martes, 28 de enero de 2014

José Martí y El Salvador: en el aniversario 161 de su natalicio

    José Martí es uno de esos pocos hombres que no pueden encerrarse en los límites geográficos de un país, ni siquiera de un continente, porque con su obra y pensamiento trascendió en la historia como el más universal de todos los cubanos.
   El espíritu martiano está presente en cada minuto de Latinoamérica, como un referente permanente y obligado cuando se habla de crecimiento humano.
   Fue el hombre capaz de pensar y ejecutar en la acción, con la fuerza de su palabra.
   Vivió para luchar por la independencia y esta fue, de hecho, la única y gran razón de su vida, dejando como mejor tradición de su pensamiento, la unidad de Nuestra América, del Rio Bravo a la Patagonia, como lo definió desde muy temprano.
   El Salvador no escapó a la presencia espiritual del Héroe Nacional cubano, dejando su impronta en varios escenarios de la historia de este país centroamericano.
   Martí fue amigo personal del ilustre migueleño Juan José Cañas, que escribió la letra del himno nacional de El Salvador, y que, al decir del cubano, con su poesía exaltó la libertad, el progreso, la gloria y el heroísmo, así como el respeto al derecho de las naciones, por lo que lo calificó como “veterano de la lira y de la espada”
   Reconocido como uno de los más importantes intelectuales latinoamericanos de la época, la Academia de Ciencias y Bellas Letras de El Salvador lo nombró miembro correspondiente por su descollante obra como poeta, ensayista y encendido orador.
   Los niños salvadoreños conocieron de Martí La Edad de Oro, una de las más trascendentales obras literarias infantiles escritas en el siglo XIX, gracias a las gestiones del poeta, periodista y pedagogo sonsonateco, Carlos Arturo Imendia, quien se convirtió en El Salvador en agente de ventas de esta monumental obra salida de la pluma del revolucionario cubano.

   Artículos escritos por Martí aparecieron publicados en estas tierras, en  la revista pedagógica mensual La Nueva Enseñanza, bajo la dirección de Don Francisco Gamboa, donde quedó la impronta pedagógica del eterno maestro.
   Se cuenta por ahí, según testimonios de Jorge Arias Gómez, biógrafo de Farabundo Martí, que la partida bautismal del destacado líder comunista salvadoreño, expedida mucho después de su nacimiento en 1893, debió recoger el verdadero apellido de su padre que era Mártir.
    Según las investigaciones de Arias Gómez, el padre de Farabundo, Don Pedro, y la madre, Doña Socorro, eran grandes admiradores del gran patriota cubano, y decidieron modificar el apellido y asumir orgullosamente el de Martí. ¡Bonita y orgullosa manera de hermanar héroes y pueblos!
   Alberto Masferrer, un salvadoreño polígrafo y martiano fervoroso halló en el patriota cubano inspiración para sus ideas, humanistas y latinoamericanas, asumiendo en 1928 para su periódico el nombre de Patria, título que Martí había utilizado para dar a conocer su periódico que arengaba por la guerra necesaria.
   Muchos son los puntos de contacto entre el Héroe Nacional cubano y este pequeño país centroamericano, dejando huellas preciosas, algunas olvidadas y otras inéditas, de la relación entre Cuba y El Salvador.

   Ese espíritu que prendió en lo mejor de la intelectualidad  y los jóvenes revolucionarios salvadoreños, que vieron en Martí un espejo de virtudes y patriotismo, se sigue sintiendo hoy, cuando cobran vigencia sus sueños de una América Latina unida, soberana e independiente.