martes, 10 de enero de 2012

José Martí y el fracaso de “La Fernandina”: "Yo no miro lo deshecho, sino lo que hay que hacer"


Desde los tempranos tiempos de la revolución libertaria, se conocieron los verdaderos intereses del naciente imperialismo norteamericano hacia Cuba, y una de las mejores muestras ocurrió hace 116 años, con el fracaso del Plan de La Fernandina, donde las autoridades norteamericanas, en contubernio con el gobierno colonial español en la Isla, trataron inútilmente de maniatar los esfuerzos del Partido Revolucionario Cubano, con José Martí a la cabeza, de ganar la independencia con el filo del machete redentor.
Después de una delación, las autoridades yanquis hacen fracasar el plan preparado y organizado por José Martí, que consistía en invadir a Cuba mediante tres expediciones simultáneas en los vapores Amadís, Lagonda y Baracoa con armas para 400 hombres.
Se señala al coronel López Queralta como delator del plan. El golpe no aplasta a Martí, que en carta enviada al patriota José Dolores Poyo le asegura: "No tema de mi, sé padecer y renovar. La cobardía, o más, de un hombre inepto, se nos clavó de arrancada en la hora grande. Renaceremos". Y al General Máximo Gómez asegura: "Yo no miro a lo deshecho, sino a lo que hay que hacer".

"La cobardía, y acaso la maldad, de López de Queralta –continúa diciendo Martí- entregó nuestro plan entero: nuestros tres barcos rápidos, salidos a la vez, para llegar casi al mismo tiempo, con armas para 400 hombres. Acaso se salvará el cargamento. Pero hemos salvado más: la disciplina y el respeto de la Isla, asombrada de nuestro esfuerzo (...)"
Con esas palabras, breves pero concisas, el Héroe Nacional cubano resumía el significado del fracaso del Plan de Fernandina, abortado por una indiscreción. El 10 de enero de 1895 fue delatado el objetivo de las embarcaciones que saldrían con destino a Cuba, y el Departamento de Hacienda en Estados Unidos determinó tomar medidas para apresar dichos embarques.
Considerable fue el celo y el secreto con que había trabajado el Apóstol para reunir los recursos que permitieran la adquisición de las armas para apoyar los alzamientos en la Isla. Esfuerzo admirable el propuesto por él para emprender nuevamente la lucha contra el yugo colonial español.
El empeño se había concretado con fondos del Partido Revolucionario Cubano. El armamento adquirido sería embarcado en los vapores Amadis, Lagonda y Baracoa, fletados por Martí desde algún tiempo antes y anclados en un puerto de la Florida. Desde ese lugar saldrían para recoger a los grupos de expedicionarios concertados en embarcar hacia Cuba.
El Lagonda tenía como misión dirigirse a Costa Rica y allí recoger a los generales Antonio Maceo y Flor Crombet, junto a un nutrido grupo de expedicionarios.
Por su parte, el Baracoa zarparía con José Martí y los generales José María Rodríguez y Enrique Collazo a bordo, para dirigirse a la costa sur de Santo Domingo, donde recogerían al general Máximo Gómez.
Finalmente, el Amadis aguardaría en un cayo cercano a la Florida por los hombres que dirigidos por los generales Carlos Roloff y Serafín Sánchez, serían los encargados de desembarcar por la provincia villareña.
La idea era que las naves arribaran a su destino lo más simultáneamente posible, para hacerlo coincidir con los alzamientos que pondrían al territorio cubano nuevamente en pie de lucha. Se priorizaría su arribo por las zonas de Las Villas, Camagüey y Oriente, y con posterioridad se trataría de extender la guerra a todo el territorio nacional.
La decisión de escoger este momento para el reinicio de la lucha respondía a la situación que se vivía dentro de la Antilla Mayor. Los viajeros procedentes de Cuba informaban la existencia de una quietud precursora de grandes sucesos.
Pero los hechos se desarrollaron de una manera diferente a lo planificado. La indiscreción de López de Queralta puso sobre aviso a las autoridades norteamericanas, las cuales de inmediato dictaron orden de detención de los buques, hecho concretado en los días subsiguientes al 10 de enero.
Tal hecho fue un eslabón más en la cadena de obstáculos generada por Estados Unidos, bajo el manto de su falsa neutralidad. Pero ese golpe a los planes revolucionarios no fue óbice para que la guerra nuevamente estallara en la ínsula, aun sin la presencia de los principales líderes, ni contar con los recursos suficientes que permitieran respaldar la contienda.
El 24 de febrero de 1895 los cubanos se lanzarían otra vez a combatir contra España, empeñados en lograr a toda costa la total independencia.

Fuente: Yolanda Díaz Martínez