miércoles, 25 de enero de 2012

De intolerantes y amenazas: el precio de la vida por Cuba


La reciente publicación en diferentes medios de comunicación cubanos e internacionales, así como en sitios digitales del artículo Nos traicionaron: dice Reina Luisa Tamayo, que ya no llena titulares en la prensa de Miami , una reseña de las declaraciones de la madre del extinto recluso Orlando Zapata Tamayo, en un programa de la televisión local de Miami, acusando de abandono a quienes promovieron su exilio en Estados Unidos, ha desatado una larga lista de amenazas contra este redactor.
La intolerancia que abunda y pulula entre algunos personajes del extremismo anticubano en las calles de Miami –y hasta en las invernales esquinas de New York- ya comenzó a repicar en el único lenguaje que conocen: las amenazas que pueden ir desde insultos hasta tenebrosos anuncios de violencia.
El artículo de marras no excede los límites de las declaraciones hechas por la propia señora Tamayo y en muchos de sus párrafos, se citan casi textualmente sus declaraciones cargadas de nostalgia, dolor y resentimiento contra grupos y personas que manipularon su estancia en Miami.
De la misma manera que compartí con mis lectores los argumentos de Reina Luisa, quien a pesar de lamentarse y reconocer que había sido traicionada, no dejó de atacar virulentamente a la Revolución cubana, dejo saber que una ola de amenazas, incluso contra la vida, buscan romper mi tranquilidad y mi derecho a expresarme.
Nada dudo de quienes se prestan para este trabajo sucio. Hay un largo historial de víctimas fatales por el solo hecho de pensar diferente a esa facción extremista que pretende seguir imponiendo su pensamiento contra Cuba y su pueblo.

El fanatismo intolerante de los exiliados recalcitrantes de Miami provocó el asesinato de Luciano Nieves Mestre, el 21 de febrero de 1975; del joven emigrado cubano Carlos Muñiz Varela, el 28 de abril de 1979, en las calles de San Juan, Puerto Rico, y del activista Eulalio José Negrín Santos, en 1979, que cayó abatido a tiros ante los ojos de su hijo de 12 años, en las calles de New Jersey, todos, por tratar de conseguir un acercamiento con la Patria que los vio nacer.
Otros periodistas cubanos, en Miami o en Cuba, también son objeto de amenazas contra su vida y su integridad física, solo por tener un pensamiento diferente a quienes suponen que la Revolución cubana y los millones de seguidores que dentro de la isla la respaldan y sostienen, tienen que desaparecer.
Estar lejos de la Patria, y sostener un rincón de lealtad a su pueblo, es un acto sacrílego para los que solo saben hablar con el lenguaje de las pistolas y las bombas. Pero aquí estamos, sin claudicar ni rendirnos. Estas líneas no constituyen un lamento plañidero ni demuestran un ápice de miedo, pero solo advierten ante cualquier eventualidad, pues los pistoleros de antaño gozan de buena salud y deambulan libremente por las calles de esta ciudad.
En este minuto recuerdo al Héroe Nacional cubano José Martí cuando decía que “la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”. Si se consuma alguna de las crueldades que gritan, solo pido un rincón de tierra cubana donde el sol brille de frente. Ese sol de dignidad que nadie podrá mover del firmamento y que nos ilumina a creer que alguna vez seremos mejores seres humanos.

Miguel Fernández, periodista cubano residente en Miami