sábado, 3 de mayo de 2014

Expresidenta panameña Mireya Moscoso: benefactora de terroristas y delincuentes



expresidente salvadoreño prófugo Francisco Flores y su "amiga" Mireya Moscoso

por Miguel Fernández Martínez

   La expresidenta panameña Mireya Moscoso vuelve a ocupar los grandes titulares de la prensa, inmersa en un nuevo escándalo político al estar involucrada en la fuga y escondite del expresidente salvadoreño Francisco Flores, reclamado por la justicia de su país por corrupción.
   Una vez más la Moscoso se alinea a delincuentes políticos y vuelve a llenar de lodo la vida política y el prestigio internacional de Panamá. Ya lo había hecho antes con terroristas connotados como el asesino confeso cubano Luis Posada Carriles, sin dar muestras del más mínimo pudor.

   El expresidente de El Salvador, gran amigo de la expresidenta panameña, está
Francisco Flores, expresidente de El Salvador
actualmente prófugo de la justicia salvadoreña, bajo un inexplicablemente retardado proceso judicial abierto en su país por corrupción y desvío de 15 millones de dólares de una donación de Taiwán, aunque expertos salvadoreños plantean que la cantidad de dinero desviado es mucho mayor.
   Aunque las autoridades de Panamá ni aceptan ni niegan que Flores esté escondido en Panamá, numerosos medios de prensa aseguran el expresidente de El Salvador está en Panamá, bajo el amparo de la expresidenta Mireya Moscoso.
   El exsecretario general del Partido Revolucionario Democrático panameño (PRD) Mitchell Doens, dijo en la televisión que el exmandatario se esconde en una casa de la Moscoso en Punta Mala, en la costa pacífica panameña, la cual le habría solicitado al presidente Ricardo Martinelli asilara a Flores.
   Cuestionada por su eventual protección a Flores, la exmandataria Moscoso, ni confirmó ni desmintió la información y se limitó a señalar que es lamentable la “persecución” que se tiene con un presidente.

Curriculum político de la expresidenta Mireya Moscoso
   No es la primera vez que Mireya Moscoso se involucra a connotados delincuentes internacionales. El 26 de agosto de 2004, como actos de última voluntad de su mandato a punto de concluir, decidió usar sus prerrogativas ejecutivas para indultar a los criminales de origen cubano Luis Posada Carriles, Gaspar Jiménez Escobedo, Guillermo Novo Sampol,
Pedro Remón Rodríguez y César Matamoros, por atentar contra la seguridad colectiva, tras denunciarse que planearon matar a Fidel Castro Ruz en noviembre del 2000.
   A la Moscoso no le interesó que estos asesinos habían sido juzgados y condenados por los tribunales de su propio gobierno, por pretender hacer explotar un artefacto explosivo en el Paraninfo de la Universidad de Panamá, con el objetivo de asesinar el presidente de Cuba, Fidel Castro Ruz, durante una visita a esta país, y donde presumiblemente morirían miles de personas.

El precio de la ignominia
   Este acto de indulgencia de la expresidenta Moscoso no fue de gratis. Todo estaba garantizado si cumplía las indicaciones dadas desde Washington. De ahí el mensaje enviado inmediatamente al embajador norteamericano en Panamá, Simón Ferro, en flagrante acto de sumisión y vasallaje al imperio del Norte.
   El mensaje de la presidenta panameña habla por sí solo: “Embajador buenos días, es la Presidenta para informarle que los cuatro cubanos ya fueron indultados en la noche de ayer y que ya salieron del país. Tres van rumbo a Miami y el otro con rumbo desconocido. Un abrazo”
   Simón, demostrando su alta categoría de procónsul imperial, jamás le respondió el mensaje a la sumisa mandataria.
   Después vinieron los cobros concertados con los políticos cubanoamericanos. Ya no es secreto que todo fue negociado en Miami por Ruby Moscoso, hermana de la entonces presidenta de Panamá, por la suma de cuatro millones de dólares, afirman documentos publicados en Internet.
   Al figurar Mireya Moscoso como soltera, su hermana Ruby, en un claro caso de nepotismo, la personificaba en presentaciones oficiales como su “primera dama”. Ruby devino en sirvienta de los manejos de la entonces Presidenta.
   Como parte del botín, a cambio de la libertad de los terroristas cubanos encarcelados, Mireya recibió además un auto de lujo y una casa en Fort Lauderdale.
   Se sabe que el dinero fue entregado a las hermanas Moscoso (Mireya y Ruby), bajo forma de pago de transacción comercial, a través de un banco de Liechtenstein, un paraíso fiscal europeo. La operación fue dirigida por Pedro Gómez, cubanoamericano vinculado a la Mellon United National Bank, de Miami, quien también se encargó del pago de los honorarios a los defensores panameños, encabezados por el narcoabogado Rogelio Cruz Ríos.

Mireya Moscoso se “solidariza” con Pancho Flores
   Ahora Mireya Moscoso pisotea los derechos del pueblo de El Salvador, país que se enfrenta a viejas heridas postguerra y que busca sanear a una sociedad envuelta en escándalos financieros ejecutados por los partidos de derecha que asumieron el poder desde 1989 hasta 2009.
   El expresidente Flores (1999-2004), está formalmente acusado por delitos de peculado, enriquecimiento ilícito y desobediencia, sin embargo, una comisión parlamentaria que lo investigó considera que el expresidente habría cometido además, cohecho impropio, negociaciones ilícitas, actos arbitrarios, peculado, lavado de dinero y activos, así como falso testimonio.
   El requerimiento contra Flores fue presentado ante el Juzgado Primero de Paz de San Salvador. El fiscal general indicó que la investigación ha implicado el rastreo de movimientos financieros de Flores en instituciones en Miami (Estados Unidos), Costa Rica y Bahamas.
   Luego de comparecer el 7 y 28 de enero, el exmandatario no acudió a la cita del 30 de ese mes. Ante su inasistencia, la comisión parlamentaria que lleva el caso exigió a las autoridades su traslado hasta la Asamblea Legislativa, para que explicará a la nación sobre las donaciones que recibió de Taiwán durante su Gobierno.
   El 13 de febrero, las cuentas bancarias y bienes inmuebles de Flores fueron bloqueadas como medida cautelar para desarrollar las investigaciones sobre el destino de las donaciones recibidas por su administración entre 2003 y 2004. La fiscalía investiga si también habría cometido el delito de lavado de dinero.
   Evidentemente Mireya Moscoso no tiene distinciones entre sus contribuyentes, le da igual que sean terroristas o vulgares ladrones de cuello y corbata. Para la expresidenta de Panamá, lo único que cuenta es el cash.