lunes, 9 de enero de 2012

Memorias del terrorismo contra Cuba: Cuando se asesina a mansalva para conseguir el “sueño americano”


Mártires de la masacre de Tarará en 1992. El cadáver de uno de ellos,
amarrado de pies y manos y después ametrallado.
Estos tiempos imponen no olvidar, y más cuando en esa memoria histórica está la sangre de los hijos de la Patria, a manos de desalmados que, en su afán por conseguir el “sueño americano” de dólares y prebendas, han sido capaces de asesinar a mansalva. Veinte años después, la alevosa masacre de jóvenes cubanos en la playa de Tarará, todavía retumba en las entrañas de la Isla que no dobla la rodilla ante el Imperio.
De estos crímenes no hablan los nostálgicos “exiliados históricos” de Miami, ni los trasnochados “desterrados” que no quieren trabajar en Madrid, ni los “sufridos” disidentes dentro de la isla que  pierden demasiado tiempo esperando el cheque que llega por Western Union.
De esta bárbara acción contrarrevolucionaria no hablan los encopetados ministros de la Unión Europea, ni la repudian en la Casa Blanca. Pero ahí están los hechos.
En la noche del 9 de enero de 1992, el soldado Orosmán Dueñas Valero, de Tropas Guardafronteras; el sargento de tercera Yuri Gómez Reinoso, de la Policía Nacional Revolucionaria; y el custodio Rafael Guevara Borges, se encontraban de guardia en el Campamento de Pioneros José Martí, en Tarará, al oeste de la capital.

Ese día, hace 20 años, un grupo de delincuentes contrarrevolucionarios penetró en la Base Náutica de ese centro infantil con el objetivo de sustraer una embarcación para emigrar ilegalmente hacia la Florida, en busca de la protección que les ofrece la asesina e hipócrita Ley de Ajuste Cubano aprobada por el Gobierno de Estados Unidos.
El propósito de robarse una embarcación y llegar a Estados Unidos no estaría exento de cualquier riesgo, ni siquiera de los más criminales. Los apátridas sorprendieron a Orosmán, Yuri, y Rafael, los tres jóvenes combatientes del Ministerio del Interior, a quienes desarmaron y maniataron, dejándolos en el piso.
Al ver frustrado el intento de arrancar la nave y la posibilidad de salir del país, regresaron y ametrallaron alevosa y vilmente a los tres jóvenes que yacían en el suelo indefensos. Otro agente de la PNR que al oír los tiros fue hacia el lugar, el sargento de primera Rolando Pérez Quintosa, fue herido gravemente en desigual combate y un mes después, tras dura lucha por salvar su vida, fallecía también.
La rápida actuación de las fuerzas del MININT, del Sistema Único de Vigilancia y Protección, y la acción del pueblo, pusieron en menos de 48 horas a los autores del atroz crimen en manos de los tribunales.
"Fue horrible ver a esos jóvenes vilmente masacrados. Mi hijo era el menor de todos, un muchacho que pasaba en Tropas Guardafronteras su Servicio Militar y sentía orgullo de ser miembro del Ministerio del Interior. Nunca lo olvidaremos, ni lo que le hicieron. Los que cometieron ese atroz crimen estaban motivados por la asesina Ley de Ajuste Cubano”, dijo con mucho dolor Pablo Dueñas Venegas, el padre del soldado Orosmán,de solo 20 años al ser asesinado.
"Siempre tuve fe en la justicia de la Revolución, pues estaba seguro de que los culpables serían detenidos, juzgados y sancionados severamente por esa vil acción. Y así fue. En nuestro país sí se castiga de verdad a los terroristas y asesinos, mientras que en Estados Unidos tales elementos como Orlando Bosch y Posada Carriles viven a su antojo sin ser juzgados ni condenados por sus crímenes", expresó Pablo Dueñas.
Veinte años después, todavía se mantiene fresca en la memoria de Pablo aquella mañana del 10 de enero en la que la Plaza de la Revolución se llenó de pueblo, para rendir tributo a Orosmán, Yuri y Rafael, cuyos restos eran velados en el edificio del Ministerio del Interior y donde sus familiares, amigos y compañeros lloraban de rabia y de dolor por aquel atroz crimen, cometido por los que sueñan con destruir a la Revolución, bajo la protección del manto Imperial.