lunes, 30 de septiembre de 2013

La libertad de expresión y los Judas escondidos en las redes



   Hace unos días, en un sitio de intercambio de ideas en internet entre algunos blogueros cubanos, se discutió hasta la saciedad acerca de ese controvertido y ambiguo concepto que muchos enarbolan pero que casi nadie logra explicar y que responde a la etiqueta de “libertad de expresión”.
   La discusión, por momentos agria, llegó al punto de reclamar la instauración de códigos de ética y cuántas normas protejan la identidad de los “opinadores”, cuando en realidad lo que se discutía era acerca de la inclusión en una nueva revista que aborda el fenómeno de los internautas isleños, de un trabajo de investigación generado en una de las facultades de la Universidad de La Habana, que categoriza de “intelectual” a un connotado contrarrevolucionario, con larga de data de mentiras, ofensas y agresiones morales a su propio pueblo.

   Para mantener respeto a la privacidad y al derecho de discusión secreta, no pienso revelar el nombre del sitio, ni la identidad de los que debatían, cada uno atrincherado en lo que supone “ideológicamente correcto”, porque lo importante no es mencionar espacios o patronímicos, si no lo presumiblemente peligroso en las causas que generó el debate.
   Me leí casi toda la discusión, vi opiniones a favor y en contra del tema, posiciones revolucionarias, algunas ingenuas, y otras, -las más escandalizantes- con un corte que si no era contrarrevolucionario, Beijing amanecerá bajo el puente  Golden Gate.
   Aun cuando alguien inició el tema reclamando respeto a la privacidad del sitio y los ponentes, algunos de los más recalcitrantes que opinaron en esa discusión no tienen tapujos para hacerlo libremente en las redes sociales. Hasta en mis sitios han entrado reclamando “derechos”, no ya los adversarios de ideas, sino para quienes han hecho de la calumnia contra Cuba una manera lucrativa de vivir.
   Me alarma ver a esta suerte de nuevos defensores de “lo cubano”, muchas veces visto desde la otra orilla, y que poco tiene que ver con la auténticamente nuestro. Soy defensor sin discusión a todo proceso inclusivo. Las viejas fórmulas excluyentes, que quizás tuvieron justificadas razones en algún momento, hoy son obsoletas e inoperantes.
   Defiendo que cubanos somos todos, los de aquí y los de allá, pero cuidado con los tecnócratas, “investigadores” y académicos que ahora pretenden hacernos ver que la realidad y esencia de nuestra nacionalidad es patrimonio de los que nos abandonaron, aplaudieron que invadieran la isla y sueñan cada día por echar por tierra los indiscutibles logros sociales que la Revolución ha repartido entre todos los cubanos.
   Reconozco que vivimos en una sociedad imperfecta, cargada de errores, con muchos asuntos que solucionar…. entre los cubanos de adentro. El proyecto socialista que defendemos no estará nunca en discusión, para complacer a los que alguna vez abandonaron el barco ante el miedo a la zozobra.
   Cada vez que oigo, leo o veo algunas opiniones de blogueros que solo ven los errores de la Revolución y el socialismo cubano, sin proponer desde la visión hermanadora, recuerdo inmediatamente aquel 17 de noviembre de 2005, cuando el líder histórico de la Revolución, Fidel Castro, en un discurso pronunciado por el aniversario 60 de su ingreso a la Universidad La Habana, afirmó que el pueblo cubano “puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra”.
   Siempre que oigo, leo o veo algunas opiniones de estos nuevos hipercríticos, revestidos de intelectuales, académicos, investigadores o de cualquier otro linaje nada cercano al obrero de mandarria y sudor, que a veces como tontos útiles le hacen el trabajo a los verdaderos enemigos de la Revolución, recuerdo la clara advertencia de Fidel.
   La polémica surgida después que un digno fotógrafo cubano y revolucionario exigió explicaciones por darle protagonismo, espacio y reconocimiento a un enemigo de la Revolución en un sitio que presumiblemente representa lo mejor de la blogosfera cubana, también es una alerta de hasta dónde podemos bajar las armas ante los que anteponen las victorias del Real Madrid o el Barcelona a los equipos locales, y no entienden por qué no pueden comprarse un BMW o un Audi a pesar de vivir en una isla tercemundista, pobre y asesiada, a las realidades más inmediatas de la sociedad cubana.
   Los Judas Iscariote pululan en las redes de la isla, revestidos de humildes ovejas, esperando a ver quién será el primero en ofrecer las 30 monedas de la traición.
   Los blogueros, aun cuando no sean profesionales de la prensa, tienen en sus manos un arma de comunicación que los convierte de hecho en comunicadores por excepción, por lo que termino citando una frase de Julio García Luis, ese excepcional periodista al que muchos le agradecemos su sacerdocio pedagógico, cuando afirmaba que “el periodismo no es un circo para exhibirse, ni un tribunal para juzgar, ni un solar, ni un puesto para ineptos o vacilantes, sino un instrumento de información, una herramienta para pensar, para crear, para ayudar al ser humano en su eterno combate por una vida más digna y menos injusta”.