lunes, 12 de mayo de 2014

En el aniversario 37 del asesinato del sacerdote salvadoreño Alfonso Navarro Oviedo



Padre Alfonso Navarro Oviedo, asesinado en El Salvador en 1977
   El padre Alfonso, como todos lo conocían, trabajaba en una parroquia urbana de la ciudad de San Salvador. Su predicación profética, tanto en las homilías y la catequesis parroquial, como en las aulas de religión que daba en el Colegio Guadalupana y Asunción, disgustó a las minorías opresoras de la derecha salvadoreña.
   Fue tal el temor que sentían por él las clases dominantes, que una de sus alumnas, hija de un militar de alto rango, pasó grabaciones de las clases del sacerdote a los órganos de seguridad del régimen.
   Como parte del plan para amedrentar al cura, en una ocasión llegaron a colocaron dinamita en la cochera de la casa parroquial, con lo cual quedó destruido completamente el carro. El padre Alfonso se salvó por cuestión de segundos.
   Su casa siempre estaba llena de jóvenes de los movimientos parroquiales. La policía de los órganos de seguridad lo vigilaba. El día 12 de mayo de 1977 hubo un momento en el que casi todos habían salido; aprovecharon entonces para invadir la casa y balacear al padre, así como al único joven que había quedado ahí, Luisito Torres de 14 años.
    El Padre Alfonso Navarro Oviedo fue asesinado a causa de innumerables impactos de bala. Antes de irse el asesino, vio a Luisito y le disparó en medio de la cara. Luisito murió al otro día en el hospital.
   Luisito era un joven de la parroquia en San Salvador en la que trabajaba el padre Alfonso.
Luisito Torres
Fue miembro activo del movimiento juvenil. Trató frecuentemente con sus amigos y otros colaboradores de motivar a la gente para que participaran en la casa parroquial en el análisis del problema del país y en la discusión y reflexión de los textos bíblicos.
   Después que los balazos asesinos entraron al cuerpo del indefenso cura, y mientras lo llevaban al hospital, los vecinos que acudieron a socorrerlo le oyeron decir: "sé quién fue el que me mató, pero también quiero que sepan que los perdono".
   El padre Alfonso se convirtió en una de las más de 75 mil víctimas que provocó el imperialismo y las oligarquías, en un país que tuvo que alzarse en armas para buscar mejores futuros.