domingo, 24 de agosto de 2014

Silvio Rodríguez levanta su guitarra contra la burocracia y la indolencia



por Miguel Fernández Martínez

   Hace varios días corre por las redes la denuncia pública hecha por el cantautor cubano Silvio Rodríguez, acerca de un eventual cierre de los estudios de grabación Abdala, por la falta de una decisión administrativa que pone en peligro el funcionamiento de tan emblemático espacio cultural.
   He leído casi todo lo que se ha escrito. Desde las muestras de apoyo de muchos intelectuales, músicos y blogueroscubanos dentro de la Isla, hasta las barrabasadas que publican los carroñeros de Internet, en su afán por encontrar un mínimo espacio para ridiculizar a la Revolución cubana.
   Como resultado, una vez más vuelven a mi memoria las proféticas palabras del Comandante en Jefe, pronunciadas en la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre de 2005, cuando sentenciaba que “este país –Cuba- puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos –sus enemigos-; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra”.
   El mismo Silvio lo dice en la denuncia que publicó el viernes 22 de agosto en su blog Segunda Cita: Parece “un plan del enemigo”, pero no es la CIA. Y coincido plenamente con Silvio. Nunca antes, en estos 55 años de imperfecto proceso revolucionario,  el cáncer de la burocracia, la indolencia y la apatía de muchos "funcionarios" le había hecho tanto daño a la Revolución cubana desde dentro.
   El ataque es de desde dentro. Es el resultado de esa ponzoñosa burocracia que termina erigiendo a tecnócratas en dirigentes, capaces de aplastar de un plumazo el esfuerzo sostenido de muchos. Y nosotros ahí, sorprendidos al leer las palabras de Silvio, que no fueron reproducidas en ningún periódico, ni discutidas en ninguna mesa de debate público, como reafirmando la impotencia de unos y la arrogancia de otros.
   En la internet circula una interesante nota firmada por Fidel Díaz, que me llegó a través del muro del también cantautor Vicente Feliú, que amablemente la reprodujo.

   En su comentario, Díaz recuerda que “las trasformaciones económicas que hacemos en el país se están tomando por no pocas personas (en todos los niveles), como un proceso radical inverso, o sea, ir desde un país que ponía todo en función de un sueño -al costo que fuese, aunque nos desfondáramos-, hacia otro donde todo se reduce a un problema matemático, o sea “sacar cuentas y recuentas” y lo que no sume al bolsillo, se rechaza. Si fuéramos hacia ese dos más dos son cuatro, estaríamos construyendo un capitalismo más para la lista de la infamia destructora mundial”.
   Los estudios de grabaciones musicales Abdala son parte de ese sueño. Surgieron en 1998 impulsados por Silvio, y bajo la aprobación y supervisión del Comandante en Jefe Fidel Castro, y sus más de 140 producciones discográficas acumulan numerosos premios Cubadisco (evento discográfico nacional) y se prestigian con nueve nominaciones a los Grammy Latinos.
   Un proyecto cultural dotado de envidiables instalaciones arquitectónicas, técnicas y acústicas, y equipados con tecnología de alta gama, que permite la grabación y procesamiento de sonido en cualquier formato, a precios realmente muy competitivos.
   Una instalación sin dudas, que reporta importantes ingresos en divisas a la economía nacional, que ahora peligra su existencia porque un funcionario se niega a asumir los pagos de una cuenta de consumo eléctrico, sin mirar que el prestigio de la casa editorial y el de país está en juego, ante tamaña incompetencia.
   Ante esta evidente tozudez me pregunto –y se preguntarán muchos- cuántas instalaciones improductivas, con poco o ningún resultado económico, llenas de parásitos que solo “producen” trabas a la vida nacional, son subsidiadas mes por mes, sin que nadie proteste a la hora de sufragar gastos.
   Cuántas plantillas de especialistas y asesores, ayudantes de los especialistas y de los asesores, secretarias de los ayudantes de los asesores y especialistas, y cuánto cargo quieran inventarse, siguen cobrando sin producir un céntimo ni a la economía ni a la espiritualidad de la gente.
   Citando de nuevo la nota publicada en Internet por Fidel Díaz, nos recuerda que “con esto que está ocurriendo con Abdala (y vengan Martí nuevamente a dar nombre a esos Estudios de grabación con esa obra dramática donde precisamente defiende a la patria por encima de sus amores íntimos, y qué hermoso –déjenme seguir con incidentales asociadas- que un grupo de jóvenes representara precisamente esa obra en la cúspide del Pico Turquino, hace unos días por el cumpleaños de Fidel), Ojo, pues lo de Abdala es un simple (o no tan simple) ejemplo”.

   “Por error o de concepción o de aplicación –afirma Díaz-, o de tergiversación o burocracias, se toman medidas tajantes en disímiles lugares que pueden estar tronchando procesos culturales en los que va la vida espiritual de la nación”.
   Silvio, uno vez más, pone el dedo sobre la llaga y llama por su nombre a la ineficiencia que ahora cubre con su sombra a los estudios Abdala.
   Como él mismo afirma, “llevo mucho tocando puertas que no se abren y hablando a oídos que no escuchan”. No crean que no siento vergüenza de confesar esto públicamente. Pero más vergüenza me va a dar cuando vea los estudios en ruinas”.
   En el post publicado por Iroel Sánchez en su blog La pupila Insomne, utiliza un exergo que encabeza el post donde se refiere a la crisis generada en los Estudios Abdala, y que retrata a Silvio en toda su magnitud.
   Son, casualmente, palabras del comandante Fidel Castro, pronunciadas hace 47 años:
   “…diría que milito en el bando de los impacientes, y milito en el bando —no voy a decir de los dinámicos, porque puede parecer una inmodestia— de los apurados, y de los que siempre presionan para que las cosas se hagan y de los que muchas veces tratan de hacer —en ocasiones— más de lo que se puede.”
   Termino citando un comentario de Vicente Feliú, publicado en su muro de Facebook, cuando afirma que “Silvio está inmerso en la realidad cubana, y latinoamericana, y mundial. Desde hace mucho tiempo, y me consta, ha dicho lo que ha querido y debido decir en las instancias que se requerían, mientras entendió que podían ser útiles esas instancias. Solo que ha llegado un momento en que "las instancias", hoy solo parecen servir para trabar la Revolución que tanto Silvio como muchos de nosotros, defenderemos hasta el final por la memoria de tantísimos muertos, aunque haya que barrer con las instancias y quienes las mantienen”.
   Tú eres de esos impacientes, Silvio, y contigo somos muchos que no abandonaremos el empeño de construir una sociedad más justa.