lunes, 9 de enero de 2012

A Eliecer le quedó chiquito el título de ingeniero… y quiere ser líder


A Eliecer Ávila no le resultó suficiente querer estar frente a la escuelita de La Higuera, en el altiplano boliviano, el lugar donde cayó combatiendo el comandante Ernesto Ché Guevara. Aquella curiosidad que le motivó expresar ante el presidente del Parlamento cubano hace algunos años, dejó de ser importante.
Estar ante la lápida de un muerto, para él, ya es irrelevante, porque no tengo dudas que este guajirito, hijo de pobres labriegos –según él mismo contó en aquel encuentro- y que ahora cuelga en alguna pared de su casa un diploma de ingeniero graduado de la Universidad de Ciencias Informáticas de Cuba, no puede apreciar en toda su monumentalidad, qué significa estar en el último lugar donde respiró vida el Guerrillero Heroico.
Ahora sus intereses van más lejos y tienen precio. Sueña con ser líder de un movimiento de masas, se imagina al frente de multitudes derrocando gobiernos, filosofa y desbarra.
El puesto de trabajo que le ofrecieron en su terruño natal le pareció inmerecido para un recién graduado, en una pequeña isla tercermundista y sitiada que se da el lujo de llevar hasta las aulas universitarias a los hijos de los campesinos más pobres. Esperaba quizás, una gerencia o la dirección de una empresa. Solo Dios y él sabrán que pasó por la mente de este jovenzuelo con ínfulas, que sacudió las casacas para venderle el alma al diablo –y a los enemigos de su pueblo- que es la misma cosa, porque suponía que merecía mucho más de lo que puede labrarse con las manos.

Ahora, Eliecer sigue buscando el camino de las lentejuelas y las luces. Escribe ¿artículos? y hace ¿análisis? sobre la situación en Cuba. Incluso, describe cómo serían reprimidas por la policía cubana, las supuestas manifestaciones que pudieran producirse en la Isla, al estilo de los desórdenes ocurridos en el mundo árabe.
Habla de unidades militares secretas, de entrenamientos apresurados, de fuerzas anti-motines y por supuesto, no deja de mencionar que tiene “fuentes creíbles” que lo mantienen al tanto de todos estos “acontecimientos”. Con suerte, consigue insertar sus “textos” en los ávidos espacios de la contrarrevolución de Miami, que no hacen distingos, si hablar mal de Cuba se trata.
En su trasnochada parafernalia, de lo que no habla Eliecer es de los supuestos manifestantes, de las multitudes que lo seguirán, de los huelguistas, y de sus presuntos correligionarios en su fantasiosa y meteórica carrera de “líder”. No argumenta donde están los acólitos que le acompañarán en su nueva cruzada, que esta vez no será a la primera tumba del Ché, sino al pedestal de los traidores.
En cada una de las líneas de su “artículo”, este joven, nueva adquisición de la distrófica y asalariada disidencia cubana, va narrando las imágenes que a diario se ve en los noticiarios cuando se comentan los enfrentamientos contra los Occupy Wall Sreet en muchas ciudades norteamericanas, o contra los “indignados” en España, o frente a las manifestaciones en Grecia. Y eso, evidentemente, es lo que su calenturienta cabeza de contrarrevolucionario “full time” espera para su propio pueblo.
Eliecer sueña, y lo hace en grande. Se imagina ocupando los grandes espacios mediáticos reservados a Yoani Sánchez, se ve recibiendo premios por doquier y se esperanza en que Elizardo Sánchez Santacruz (El Camaján), pida audiencia para ser recibido en Puerto Padre. Ya este chiquillo enseña sus garras y sus intenciones de escalar, aunque sea sobre la espalda doblada de los que llevan más tiempo cobrando las monedas de plata del Imperio.
Si no lo invitaron al último desayuno de trabajo en la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, es porque los gringos no están actualizados. Él sabe que alguna vez lo logrará, pero se apresura, porque también sabe que la carrera de los mercenarios, es tan corta como la vida de los infectos mosquitos de la ciénaga.