lunes, 30 de enero de 2012

Estoy feliz de estar en Cuba: entrevista con el poeta Juan Carlos Zamora


Una entrevista de Jorge Luis Rodríguez González para La Jiribilla. Para quien ha vivido más de diez años lejos de su tierra, de sus mares, sus palmas, su infancia y sus recuerdos, siempre es un anhelo el rencuentro con sus raíces. Hoy ese deseo es una realidad para el poeta cubano Juan Carlos Zamora Delgado.
Luego de trece años de enfrentamiento a una realidad inhumana que le produjo hondos desgarramientos, imperecederas agonías y vitales enseñanzas, el poeta de Hoy regresan mis ventanas y Hay quien ya no podrá venir, rescata su mano y sensibilidad poéticas en esta tierra que le enseñó a escribir y a hacer del verso un canto a la Belleza.
Hoy las ventanas de Juan Carlos regresan y lo acogen en esta tierra que no olvida a sus hijos ni los desdeña por mucho que se hayan equivocado. Hoy el poeta sí puede venir....

¿Encontró Juan Carlos Zamora en Estados Unidos lo que esperaba cuando partió de Cuba en 1992?
Juan Carlos Zamora: Encontré un mundo totalmente distinto a las expectativas que me había creado. Los Estados Unidos es un país que exporta una imagen de sí mismo y no desde ahora, sino desde hace mucho tiempo. Martí, en su ensayo “A la raíz”, habla del error que hay en tomar a los países por lo que los países dicen de sí. Solo experimentar la imagen de la sala y no experimentar lo que hay detrás en la cocina.
Eso lo aprecié cuando llegué a los Estados Unidos. Me percaté de la vorágine de ese mundo fundado y centrado en el egoísmo como estímulo y motor central de todas las funciones de la vida. Un mundo donde la soledad del hombre, aunque esté acompañado por multitudes en calles como las de Nueva York, es atroz.

No me refiero a la soledad esencial que tiene todo hombre, porque hay una soledad irredimible en el corazón del hombre que es metafísica. Yo soy religioso y creo que esa es la dimensión religiosa del hombre. Me refiero a la soledad que es una secreción del funcionamiento egoísta de una sociedad. Eso es lo que experimenté.
Me sentí hundido en un pantano de egoísmo y en medio de una soledad espantosa. Simultáneamente experimentaba que todo lo que se decía desde allí sobre Cuba —aún siendo yo en esos momentos un oponente de la gestión política cubana—, era tan baladí, tan poco consistente, que no resistía el análisis más serio. Y me vi rodeado por una cantidad de "informaciones" que eran vergonzosas. Y eso me desconcertaba.

¿Propició el ambiente de Miami su creación literaria?
Juan Carlos Zamora: En toda mi estancia en los Estados Unidos solo escribí dos poemas.

¿Cómo explica estos pocos poemas?
Juan Carlos Zamora: Los Estados Unidos es un mundo en el que no hay tiempo para la poesía. Para abrir los ojos uno tiene que tener tiempo existencial. No me refiero al tiempo del reloj, aunque también este tiempo es muy apretado. Pero tampoco se tiene el "tempo" interior. Tus ojos están tan nublados de la diaria voracidad de la existencia, de las exigencias que te impone la vida allí para sobrevivir, que el poema prácticamente como realidad vivenciada y escrita se hace imposible.
Eso no quiere decir que en Estados Unidos un norteamericano no haya escrito un gran poema. Está Ezra Pound. Pero, ¿cómo terminó? Terminó yéndose de su país y desgraciadamente adoptó una posición política criticable al apoyar la gestión política de Mussollini en Italia. Pero ese apoyo de Ezra Pound a Mussollini se debe precisamente a su rechazo a la falta de espiritualidad del mundo norteamericano, de la anticultura que genera el funcionamiento normal del capitalismo norteamericano.
Ezra Pound sufrió tanto eso que llegó al extremo de apoyar al gobierno italiano de la época. Y cuando las tropas norteamericanas entraron en Italia lo trajeron en una jaula de perros montado en un portavión donde le tiraban guineo. La mayoría de los norteamericanos desconocen que tuvieron a un poeta como Ezra Pound.
Tampoco no quiere decir que ningún emigrado cubano haya escrito algún libro. Guillermo Rosales escribió una fabulosa noveleta sobre la experiencia pavorosa de la marginalidad y de las llamadas casas de cuidado de ancianos en los Estados Unidos, pero apenas escribió su obra se suicidó en un cuartucho de Miami en la soledad y el abandono más espantosos.

¿En qué momento de su estancia en los Estados Unidos se produce esa mirada diferente hacia la Isla?
Juan Carlos Zamora: Martí decía "soy honrado y tengo miedo". Y lo que yo experimenté está relacionado con eso. Yo he sido un hombre básicamente honrado, aún cuando me haya equivocado seria y gravemente en algunos momentos de mi vida. Yo empecé a sentir el temor de haberme equivocado. Desde que puse los pies en esa tierra y empecé a experimentar esa realidad, sentía unas señales que no quería reconocer a nivel racional, pero a nivel afectivo y espiritual ya yo sabía que había algo que estaba mal.
Pero uno monta mecanismos de autodefensa y se defiende de lo mismo que uno está experimentando. Y por cierto tiempo le ofrece resistencia a que esos datos entren en territorio de tu racionalidad, y que hagas conciencia de eso y te digas "mira te equivocaste. Pudiste quizás tener razón en alguna crítica que le hiciste a la gestión política cubana. Pudiste no haberte equivocado en algunos puntos, en algunas cosas ciertas, pero en lo esencial y verdadero sí estabas errado. No es lo mismo lo cierto que lo verdadero”.
En cuanto a mi origen ideológico sigo siendo católico, aunque no practico la iglesia romana, sino la iglesia ortodoxa rusa porque es el único modo en Miami de no oír gusanadas mientras se celebra una liturgia. Te enfrentas a un mundo totalmente negado a la espiritualidad del hombre, fundado en el egoísmo. Pero, ¿en qué se sustenta el Evangelio? En el amor al prójimo, y si un mundo funciona diariamente estimulando el egoísmo como motor del consumo, del trabajo y de todo el dinamismo de esa sociedad, entonces es un mundo estructuralmente anticristiano, un mundo que está contra el hombre como espiritualidad humana y religiosa. En todos los sentidos estaba equivocado.
Entonces, desde los primeros días comenzó ese proceso duro y doloroso en el que tuve que enfrentarme a mí mismo y reconocer que estaba equivocado. Al principio yo decía: "soy socialista pero sin Fidel". Es una manera de decir que es cierto y el "pero" es como una defensa que por lo menos me resta un poquito de verdad.
Fue un proceso largo que culminó y se hizo público, ya de una forma madura, con mi compromiso militante con todas las organizaciones que al parecer desde Miami defienden a Cuba, entre la que hay mucha gente valiosa, sobre todo la membresía, gente que va a la calle a protestar, que tiene coraje de perder su trabajo.
Muchos perdimos trabajos, amigos, relaciones familiares cuando nos declaramos partidarios claros y nítidos de la Revolución cubana. Y hemos sido acusados de agentes del gobierno cubano, algo que no es cierto pero si llegara a serlo me honraría, aunque creo que ya es muy tarde porque un agente en estas condiciones de declaración pública no sirve para nada.

En la recién culminada edición de la XIV Feria Internacional del Libro en La Habana, presenta por segunda vez en Cuba, su poemario Los oficios de Teseo. ¿Con qué piensas encontrarte en Miami a tu regreso?
Juan Carlos Zamora: A mi regreso a Miami —en el caso de que eso sucediera— sería objeto de una campaña por parte de la prensa, pero esto no comienza ahora. Ya desde el juicio de los Cinco muchachos, cuando yo estaba presente y estaban condenando delante de mis ojos a Tony, Fernando, René, Gerardo, y yo miraba los rostros de sus madres mientras condenaban a sus hijos, Ninoska Pérez, una periodista de Miami muy famosa del periodismo vociferante —que es la mayoría, porque en Miami hay escasas voces que intentan decir la verdad sobre Cuba —dijo: "mira al poeta, ahora es policía de la Seguridad cubana".
Yo no era policía ni lo soy. Sencillamente me sensibilizaba y me sensibilizo con lo que creo que es verdad, que me costó mucho trabajo afectivo. Lo difícil no es que yo ahora diga que soy revolucionario. Lo difícil es decírmelo a mí mismo, reconocerlo ante mí mismo. Porque ahí no hay testigos ni hay nadie que te consuele, estás solo ante la verdad.
En Miami un individuo que tenga una pizca de honradez, aunque no tenga una posición necesariamente comunista, pero que sea un amante de Cuba, de la belleza, de la solidaridad y haga un gesto de amor hacia su pueblo, se convierte en víctima de una prensa inmisericorde, dirigida por hombres y mujeres que se formaron en Cuba. La mayoría de los que escriben en la plana del Miami Herald son personas formadas en Cuba.
Algunos periodistas y camarógrafos incluso se me han acercado y me han dicho con pena: "Discúlpame chico, yo sé que tú tienes razón, pero este es mi trabajo. Esto ocurrió en el juicio de los cinco muchachos. Y entonces te encuentras con una agresividad contra la realidad de una Cuba independiente, contra una Cuba que recién celebró una Feria del libro, en la que la gente compraba libros, y se veía a las madres con sus hijos sentados en un contén o en el césped leyéndoles libros que recién habían comprado.
Esas realidades son las que ellos rechazan. Ellos no admiten que el pueblo cubano haya logrado una cuota de espiritualidad, de solidaridad, de unidad, más allá de los mecanismos de mercado a partir de los cuales ellos creen que deben funcionar.

Los oficios de Teseo está conformado, en su mayoría, por textos que integran dos poemarios escritos en Cuba: Hoy que regresan mis ventanas y Hay quien ya no podrá venir. ¿Qué criterios tuvo en cuenta para hacer esta selección?
Juan Carlos Zamora: Hoy que regresan mis ventanas y Hay quien ya no podrá venir son mis dos viejos cuadernos de poesía, básicamente escritos en Cuba. Yo no sabía cómo engarzarlos. No iba a publicarlos de modo separado porque el número de poemas es pequeño.
Entonces decidí publicar los dos cuadernos juntos en un libro, al que nombré Los oficios de Teseo, porque uno de sus poemas importantes se llama “Teseada”, que pretende ser una reinterpretación poética del mito de Teseo. Y la palabra oficio porque hay un pequeño ensayo o epílogo al final que se llama "Por qué el poeta en oficios de guerrero", en el que trato de explicar las razones por las cuales un poeta se compromete.

Entonces, ¿es comprometida su poesía?
Juan Carlos Zamora: Yo no creo que la poesía sea comprometida, yo creo en el compromiso del poeta, lo cual es distinto. No necesariamente un poeta para ser revolucionario tiene que hacer cantos explícitos a su ideología. No. Yo le canto a mi mujer, a los atardeceres, a la vida, pero ese mismo sentido de la belleza que me hace descubrir el sentido misterioso del mundo, es lo que me hace descubrir la fealdad del mundo, y dentro de esa fealdad está la injusticia y la mentira, en cualquier orden político y social.
Un poeta que se respete, que tenga el corazón de poeta, no puede resistir un mundo fundado sobre las tinieblas, la oscuridad  y el egoísmo. No puede resistir la mentira porque la mentira es una forma de la fealdad. Mis motivaciones para llegar a lo político no son políticas, sino que es la poesía, mi experiencia de la luz, la que impulsa a no resistir las tinieblas, y el luchar contra esas tinieblas me lleva al compromiso político. Mi poesía no es comprometida.
El compromiso es mío, es del poeta. Y no es que la poesía esté separada de mi compromiso. De la misma fuente donde nace el poema, nace mi compromiso político. Y la fuente es una sensibilidad humana que mira al mundo desde los ejes básicos en los que ha mirado siempre el mundo y la teología occidental: el Bien, la Verdad y la Belleza, los tres rasgos ontológicos con los que se trataba de definir a Dios.
No se puede separar el Bien de la Verdad, ni la Verdad de la Belleza. La Verdad es una forma del bien, y la Belleza una forma del bien. La separación, el corte, la abstracción que adquiera uno de estas dimensiones de las otras convierte en una mentira el arte, en salvajismo la política, y en una tontería el bien.

¿En alguna medida Juan Carlos Zamora se siente correspondido con este nuevo Teseo?
Juan Carlos Zamora: El Teseo de mi poema ya me queda un poco lejos en el tiempo. Creo que este libro cierra una etapa de mi vida, y anuncia y me prepara para un nuevo libro. Estoy obligado a escribir algo nuevo. Los oficios de Teseo resume todo mi transitar y mi escorzo existencial hasta el momento en que yo asumo una posición de compromiso con la Revolución cubana. Pero el nuevo Teseo está en construcción, es algo sobre lo que estoy trabajando. El nuevo Teseo, en mi dimensión interior de hoy yo no he logrado reflejarlo plenamente en la poesía.

¿Por qué?
Juan Carlos Zamora: Porque yo he abandonado el verso por mucho tiempo para comprometerme en el periodismo y en la lucha por la Revolución cubana, por la causa de los Cinco, contra el embargo y la hostilidad que ha vivido mi país cotidianamente durante casi cincuenta años.  Y no he escrito más el verso, pero mis artículos han brotado de la misma fuente de la que brota el verso, de la que brota mi impulso para incorporarme en una manifestación, de la que brota mi necesidad de besar a mi mujer y de tenerla siempre cerca. Es una sola fuente.

¿Qué posibilidades tiene un escritor como usted de publicar en Miami o el artista en general de hacer pública su obra?
Juan Carlos Zamora: ¿De publicar? Ninguna. Los artistas, ya sean plásticos, poetas, narradores, teatristas, cantores, en Miami no tienen prácticamente ninguna posibilidad de hacer pública sus creaciones. La mayoría de los honrados han terminado suicidándose, y los no honrados vendidos al sistema trabajando de periodistas y diciendo falsedades de su país.
En los años 80 en Cuba hubo un movimiento de la plástica contestataria, que pretendía reformar la realidad cubana a partir de propuestas estéticas sustentadas en el pensamiento de André Bretón, es decir, cambiar la vida desde el arte. Hicieron manifestaciones artísticas, exposiciones en las que incluso retaron la gestión cultural de los tiempos que corrían.
Tenemos, por ejemplo, las exposiciones en la Sala Talía y del Castillo de la Real Fuerza. Eran muy contestatarios aquí, no obstante hicieron sus exposiciones y vendieron sus cuadros. Apenas llegaron allá, ¿qué pasó con su carácter crítico de la sociedad? Realmente todo aquel carácter contestatario de los plásticos cubanos desapareció apenas llegaron allí y se convirtieron en unos disciplinados ante las exigencias de cualquier orden.
¿Por qué no continuaron en Miami haciendo sus propuestas de cambiar la vida desde el arte? Porque allí tenían que pagar sus casas, allí tenían que callarse ante el que les pagaba, allí sí negociaban sin ningún carácter contestatario con sus mecenas millonarios, a quienes les hacían declaraciones contra Cuba para que su obra fuera expuesta. No obstante, hay sus raras excepciones, como por ejemplo el pintor Jorge Pantoja que vive en Miami Beach muy solitario. Jorge Pantoja es sumamente honrado y ha conseguido algunas exposiciones, pero paga el precio de su dignidad con su soledad y sus pocas exposiciones.
En el plano de la literatura, un libro requiere un proceso costosísimo de edición e impresión. Para solventarlo el escritor necesita un dinero que para conseguir tiene que trabajar de tal manera que su vocación literaria quedaría postergada por tanto tiempo, que en el momento en que llega a publicar su libro, ya casi no se acuerda  que es escritor, porque ha cargado tantas cajas y maletas en el aeropuerto o trabajado en tantas fábricas... Por supuesto, no va a haber una Feria del libro y mucho menos con precios como la que se realizó en Cuba.
En Miami existe una Feria del libro, pero es un intento de contrarrestar las ferias de aquí y de montar un show cultural, un simulacro de cultura para darle cierto barniz y cierta dignidad a la ciudad. Pero las posibilidades de publicación, de edición y de exposición de un artista pierden todo carácter espontáneo. Es un proceso costosísimo y sometido además a condiciones políticas.
En Miami solo son renombrados los artistas cubanos que hayan hecho alguna declaración contra el gobierno cubano, que hayan adoptado actitudes deshonrosas contra su propia obra, contra su propio pueblo y contra la Revolución cubana. Alguien puede tener alguna desavenencia con el Estado cubano, pero puede ser una persona honrada que no se venda, pero eso es muy raro de hallar allá.
También hay muchos que se venden para alcanzar puestos profesorales y para que Miami les perdone el hecho de haber apoyado en algún momento a la Revolución cubana, y con el dinero que les permita ganar esa nueva posición pueden publicar sus libros o hacer sus exposiciones. Hacen declaraciones a la prensa y entrevistas a la radio que son bochornosas.
Sin embargo, aquí en Cuba he podido conversar con escritores y artistas y ninguno son beatos militantes del proceso cubano, son revolucionarios en su mayoría pero muy críticos en muchísimos aspectos de la realidad cubana, pero critican con una libertad extraordinaria y siguen publicando sus libros aquí, se sienten parte de esta realidad aunque tengan sus distancias y sus críticas.
Esa libertad cultural, esa diversidad de criterios políticos —no de partidos políticos porque ya eso es carnaval político—, esa diversidad de criterios culturales y estéticos es fascinante para mí, es una sensación de felicidad. Me siento hoy como se sentirían los rusos en los años 20 cuando el poeta soviético Maiakovski y todos los grandes escritores publicaban sus libros a raíz de la Revolución rusa. Me siento en una realidad rica, diversa, compleja, profundamente bella y humana. Estoy feliz de estar aquí y no pretendo regresar.

Es un poco contradictorio el hecho de que en Miami exista un índice tan alto de emigración cubana que ha trasladado sus costumbres y su forma de vivir en Cuba hacia la tierra norteamericana, y según testimonian, Miami es una Habana, sin embargo, al obstaculizar la expresión de sus artistas, se deja de promocionar una verdadera cultura cubana...
Juan Carlos Zamora: Indudablemente en Miami se conserva una cubanía culinaria ya que en cualquier restaurante de esa ciudad puedes comer arroz, frijoles, viandas y también te encuentras en la entrada de estas fondas una palmita y un sombrerito tradicional de guajiro o una evocación kitsch de la identidad cubana. Pero es una cubanía montada sobre bambalinas.
Creo que es un caso de neurosis cultural. Un amigo, que ya no es tan amigo mío, me decía que las naciones tienen dos maneras de identificarse.  Él decía que había una nación hembra y una macho. La hembra son mis frijoles, mis gustos, mis costumbres culinarias, mi vocación por la pelota. Esa es la nacionalidad pasiva, mientras que la viril es la de proyectos.
Este planteamiento es un poco machista. En Miami indudablemente hay elementos de esa nacionalidad culinaria y kitsch de una Cuba que nunca existió porque el emigrado siempre se fabrica un país que nunca existió. Eso está dicho desde Maquiavelo, quien les aconsejaba a los príncipes no escuchar a los emigrados porque ellos siempre deforman la imagen del país frente al cual quieren empujar al príncipe.
Entonces, este núcleo de emigrados, sobre todo ricos, fabricaron la imagen de una Cuba que nunca existió, que es la Cuba que se vende, y se venden anillos de tabaco, billetes de la República. Sí, esas cosas son componentes remotos de la cultura, pero no constituyen la cultura viva ni tradicional de Cuba porque el Martí que se vende en Miami está tan pasado por agua y por tantos tamices que es irreconocible. A eso contribuyó bastante la obra de Jorge Mañach, que más allá de su valor como estampa espiritual de Martí, vendió un Martí cuyo filo antimperialista está bastante mellado.

¿En qué medida ha impedido el bloqueo y la hostilidad de la política de los EE.UU. el intercambio cultural entre Cuba y los residentes en Miami?
Juan Carlos Zamora: En Miami existen académicos en algunas universidades que son bastante serios y hay muchos artistas norteamericanos que desean un intercambio más fluido y normal con la realidad cubana. Quien lo impide no es lo que en Miami llaman la censura totalitaria del gobierno cubano. No es el gobierno cubano.
El totalitarismo que impide una relación normal entre la cultura norteamericana, la realidad de Miami y la realidad cultural cubana, es la del bloqueo norteamericano en sus sucesivas etapas. El bloqueo es también, además del embargo, la Ley Torricelli y la Ley Helms-Burton que se le agregan, y por último estas últimas medidas de restricción de los viajes a Cuba que van contra la relación normal entre la emigración cubana y el pueblo de Cuba.
En Miami la mayoría no son militantes anticomunistas ni anticastristas, sino que constituyen básicamente una emigración de carácter económico, que alcanza sus pretextos políticos e ideológicos a través de la Ley de Ajuste Cubano, aplicada con el fin de debilitar la Revolución Cubana al darle el privilegio a todo cubano que pise la tierra norteamericana de tener el derecho de ser un residente al año un día de estar en los EE.UU.
Quienes necesitan una Ley de Ajuste son los dominicanos, que mueren miles cada año en el Canal de la Mona; los haitianos, los mexicanos. He conocido a muchos de ellos cuando yo trabajaba en las fábricas de Illinois, y he sentido pena por ellos porque cuando entraba lo que ellos llaman la migra, se esconden en pleno proceso productivo porque han estado trabajando indocumentados, y son personas que en su mayoría se han criado sin ver la leche.
Es vergonzoso que gente que sí necesitan los beneficios económicos del imperio no tengan una ley como la que se le ha impuesto privilegiadamente a los cubanos para desestabilizar y mantener en estado de indecisión ideológica al cubano en medio de las dificultades que atraviesa. Todo está ahí muy bien engarzado: por un lado yo te bloqueo, el bloqueo genera necesidades económicas, esas necesidades económicas generan tensiones espirituales y sociales, y después te pongo detrás una Ley de Ajuste Cubano. El comprender estas cosas a mí me costó mucho trabajo.

Entonces no piensa volver...
Juan Carlos Zamora: No. No pienso regresar. Y allí dejo a amigos entrañables. Dejo un gran amigo a quien le debo mi inquietud histórica de la realidad cubana, y dejo gente que llegué a querer muchísimo. Tampoco podemos satanizar la realidad de Miami como realidad física.
El Miami como enclave político de la contrarrevolución es el que se convierte en un infierno. Pero allí los atardeceres son hermosos, a pesar de la contrarrevolución, de la Fundación Cubano Americana. Y a pesar de todo también se puede manifestar la gracia de Dios.
Existe gente buena que sobreviven marginalmente y defienden la verdad aunque no han llegado a comprometerse de un modo tan explícito como yo. Miami es una realidad tan compleja, que a veces hasta la llamada izquierda entre la que me he movido es muy rara. Hay mucha gente que hacen cantos de sirena a Cuba y, como decía Roque Dalton en un poema, "siendo manicuri para después cortarle las manos a la Revolución. Y muchos defienden una posición de acercamiento y de diálogo con Cuba, pero con la finalidad de ir minando poco a poco la realidad cubana y destruirla.
Es un mundo donde la neurosis no solo es de la derecha, sino que penetra también a la llamada izquierda o a muchos que asumen temporalmente posiciones de izquierda para ganar en Cuba ciertos espacios de publicidad, contando con la posibilidad de que si se destruye la Revolución cubana, ya ellos serían figuras conocidas y tendrían una cuota de acceso al poder político.

De quedarse en Cuba, ¿a qué se dedicaría: a la poesía o al periodismo?
Juan Carlos Zamora: Mi idea inicial es volver a las raíces remotas de mi familia por parte de madre que es campesina. Mi idea es cultivar la tierra, fabricar mi casa, dedicarme a labores rudas. De todas formas en todos los lugares he tenido que realizar labores rudas para sobrevivir. Cuando uno viene como descuerado por el tiempo, lo que quiere es regresar a la tierra, a la piedra, al árbol que siembra, a la semilla. Y de tarde en tarde escribir un poema.
De domingo en domingo estar incorporado a las tareas de la defensa de mi país. Estar presente donde se me necesite. Gozar las maravillas de este proyecto y sufrir el precio cotidiano que supone la soberanía cubana. Y ese precio son los problemas que nos impone el embargo con el transporte y todas las escaseces que tenemos. Padecer también esas cosas junto a la gente. Hace poco un amigo y yo íbamos a comprar algo y yo andaba con dólares, y cuando voy a pagar me dice: "no, si tú vas a vivir aquí tienes que comenzar".
Desde ese día he ido aprendiendo a hacer las cosas que hace la gente e irme saliendo del marco del turismo ideológico de la izquierda miamense que viene con dólares, que habla en tono de izquierda, pero con los bolsillos llenos de dólares, con ninguna sinceridad en el corazón y con ninguna buena voluntad real hacia su país. Yo ya no tengo nada que perder. Mis cadenas quedaron atrás. Estoy en mi país, que es grandioso.
El otro día estuve en la Comandancia del Che y vi fotos que me evocaron a papá. Vi el fusil M-1, el teléfono que utilizó para llamar desde allí a sus padres que vivían en Argentina y a quienes no veía hace años. He experimentado muchas cosas sagradas, desde históricas hasta lo que he visto diariamente. Por ejemplo, en la recién terminada Feria del Libro, gran cantidad de personas se movían desde los más disímiles lugares hacia la Cabaña.
Y allí los niños compraban libros y papalotes, los mayores y jóvenes se iban con jabas llenas de libros, y las parejas se besaban en las esquinas. Eso es bello, eso es tener país. Me siento tan feliz que no sé cómo explicar el conjunto de emociones que experimento. Como aquello de "las penas que a mí me matan", las alegrías que a mí me matan son tantas que se agolpan unas a otras y...  Apenas llevo pocos días aquí y he sido objeto de tantos actos de cariño, de solidaridad y comprensión.
En la mañana me he despertado con terror y pesadillas, pensando que iba a despertar en otro lugar, en el lugar de donde vine. Y cuando abrí los ojos me dije: "no, estoy aquí". Y toqué a mi esposa, vi mis libros y sentí los ruidos usuales de mi infancia en la ventana: "Fulanita, llegó algo a la bodega", cosas así, y me volvió la paz al cuerpo.

Tomado del sitio digital La Jiribilla