miércoles, 18 de enero de 2012

La ausencia involuntaria que provocó mi corazón majadero


Hace tres días que estoy ausente de estos divinos rincones cibernéticos. Y es que cuando uno se acostumbra a compartir y discutir ideas en las redes sociales, las extraña en el primer minuto de la ausencia.
Mi corazón, majadero impenitente y testarudo, me corrió una mala pasada y su bombeo exagerado me lanzó de cabeza contra una cama de hospital. Mi presión arterial registró las alturas a más de 240 (sistólica) y 130 (diastólica), con una andanada de pulsaciones a razón de 169 por minuto. Nada, que el susto me dejó con el corazón en la boca.
Podrán imaginar los nerviosismos, la ambulancia, los paramédicos dosificando aspirinas y nitroglicerina, colocando sueros en vena… las luces de torre y la sirena de la ambulancia. Y yo dentro, encamillado, con una máscara de oxigeno evitando que se escucharan mis imprecaciones y lamentos.
Pero no eran de dolor físico. Ni siquiera de miedo ante un inminente ataque cardíaco. Me molestaba que no estaría disponible para actualizar este blog que se me ha convertido en un ejercicio diario de opinión, y de contacto fructífero con amigos de todos los confines.
Ya más recuperado, me doy yo mismo la bienvenida y espero que ustedes me reciban nuevamente, después de una ausencia involuntaria que no me perdono.