domingo, 3 de agosto de 2014

Museo del Exilio cubano en Miami: Un rincón para los perdedores



por Miguel Fernández Martínez

   Hace varios días está apareciendo en la prensa miamense la noticia del proyecto de construcción de un museo “histórico” del exilio cubano en esa ciudad, entiéndase la emigración que huyó despavorida ante la justicia revolucionaria después de 1959- y que será levantado frente a la Bahía de Biscayne, detrás del actual American Airlines Arena, a un costo de 130 millones de dólares.
   Por supuesto que esta operación, más que conservar alguna memoria histórica, será una jugada económica entre la alcaldía del condado Miami-Dade, quien  negociará con la organización Cuban Exile History Museum, Inc. la renta del terreno y la construcción del
proyecto de museo junto a la Bahía de Biscayne
recinto en la llamada parcela B, en consulta con la compañía operadora del American Airlines Arena, Basketball Properties Ltd., y con The Heat Group.
   El ansia de los “perdedores” es tal, que olvidando más de 150 años de constante emigración desde Cuba hacia esa zona del sur de Estados Unidos, los defensores de la idea del museo resaltarán el poco más de medio siglo de historia de los “exiliados anticastristas” cubanos en la Florida, e incluirían también los “aportes” de la diáspora cubana en otros países.
   O sea, que será un museo dedicado a los anticastristas y contrarrevolucionarios, como ellos mismos disfrutan llamarse, y para eso, invertirán una cuantiosa fortuna, que saldrá, según dicen, del bolsillo privado.
   Leyendo al amigo cubano residente en Miami, Salvador Capote, en su muro de la red social de Facebook, llamaba la atención acerca de lo que verdaderamente tendría valor “museable” en este nuevo engendro de la gusanera de Miami.
   Para Capote, construir este “museo”, sería edificar el mayor reconocimiento al fracaso, a la contundente derrota frente a la Revolución Cubana durante 55 años de enfrentamiento ideológico y sobre todo, desde las prácticas más atroces del terrorismo aupado y financiado por el gobierno de Estados Unidos.
   Gastar 130 millones de dólares y levantar un edificio para conservar las memorias del fracaso y la derrota, está –según dice Capote-, dentro de la mejor tradición cubano-miamense, pues la ciudad de Miami es la única en el mundo que edificó un monumento a la derrota (en las arenas de Playa Girón) y los derrotados celebran cada año con un desfile su vergonzosocanje por compotas para niños.
torturador Esteban Ventura Novo, asilado en Miami
   Capote supone que en este  museo a la ignominia, para que éste completo, debe exhibir en sus salas, por ejemplo, los instrumentos que utilizaba el coronel Esteban Ventura Novo para torturar a los revolucionarios presos durante la dictadura de Batista.
   Sería bueno que las nuevas generaciones de cubanoamericanos vieran con qué instrumentos de tortura sus abuelos sacaban uñas y ojos, conocieran las picanas eléctricas y los “bicho´buey” con que destrozaban a golpes los huesos de los revolucionarios encarcelados en las mazmorras de la policía batistiana.
   Sugiere además que en este museo debe exhibirse una réplica de la bomba que utilizó el sanguinario terrorista Luis Posada Carriles para hacer estallar en el aire el avión de Cubana de Aviacióncon 73 pasajeros a bordo, o una maqueta de las lanchas piratas empleadas por Tony Cuesta y sus Comandos L, o Alpha 66, para secuestrar y asesinar a humildes pescadores cubanos.
   Debía exhibirse –si la encuentran-, la bala que el general Fulgencio Batista aseguraba que tenía en el directo cuando huyó desvergonzadamente de Cuba, o el fondo del jarro al cual el general FranciscoTabernilla le daba candela.
   Deben mostrarse las cepas de virus letales que introdujo en Cuba Eduardo Arocena y su banda de asesinos de Omega 7, la bazzoka que empleó el asesino Orlando Bosch para dispararle a un buque polaco solo por haber anclado en Cuba unos días antes, los cohetes que quería comprar el payaso del comandante Frómeta y sus comandos F-4.
   Exhibirán sin  dudas, las más de 600 formas inútiles que emplearon para tratar de
instrumentos de tortura usados por la policía batistiana
asesinar al comandante Fidel Castro, las charreteras ensangrentadas del comandante batistiano Paco Pérez, el padre de Ninoska Pérez Castellón, o las guayaberas salpicadas de sangre de Lutgardo Martín Pérez, el padre de Macho Pérez, marido de la microfonera.
   No dudo que exhiban la ametralladora calibre 50 con que ametrallaron el poblado de Boca de Samá y dejaron varios niños muertos, las muestras de laboratorio con los virus para exterminar el ganado cubano, las fotos del pedófilo de Luis
destruyendo discos con la aplanadora de Vigilia Mambisa
Conte Agüero manoseando a una niña, y las pruebas de narcotráfico de los hijos de los “paladines” Hubert Matos y Armando Pérez Roura.
   No podrá faltar, por supuesto, la aplanadora que emplea Vigilia Mambisa y la marioneta de Miguel Saavedra con su pandilla de viejos jubilados que se dedican a aplastar discos de los artistas que no comulgan con sus ideas.
   Estará el avión que intentaba transmitir infructuosamente a Cuba la TV-Martí que nunca se vió, las auditorias de las estafas y corrupciones en Radio Martí, todo el dinero robado a nombre de los mercenarios que desde dentro tratan de hacer el trabajo sucio de la contrarrevolución, las nóminas de las Damas de Blanco.

Reacciones dentro del mismo "exilio"
   Gloria Leal, una escritora cubanoamericana radicada en Miami que nada tiene que ver con la Revolución cubana, publicó recientemente un artículo en El Nuevo Herald, de Miami, donde da sus valoraciones de este “museo” a la memoria de los fracasos y derrotas del “exilio histórico” cubano.
   Lo que “no supimos defender como hombres” con balas y bombas para destruir a los
tiranos, lo “lloraremos como mujeres” construyendo un magnífico edificio de tres pisos donde guardaremos ¿qué? ¿Las cucharitas de plata que trajimos de Cuba, o los boletos que pagamos para una cena de gala con orquesta para bailar, y con lo que sobrara de la recaudación comprar una antena para oír Radio Martí clandestinamente en la isla?”, dice Gloria Leal.
   Ahora aparece un grupo de exitosos hombres de negocios que pretende recaudar nada menos que una purruchada de millones de dólares para construir un museo de memorabilia del exilio, mejor dicho, ¿de los fracasos?, ¿de las derrotas?, ¿humillaciones y pérdida del terruño (amén de las vidas), diáspora, ahogados, balsas de neumáticos? ¿O de cuentas bancarias que dan fe de la buena vida en yates y mansiones de un exilio que se ha enriquecido y enorgullecido de sus triunfos económicos a costa de medio siglo de espera en tierra extraña?”, subraya la escritora emigrada.
   ¿En qué cabeza cabe crear un monumento a la indignidad? ¿Cómo vamos a engreírnos de una larga cadena de trágicas humillaciones? ¿Cómo vamos a desenmascararnos ante el mundo mostrando nuestro fracaso? ¡Hacer alarde de nuestra inhabilidad para defender con garras, dientes y uñas lo nuestro, y encumbrar nuestra cobardía, creando un museo para guardar y celebrar lo que no supimos defender ni conquistar!”, sentencia molesta Gloria Leal.

Galería de perdedores  
   Seguramente que ninguna de las herramientas del fracaso empleadas durante 55 años en el intento por destruir a la Revolución cubana y hundir al pueblo cubano faltarán en este Museo que será sin dudas, la mejor muestra de los perdedores. 
   Una galería dedicada al fracaso y a la frustración de un grupo que nadie menciona y pocos toman en cuenta y que ahora quieren verse inmortalizados tras los cristales empolvados de un museo a la ignominia.