miércoles, 11 de enero de 2012

Mitt Romney: “la esperanza blanca” de la ultraderecha anticubana de Miami


Mitt Romney, en mangas de camisa, junto a Ileana Ros-Lethinen
y los hermanos Mario y Lincoln Díaz-Balart
Mitt Romney, el ex-gobernador del estado de Massachusetts, y actual precandidato del Partido Republicano que encabeza las encuestas para convertirse en el virtual contrincante del presidente norteamericano Barack Obama, en las elecciones de noviembre próximo, se ha convertido en la esperanza del ala más retrógrada del exilio cubano de Miami, para por fin, destruir a la Revolución en la Isla.
Romney, que afirmó recientemente que arremeterá contra la "alianza maligna del socialismo de Cuba y Venezuela", ha hecho del tema cubano, uno de sus argumentos de campaña, tratando de conseguir el apoyo del voto cubanoamericano del sur de La Florida, que constituye una mayoría considerable dentro del 72 % de votantes latinos con que cuenta el Partido Republicano.
Vistiendo una flamante guayabera blanca, recientemente Romney visitó Miami, acompañado de los congresistas cubanoamericanos Ileana Ros-Lethinen y Mario Díaz-Balart, y del excongresista Lincoln Díaz-Balart, quienes han ofrecido todo su respaldo a la candidatura presidencial del político mormón.
Retomando la vieja retórica de Ronald Reagan, Romney propone –usual en todos los discursos de candidatura- que el Imperio norteamericano resurja de sus cenizas y se coloque nuevamente a la cabeza del mundo en su papel de gendarme.

En un discurso alucinante, Romney declaró también que Dios había creado a Estados Unidos para que dirigiera al mundo, y acusó al mandatario demócrata Barack Obama de haber debilitado voluntariamente al país.
"¿Es que el socialismo maligno de la Venezuela de Hugo Chávez, en estrecha alianza con el socialismo maligno de la Cuba de los Castro, van a socavar las perspectivas de la democracia en una región sedienta de libertad y de estabilidad y de prosperidad?", se preguntó el ex gobernador de Massachussetts en el Citadel's Mark Clark Hall de Charleston, Carolina del Sur.
Para la extrema derecha de la comunidad cubana, Mitt Romney aparece en el espectro político norteamericano, como un nuevo William McKinley, listo para enviar a Cuba barcos y aviones de guerra que al fin, exterminen todo vestigio de la Revolución Cubana. En él, los más recalcitrantes exponentes de la comunidad cubana en el sur de La Florida, ven la posibilidad de regresar a nuevas medidas de estrangulamiento económico, y a un recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero que Estados Unidos impone a Cuba por más de medio siglo.
“Con Romney si se arreglará el problema de Cuba”, decía una anciana oyente, a través de las líneas abiertas de Radio Mambí. “Romney es el único que puede sacar de la Casa Blanca a Barack Obama, que es un traidor a la causa de los cubanos”, repetía en su virulenta verborrea una microfonera que se arrepiente todos los días de haber nacido en la Mayor de las Antillas.
Poca atención se presta entre los cubanos votantes en Miami, a las propuestas económicas que trae Romney, ni les interesa su racismo visceral hacia los inmigrantes indocumentados, ni siquiera cuáles son propuestas para tratar de sacar de la crisis al gigante norteño. Solo quieren oír sus amenazas a Cuba y con eso, marcharán como corderos obedientes a las urnas.
Mitt Romney se ha convertido en la “esperanza blanca” de los enemigos de la Revolución. Y aunque no acostumbro a hacer comparaciones, me vino a la memoria aquel memorable 5 de septiembre de 1972, durante los Juegos Olímpicos de Múnich, cuando un jovencito boxeador cubano nombrado Teófilo Stevenson, apabulló a golpes al “gran” Duane Bobick, la supuesta “esperanza blanca” que derrotaría al cubano.
Quizás, tengamos la oportunidad de ver como se añade a la larga lista de fracasos de los “intransigentes históricos” del exilio de Miami, una nueva derrota en sus pesadillas contra el pueblo de Cuba.