sábado, 11 de enero de 2014

Celia Sánchez Manduley: la Flor más autóctona de la Revolución cubana

Celia Sánchez Manduley
En el aniversario 34 de su muerte

   No es posible hablar de la Revolución cubana, sin mencionar el nombre de Celia Sánchez Manduley, quien se destacó en el movimiento clandestino de las provincias orientales, y cuando tomó el camino de las montañas se convirtió en un miembro efectivo del Ejército Rebelde.
   Desde entonces y hasta  su muerte en 1980, fue la insuperable auxiliar del Comandante en Jefe Fidel Castro.
   El 11 de enero es un día de esos que no pasan inadvertidos, es un día triste para el pueblo de Cuba por cumplirse 34 años del fallecimiento de La Heroína de la Sierra y el Llano. La noticia parecía increíble. El día se tornaba gris. Las emisoras de radio y televisión difundían tristeza, había fallecido a las 11:50 de la mañana de aquel viernes.
   Celia fue aquella mujer  siempre dispuesta a ayudar a resolver cualquier situación. No hubo problema humano por solucionar en los que ella rehusara intervenir y que no lo hiciera con modestia, decisión y también con ferviente pasión revolucionaria.
   Nacida el 9 de mayo de 1920, fue fundadora y dirigente del Movimiento 26 de Julio, primera mujer guerrillera en Sierra Maestra y alta dirigente del Estado revolucionario cubano fue fiel a su principio hasta el último día de su vida.

   Con su infinita capacidad de crear recuerdos imperecederos, junto a su padre vindicó al Héroe Nacional cubano José Martí, en el año de su centenario (1953), colocando en la cresta del pico Turquino el busto del Apóstol, que desde allí oteaba el horizonte como reclamando la conclusión de su obra.
   Celia no sabía que ese mismo año, en Santiago, un centenar de jóvenes iniciarían el intento
Celia junto al Comandante en Jefe Fidel Castro
de reivindicarlo, inmolándose en el cuartel Moncada. Tampoco imaginó que volvería a aquella cúspide acompañando al líder de los moncadistas, vestida de verde olivo, como primera guerrillera con un fusil colgado en su tierno hombro de mujer.
   Con el humanismo que heredó de su padre y la sensibilidad de la madre, organizó con los nombres de Norma, Aly, Carmen, Liliana o Caridad, la base de apoyo del incipiente movimiento guerrillero, creciendo ella misma con el vigor incontenible de esa fuerza y convirtiéndose en la sencilla e insustituible Celia, con cuyo nombre la ha eternizado nuestro pueblo. No en balde, Armando Hart afirmó en su oración fúnebre que “será imposible escribir la historia de Fidel Castro sin reflejar a la vez la vida de Celia.”
Celia junto al comandante Ernesto Ché Guevara
   Después de la victoria de enero de 1959 prosiguió, con idéntica sencillez y sensibilidad, alejada de publicidad y ostentaciones, su trabajo de apoyo a toda la obra generada por Fidel.
   Tuvo tiempo para recopilar una detallada documentación de la lucha revolucionaria, que sentó cátedra y promovió seguidores y que ha enriquecido la historia de la Revolución Cubana.
   “La tía”, como muchos la llamaban cariñosamente, con su flor predilecta, la mariposa, adornando a veces su cabello o entre los dedos, como mujer delicada y tierna que era, estaba atenta y alerta a todo.

Con información tomada de los sitios digitales Cubadebate y del periódico Adelante