martes, 3 de enero de 2012

Yoani Sánchez no tiene quien la acompañe en las calles de La Habana


La bloguera Yoani Sánchez, una de las más útiles herramientas de laboratorio en la industria de la contrarrevolución cubana, manifestó a la agencia de prensa francesa AFP su escepticismo acerca de una probable revuelta popular contra el gobierno de La Habana, echando por tierra las esperanzas de algunos que, desde las bardas del “exilio histórico” de Miami, se reagrupaban en trasnochados gobiernos provisionales y juntas para tomar el poder en la Isla.
En su afán por convertirse en la “líder espiritual” de un supuesto movimiento de masas, la bloguera, financiada y sostenida por grupos asociados a los grandes medios de prensa europeos y norteamericanos, reconoció que el pueblo cubano no la sigue en sus campañas contrarrevolucionarias y diversionistas.
A la pregunta de “¿Cuándo va a llegar un movimiento así a Cuba?, refiriéndose a las últimas asonadas en Egipto, Yemén, Siria y Libia, la “pensadora” fue parca al afirmar: “Me parece que todavía no. Aunque nos podrían dar la sorpresa y empezar mañana. Hay mucho miedo, la sociedad civil está muy fragmentada”.

Por supuesto que Yoani, cuando habla de “sociedad fragmentada”, se refiere a sus acompañantes en los desayunos que se organizan en la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, quienes no logran consenso en cuánto deben ganar por sus servicios, y a quien precisamente ella, les puja el protagonismo por el que se han estado arrancando la piel durante años.
Decepcionada porque no fueron anunciadas las esperadas reformas migratorias en la última sesión del Parlamento cubano,  Yoani, dijo a AFP, que esperaba que "los cubanos algún día dejen de escapar (de la isla) y empiecen a resistir desde adentro", después de colocar hace solo unos días en Twitter, un texto donde anunciaba que “tenía las maletas preparadas para cuando se anunciaran las reformas”, contradictorio comentario que fue duramente criticado por los microfoneros más radicales del exilio miamense.
Yoani acaba de descubrir que no tiene quien la acompañe en su cruzada contrarrevolucionaria, y reconoce, sin necesidad de decirlo expresamente, que las calles isleñas están tomadas por millones de cubanos que ni creen en ella, ni le venden su alma al diablo, a pesar de los errores.