerzas revolucionarias entraron y permanecieron en Yara los días 13 y 14, donde aprovecharon para reorganizar y nutrir con elementos comprometidos que no habían podido hacerlo el día 10 y los predispuestos a favor de la causa que no pertenecían a la dotación de los alzados.