miércoles, 11 de septiembre de 2013

Mi cinta amarilla por Gerardo, Antonio, Ramón, Fernando y René



   Hoy Cuba amanecerá vestida de amarillo, y aun cuando es 12 de septiembre y coincida con la celebración de la Santísima Caridad del Cobre, la Cachita mambisa que siempre protegió a todos los cubanos valientes con su manto ambarino, llevaremos cintas y listones amarillos para exigir que nuestros hermanos Gerardo, Ramón, Antonio y Fernando regresen a casa.
   Ellos están injustamente presos. Su único delito fue alertar a Washington de los terroristas que se esconden tras las vidrieras sofocantes de odio en Miami y que no cejan en su empeño de hundir en sangre la tierra que alguna vez lo vio nacer.
   Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Fernando González, y Antonio Guerrero, llevan más de 15 años de cruel encierro. René González ya está en tierra segura, después de padecer 13 largos años separado de Olguita y de sus hijas.
   Pero ni siquiera eso impide que sigamos alzando la voz por Los Cinco, un nombre que ya es ícono de la dignidad de estos cinco hombres que no se dejaron comprar ni chantajear por los verdugos de su pueblo.
   Por ellos llevaremos hoy cintas amarillas. Donde quiera que haya un cubano digno, allí estará el grito de libertad que irremediablemente retumbará en los cuatro costados de la Casa Blanca.
   Hace muchos años en Estados Unidos, y después que terminó la infausta guerra en Viet Nam, quedaron cientos de soldados estadounidenses presos o desaparecidos en la península indochina.
   Los norteamericanos no los olvidaron, y colgaron cintas amarillas en los árboles, en las casas y en las ropas. Igual hicieron cuando la crisis de los rehenes en Irán, según contó hace poco el abogado cubanoamericano José Pertierra.
   Ahora nos toca a nosotros enviar el mensaje al pueblo de Estados Unidos, y llenaremos de cintas amarillas cada ceiba, cada palma, cada puerta, cada rincón de la Patria, para que el mundo sepa que Cuba espera con amor a sus cuatro hijos injustamente encarcelados por luchar contra el terrorismo.
   Ya yo tengo lista mi cinta amarilla y la luciré orgulloso en mi pecho, aun estando lejos de la Patria. Seguro también, que tú llevarás la tuya.