sábado, 21 de enero de 2012

En el aniversario 142 de los sucesos del teatro Villanueva


Por Yinett Polanco. El teatro está repleto, la función anunciada por los Bufos Habaneros, Perro huevero, aunque le quemen el hocico ha atraído gran cantidad de público. Es la noche del 22 de enero de 1869. En la representación del día anterior, el actor Jacinto Valdés había dado un «viva» caluroso a un Carlos Manuel de Céspedes alzado en armas hacía pocos meses contra la metrópoli española; por eso, esa noche, las mujeres se adornaron con cintas de colores del emblema nacional, y el teatro Villanueva se había cubierto de banderas.
Ya ha empezado la función, el público está dividido entre los criollos cubanos y los voluntarios españoles. En una parte del sainete, un actor que hacía el papel de borracho grita « ¡que viva la tierra que produce la caña!»; y desde la tertulia le responden: «¡que viva Cuba libre!». 
Los voluntarios, que había acudido a la función convenientemente preparados, cargaron contra los asistentes. Sables y pistolas salieron a relucir por ambas partes mientras el público salía despavorido de la sala. Afuera, los voluntarios apostados cerca del teatro dispararon con saña al edificio de madera y luego a los que intentaban huir.
La masacre brutal es vista por Martí quien se encontraba cerca del lugar, su sensibilidad de poeta le dicta estos versos: 
                      
El enemigo brutal / nos pone fuego a la casa / el sable la calle arrasa / a la luna tropical. Pocos salieron ilesos / del sable del español: la calle, al salir el sol, era un reguero de sesos. Pasa entre balas un coche: / Entran, llorando, a una muerta: Llama una mano a la puerta / En lo negro de la noche.
No hay bala que no taladre / el portón: y la mujer / que llama, me ha dado el ser: / me viene a buscar mi madre. A la boca de la muerte, /los valientes habaneros / se quitaron los sobreros / ante la matrona fuerte. Y después que nos besamos / como dos locos, me dijo: / «¡Vamos pronto, vamos, hijo: la niña está sola, vamos!». 

NUESTRO TEATRO HOY
Los sucesos del teatro Villanueva, como se le conoce a estos sangrientos hechos, son el preludio de una agitación nacional que cundía poco a poco la Isla. Pero son incluso más que eso, estos acontecimientos manifiestan los inicios de un  arte comprometido con la causa independentista, de un arte diferente, polémico pero revolucionario, que vendría a alcanzar su expresión más alta después del primero de enero de 1959.
«El teatro vive de la historia, y nosotros tenemos una tal, y de tan absoluta y viril grandeza, que nuestro teatro nos puede salir bello (…) si no expresamos nuestra alma libre en las formas que han tomado de afuera los que nos la agobian.»
A partir de esta fecha, aunque con altas y bajas, el teatro cubano ha luchado por entregarle a su público un arte inteligente y ligado al pueblo, no de manera populista, sino expresando sus preocupaciones más raigales con una estética novedosa y un lenguaje renovador.
En enero de 1980, se realiza en Cuba la primera edición del Festival Internacional de Teatro de La Habana, la fecha escogida pretende homenajear aquellos tristes sucesos en el Villanueva y a la vez identificarse con ellos, pues representaba una controvertida ruptura que iniciaba un diálogo diferente con la realidad teatral que entonces vivía el país.
De entonces acá ha llovido mucho, el Teatro cubano ha cambiado incesantemente, se han cometido errores que se ha tardado en subsanar, pero también se han tenido logros importantes. El trabajo ha sido arduo, pues delante del escenario los actores tienen ahora un público conocedor y exigente. Un público para el que vale la pena trabajar, pues cuando reclama por una renovación en los códigos o una revisión en la calidad en los espectáculos, sabe premiar a los mejores teatristas con el más prolongado aplauso.

Tomado del sitio digital La Jiribilla.cu