martes, 28 de enero de 2014

Testimonio de una emigrada cubana en EE.UU.: Fidel Castro y los jóvenes

Por Yadira Escobar*

   Fidel Castro es más amado que odiado hasta el día de hoy numéricamente hablando. Aquí en Miami viven la mayoría de sus odiadores, pero han ido envejeciendo. Pertenecen a la generación de Fidel Castro, y algunos fueron muy afectados por las profundas transformaciones de la sociedad cubana.
   La juventud emigrada anda por otros caminos, y como es lógico mira hacia adelante, dejando detrás todo ese odio y rencor del otro bando. Los pocos jóvenes que en Miami tienen fe en el capitalismo, tampoco admiran a la vieja derecha que habla sin parar de “la dorada Habana” de casinos y diversión, y algunos aseguran que fue esa generación la que puso a Fidel en el poder.
   ¿Qué joven de izquierda no admira románticamente a los que se enfrentan a poderosas fuerzas? Por ese camino andan los jóvenes que en la isla todavía admiran a Fidel Castro. Ellos han visto como Fidel ha envejecido, pero nunca ha perdido frente a sus enemigos, e inevitablemente se inspiran en él.
   También hay jóvenes cubanos en la isla muy ansiosos por vivir en la sociedad del consumo más potente del planeta, atraídos con mayor fuerza por la increíble distancia de solo 90 millas.
   Esos jóvenes aunque traten de alcanzar las costas de la Florida en pequeñas balsas, o viajen de país en país con el propósito final de acogerse a la ley de ajuste cubano, tampoco son odiadores de Fidel, porque no son parte de las clases sociales afectadas materialmente por la revolución popular.

   Ellos llegan a Miami como inmigrantes económicos, y en cuanto pueden vuelven a Cuba llenos de regalos para sus amigos y parientes, no involucrándose en el antiguo conflicto entre Fidel y la ultraderecha.
   Si Fidel Castro hubiese sido derrotado por las acciones de la CIA en los 60, o por un golpe de estado traidor en los 90 tras la caída del muro de Berlín, o incluso por una rebelión popular en medio de las miserias del periodo especial, Cuba hoy sería un país sin democracia, pobre y lleno de injusticias sociales.   
   Geográficamente sería un país envejecido tal y como es hoy y el voto de las personas de la tercera edad no sería a favor del neoliberalismo salvaje. A las personas maduras no se les puede venir con el cuento del “salvase quien pueda”.
   Fuera más bien un país con un fuerte voto de izquierda, y como a la derecha no le gustaría la gracia de que el pueblo eligiera un modelo socialista por la vía electoral burguesa, con seguridad que tendríamos en Cuba a un nuevo Batista imponiendo las reglas del mercado para beneficio del capital internacional, y no del cubano de a pie.
   Si sumamos a eso, la eliminación de la ley de ajuste cubano, porque ya no seria necesaria para engañar el espíritu nacional, tendríamos un escenario bastante alejado del que imaginan los tontos que piensan que los jamones vienen en paracaídas lanzados por el US Army.
   Si en esa Cuba imaginada por la reacción, la derecha se hubiera atrevido a establecer la democracia representativa, habría entonces elecciones, pero nunca democracia, porque los partidos del dinero mal habido dominarían las instituciones.
   Cuba es un país del tercer mundo, y eso es muy duro de aceptar por algunos cubanos que miran tanto hacia el norte que confunden las cosas elementales. Si uno se va al Brasil, o a Colombia, o a Centro América y se pone a caminar millas y millas por los barrios de cualquier ciudad latinoamericana, puede observar siempre el mismo panorama; muchachos jóvenes sin camisa, en chancletas (mete-dedos) sentados en las esquinas en un  permanente desempleo y rodeados de viviendas humildes, despintadas y llenas de cordeles con ropa que se seca al sol.
   Ese es el mundo real en toda Latinoamérica y viven en medio de un capitalismo que Miami le pinta a Cuba como fórmula hacia la opulencia. En esos barrios inmensos de Latinoamérica no anda la subversión con dinero del USAID regalando juguetes baratos, ni encendiendo mechas de rebelión.
   Más  bien anda el narcotráfico buscando jóvenes que reclutar para la guerra bárbara contra la sociedad civil. Los jóvenes cubanos saben estas cosas, y eso explica porque no se suman al entusiasmo de la extrema derecha contra Fidel Castro.
   Fidel Castro dijo un día: La historia me absolverá. Como Fidel ya no es jefe del estado cubano, y la revolución no fue derrotada en sus inicios,  llegó a institucionalizarse. Es totalmente improbable que de manera natural el país desmantele su propio estado.
   Las reformas del nuevo gobierno tienen como objeto modernizar y hacer sustentable el socialismo, y Fidel Castro al margen de estos cambios tampoco se ha opuesto a ellos, de manera que los cambios se producen en un ambiente de estabilidad que probablemente conduzcan hacia una Cuba mejor.
   Entonces, con seguridad Fidel quedara en la historia de Cuba como un líder que guió una revolución en medio de numerosas crisis, errores y batallas propias de la guerra fría, y que se retiró del poder a principios del siglo XXI.
   Los jóvenes de hoy serán los ancianos del futuro, y no me imagino que tengan el mismo discurso de los actuales ancianos de la derecha en Miami.

NOTA: Este es el primer post (creo) que hago sobre Fidel Castro. Les pido calma a los lectores que se encuentren en este punto algo crispados pues esto es solo un análisis sobre la figura del ex-presidente. No hay porque subirse la presión por leer su nombre.

*Yadira Escobar – joven cubanoamericana residente en Miami, nacida en la provincia de Camagüey, Cuba, en 1988, y que emigró junto a su familia a Estados Unidos con solo seis años de edad, autora del blog de Yadira