domingo, 13 de abril de 2014

A 53 años del criminal incendio en la tienda El Encanto, la mano de la CIA presente en Cuba



por Diana M. Lorenzo Santos 

   Mientras Eisenhower tomaba su café hirviente y miraba hacia el sur de la ventana presidencial, ardía La Habana. Ardía La Habana con su Encanto. 
   Era 13 de abril de 1961. Hacía ya casi un mes que había firmado, bajo la presión de la Cámara, la orden que autorizaba a la CIA a organizar un proyecto subversivo para derrocar a “los Castros y su pandilla de comunistas”.
    Mientras Eisenhower tomaba su café hirviente, y miraba hacia el sur de la ventana presidencial, le ardían también las manos a Carlos González Vidal. Aquel hombre tenía dos caras: empleado eficiente de la mayor tienda de Cuba.
   Siete pisos, 65 departamentos de venta, casi mil empleados y una bien ganada fama dentro de los clientes por sus artículos exclusivos: El Encanto. Volviendo a Carlos. Su otro yo, ya no se mostraba tan solapado, como unos meses antes cuando sostenía criterios anexionistas con su pariente Reynold González, jefe de la Estación CIA de Miami.
   Ahora denotaba agresividad contra la Revolución Cubana. No se limitaba en sus críticas, censuras y comentarios adversos a las medidas populares que el gobierno adoptaba en detrimento de latifundistas y transnacionales estadounidenses. El cartel de “CERRADO” se volcó en el cristal de la puerta.

   Ya era tarde. La tienda había concluido sus finanzas. Así que Carlos despachó su última venta en el departamento de discos, en el segundo piso, y fue hasta el de sastrería, específicamente a la sección de telas. Manos medio temblorosas le hubiesen delatado.
   Era la tarde del 13 de abril de 1961. Diestra y siniestra ocupadas con dos petacas incendiarias preparadas con explosivo plástico C-4. Las hizo deslizar entre dos rollos de tela. Repitió la acción en dos estanterías y… Huida. A unas cuadras del establecimiento subió a un auto y se marchó. Transcurrió apenas una hora. Eran las siete de la noche. Comenzó el incendio. El fuego se extendió rápidamente por los conductos del aire acondicionado propagándose por todo el inmueble. Apenas una hora más tarde: ocho de la noche y ocurrió el fatal desplome de las enormes paredes.
   Grandes lenguas de fuego se elevaron desafiantes a muchos metros. Calor abrasador. Bomberos, milicianos, empleados de la tienda, gente de pueblo, lucharon para que las llamas no se extendieran a locales aledaños. Vecinos insistían en afirmar haber escuchado más de una explosión antes del derrumbe del edificio.
   Pero Fe no quiso abandonarlo todo. Al empezar el siniestro "Lula", como le conocían sus allegados, se encontraba de guardia miliciana en el edificio y hasta pudo ayudar en los intentos de extinción. Pero sabía ya que era inútil. Dedicó entonces sus esfuerzos a apartar las mercancías para evitar mayores pérdidas. Retornó fatal: al cuarto piso.
   A Fe del Valle, no se volvió a ver. González Vidal manejaba a todo motor. Había accedido a realizar la acción, con la condición de que lo sacaran de inmediato del país. Su destino de escape era Playa Baracoa, localidad costera a unos 30 kilómetros al oeste de La Habana, por donde trataría de abandonar ilegalmente el territorio cubano. Pero no lo previó la justicia.
   Fueron visualizadas desde el mar señales lumínicas que salían de una de las casas del litoral baracoense. Sospechoso. Orden inmediata de requisar la hilera de residencias de dónde se originabas las luces fue a respuesta.
   Fue entonces cuando le vio el miliciano, y le detuvo. González Vidal ocultó su culpa, como los pávidos. Su alegato aseguraba que se hallaba allí de visita en casa de una tía. Finalmente confesó. No puede sostener la cobardía actitud de honor. No hay estoicismo en lo mercenario. Con el acto terrorista la tienda quedó destruida totalmente.
   Resultaron lesionadas además 18 personas, entre ellas Mirta Navarrete, de 43 años, Hilda Ruiz, de 34, y Josefina Seijoó e Isabel Tapia, de 20. Las pérdidas materiales se valoraron en 20 millones de dólares. La principal tienda por departamentos de La Habana, jamás fue reconstruida, en la manzana donde se encontraba "El Encanto" ahora se levanta el "parque Fe del Valle", bautizado con el nombre de la mujer que pereció heroicamente tratando de salvar los bienes del pueblo.
   Fue aquel 13 de abril de 1961, mientras Eisenhower tomaba su café hirviente y miraba hacia el sur de la ventana presidencial, que ardía la vida de Fe, la conciencia de Carlos, y un capítulo de terror en el libro de Cuba.


Tomado del sitio digital Perlavisión 
http://www.perlavision.icrt.cu/index.php/historia2/81-historia/11997-el-incendio-en-el-encanto-la-mano-de-la-cia-presente-en-cuba