martes, 10 de enero de 2012

Contundente respuesta del antiterrorista cubano René González al Washington Post


El pasado 31 de diciembre, el Washington Post publicó un editorial exigiendo el regreso a Estados Unidos de Alan Gross, un contratista del gobierno norteamericano condenado a15 años de prisión por introducir ilegalmente en territorio cubano, equipos de telecomunicaciones destinados a grupos contrarrevolucionarios que pretenden subvertir el orden dentro de la Isla.
En el editorial, el Washington Post afirma hipócritamente, que Cuba ve como "moneda de cambio potencial" al señor Gross, para lograr la liberación de los Cinco Cubanos, a los que califica como “un grupo de agentes de inteligencia cubanos” condenados a penas severas en los Estados Unidos.
René González Sehwerert, el único de los Cinco patriotas cubanos que ha sido liberado de la cárcel después de cumplir una injusta condena de 15 años, pero que aún se encuentra obligado a servir una libertad condicional en los Estados Unidos, envió una respuesta contundente al editor del Washington Post.
René está animando a otros a leer el editorial del Post y escribir sus propias cartas al editor para desafiar las imprecisiones en este tendencioso material y para impulsar en los medios de comunicación estadounidenses, las verdaderas razones de la justa causa de los Cinco Héroes cubanos.

Carta de René a los editores del Washington Post (traducida al español de su original en inglés)

Estimados afectos:
Aquí les va mi traducción al español, que ya varios me han pedido. Que cará, si ya escribí el original en inglés qué más da. 
Yo (René González)
 Estimado editor:
Su editorial en relación con el caso de Alan Gross -y de pasada con el de los Cinco Cubanos- está tan cargado de imprecisiones que sólo puede explicarse -al menos en parte- por la increíble decisión por la prensa norteamericana de no publicar nada acerca del juicio de "espionaje" más largo de la historia del país, que resultara en tan duras sentencias que sugerirían un peligro para los Estados Unidos del que todo el mundo en el planeta debió haber sido alertado. No lo sobrecargaré con todas esas imprecisiones y me referiré sólo a un puñado de ellas.

Es cierto que es ilegal para Cuba conectarse a la Internet. Después de todo, al país entero se le prohibe por el gobierno de los EUA conectarse al cable submarino que corre paralelo a la costa cubana, justo al norte de la isla. Es un reto a la credibilidad que el Washington Post no sea capaz de hallar la verdad acerca de un asunto factual tan simple. Que el mismo gobierno que prohibe a la isla entera conectarse a la red entonces diseñe una operación clandestina para decidir qué cubanos tendrán el privilegio de circunnavegar las mismas prohibiciones que él impone a toda la ciudadanía de la isla puede muy malamente ser considerado de carácter humanitario.
Que la comunidad judía de Cuba tenga algo que ver con esa operación ha sido una de las mentiras más repetidas de los últimos dos años. El cinismo de haber jugado a la carta judía en este caso cae sobre alguien más que no es algún funcionario oficial cubano, y ha sido la base de la mayor desinformación en este asunto. Seguramente sería también fácil para el Washington Post encontrar la verdad con sólo hacer contacto con las personas a quienes el editorial cita como visitantes de Mr Gross en la prisión: Los líderes judíos de Cuba, cuya comunidad disfruta de todos los beneficios cuando se trata de comunicarse que un país bajo tantas limitaciones en ese sentido les puede ofrecer.
Mucho antes del arresto del Señor Gross el Grupo de Detenciones Arbitrarias de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Amnistía Internacional, más de cien miembros del parlamento Británico, diez premios Nobel, el Senado Mexicano en pleno, 56 miembros del Parlamento Canadiense y miles de personalidades, organizaciones civiles y políticas alrededor del mundo reclamaron el fin del tratamiento vengativo y arbitrario a los Cinco. Le hubiera tomado a cualquier organización noticiosa, incluido el Washington Post, solamente leer la decision del Panel de Apelaciones del 11no Circuito -Agosto 5, 2005-, donde las actividades terroristas contra Cuba que nosotros monitoreábamos son enumeradas, para explicarse porqué tantas personas nos apoyan.
Eso también explica mi incapacidad para ofrecerles mi dirección postal o mi número de teléfono. Después de todo, durante mi sentencia, los fiscales pidieron a la jueza -quien lo otorgó- "que al defendido debería prohibirsele asociarse con terroristas o visitar lugares en que se sabe que terroristas, personas que promueven la violencia o figuras del crimen organizado frecuentan". Ellos olvidaron, no obstante, ofrecerme a mí la misma protección contra los terroristas, quienes gozan de toda la libertad para venir tras de mí con sólo conocer mi ubicación.
Algunas veces las malas acciones traen consecuencias no previstas, y esto aplica a este caso. Cada uno de aquellos que decidieron derramar en nosotros Cinco su odio hacia el gobierno cubano, ha puesto ahora a ese gobierno en una posición en la que le sería imposible ejercer la generosidad que -para tomar sólo un ejemplo- fue ejercida hacia los invasores de Bahía de Cochinos. Yo no tengo nada personal contra el Señor Gross y le deseo el bien, pero no es sabio -tal y como sugiere su editorial- creer que el reciclaje de la misma arrogancia y mentiras le harán algún favor. No tiene sentido maltratar a alguien y al mismo tiempo demandar que sea generoso. Esa lógica debería terminar, cuanto antes lo mejor para nuestros dos pueblos.
Yo le sugiero respetuosamente que todavía hay tiempo para el Post de tomar este asunto seriamente. Abran un debate real sober todos estos asuntos y no sigan desandando el mismo camino trillado que no conduce a ninguna parte.
Dice la Biblia que "la verdad os hará libre". Esto pudiera ser aplicable hoy al Señor Gross.

Respetuosamente.

René González Sehwerert

Tomado del sitio digital Cuba Cinco