sábado, 24 de mayo de 2014

De buena tinta: Las nuevas visiones plásticas de Vladia Rubio


Por Miguel Fernández Martínez
 
   Para la cubana Vladia Rubio, lo importante es visibilizar lo cotidiano, sea a través de una cuartilla escrita que terminará en la plana de un periódico o revista, o sobre una cartulina que se convertirá en obra de arte.
   Para esta mujer, pintar es la mejor manera de encontrarse cara a cara con las hermosuras y fealdades de lo cotidiano, una manera de decir que quizás quedó postergada por el ejercicio de su otra pasión: el periodismo.
   Vladia necesita decir, sin límites ni espacios, y desde los pinceles y las tintas defiende la tesis que lo importante es comunicarse, ahora desde el mundo de la cartulina en blanco que terminan convertidas en obras de arte.
   Reconocida como una de las más leídas periodistas cubanas de los últimos años, Vladia Rubio dejó su impronta en importantes medios de comunicación como el periódico Granma y Bohemia, la más importante revista de Cuba y la más antigua de su tipo en Iberoamérica.
   Especializada en el periodismo de investigación, particularmente en las problemáticas sociales, Vladia incursiona en la poesía y es autora de los libros Cartas a Gabriel (Premio Iberoamericano de Ética Elena Gil), y los volúmenes En la calesa del tiempo, y Reportajes, textos dedicados al quehacer periodístico.
   A pocas horas de inaugurar su exposición personal Hecho en casa, en la que tendrá como escenario el edificio Jerasulem del Miramar Trade Center, en esta ciudad, Prensa Latina conversó con la artista plástica sobre esta nueva proyección, desconocida para muchos, en su carrera profesional.

   "Más que dormida, andaba a sotto voce. Desde que me alcanza la memoria, siempre dibujé y pinté, pero hace solo unos meses decidí hacerlo público. Ya no me eran suficientes las palabras", afirma.
   El trazo y la línea precisa no le eran ajenos, pues antes de graduarse como Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana en 1987, con Título de Oro, hizo estudios -inconclusos- de arquitectura, los que le inculcaron, según comenta, "un mayor respeto por la línea y ciertas precisiones, también necesarias para este trabajo con tinta y aguada".
   En su obra, marcada por una fuerte influencia lorquiana, la mujer tiene un protagonismo indiscutible, convirtiéndose en el centro discursivo de sus pinturas.
   "No es nada casual que la mujer tenga un protagonismo en mis cuadros. Buena parte de las obras de arte, en todos los lugares y tiempos, han tenido y tienen una impronta autobiográfica, aun cuando se trate de un franco abstraccionismo", afirma.
   Las piezas que ahora expone tienen de alerta y de reivindicación, utilizando como metáfora el simbolismo de lo cotidiano en la rutinas de la fémina de hoy.
   "La inmensa mayoría de las mujeres cubanas conocemos bien del lastre que significa en nuestras vidas la atención a las tareas domésticas. Aun cuando junto al botón que reponemos a la camisa cosamos toneladas de amor y ternura, también a cada puntada va adosada una dosis de rebelión, de decir no más o por qué yo", enfatizó.
   "Es algo muy ambivalente -agrega-, o al menos así lo percibo, donde coexisten sentimientos encontrados que van tejiendo toda una singular belleza: la belleza de lo prosaico y rutinario, más solo pretendo rescatar tal ambivalencia, llamar la atención sobre esa conflictiva belleza, no levantar pancartas emancipadoras o convocar a "floridos escapes".
   Según la periodista devenida artista plástica, la pintura le permite la magnífica opción de la polisemia. "Una obra es a la vez tantas obras como receptores tiene. No pocas veces me asombro al enterarme de lo que alguien pudo ver en un cuadro mío. Es como si se me fueran de las manos y echaran a andar mundo con un lenguaje propio, recreándose constantemente, igual a como pasa con los hijos".
   Con un exquisito uso de las tintas, las pinturas de Vladia se caracterizan por una línea segura pero sobre todo sugerente, que obliga al espectador a buscar más de una lectura detrás de cada pieza.
   Desde el claro-oscuro, donde el color muchas veces se ausenta y todo queda entre una mística gama de grises, Vladia se propone conquistar, desde el pensamiento, a quién se pare ante sus obras. Con elegancia y poesía pone a pensar, más que a mirar.
   "Esa ductilidad es una de las fortalezas que le encuentro a la tinta y la aguada, y que igual se traduce en su potencialidad para transmitir arrullos o alaridos", subraya.
   De Vladia Rubio y su obra queda mucho por decir, ya sea en periódicos o revistas, en paredes llenas de cuadros o a través de su poesía, otra arista que satura los sentimientos de esta mujer multifacética, que solo pretende que se le recuerde como Vladia, "así de simple y complicado".

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