jueves, 28 de noviembre de 2013

A 38 años del fallecimiento del salvadoreño Salarrué, un grande de la literatura latinoamericana



Salvador Salazar Arrué - "Salarrué" (1899-1975)

   Apenas pisé tierras salvadoreñas, me obsequiaron un libro de cuentos de cuyo autor no tenía antecedentes, y en mis primeras lecturas nocturnas, fui descubriendo en Cuentos de Barro, la inmensidad literaria de Salvador Salazar Arrué, o simplemente Salarrué, como se le conoce en el mundo entero.
   No por gusto me estaban regalando este cuaderno de cuentos, publicado originalmente en 1933 y considerado como la obra monumental de la literatura salvadoreña, porque acercándome a la obra de Salarrué, estaba introduciéndome en el espíritu de esta pequeña pero impresionante nación centroamericana.
   A través de La tranquera, La botija, El entierro o El mistiricuco, comencé a comprender toda la espiritualidad de un pueblo que se crece a diario sobre las piedras de sus ancestros, y todo de la mano de este escritor fascinante e imprescindible en la literatura latinoamericana.
   Salarrué, quien además de escritor destacó como pintor y diplomático, nació el 22 de octubre de 1899 en Sonsonate.
   Publica sus primeros cuentos a la edad de diez años en el Diario de El Salvador. Pinta con gran habilidad y su familia lo manda a estudiar con el profesor italiano Spiro Rossolino. Después parte becado a la Academia de Corcorán de Washington D.C., regresando a San Salvador a la edad de 20 años.
   Expuso su obra múltiples veces en diferentes galerías y lugares de El Salvador, así como en Costa Rica, Guatemala, Nueva York, Nuevo Orleans y otros.
   Se le ha considerado como el máximo exponente de la narrativa cuzcatleca. Fue cofundador de la nueva corriente narrativa latinoamericana.
   Publicó también novelas, aunque su verdadera maestría estaba en el cuento: es uno de los autores que han dado a este género, en Centroamérica, proyección universal.
   En 1922 se casó con la pintora salvadoreña Zélie Lardé, con quien tuvo tres hijas que también se dedicaron a las artes plásticas: Olga, Aída y Maya.
   A finales de los años veinte trabajó como jefe de redacción en el periódico Patria, del escritor y filósofo salvadoreño Alberto Masferrer. En ese periódico comenzó a publicar una de sus obras más queridas e importantes en El Salvador: Cuentos de cipotes, como “relleno” para las páginas en las que quedaban espacios en blanco.
   Estas historias sólo se publicarían en forma de libro más de treinta años después, en 1961, a instancias del poeta, historiador y editor Ítalo López Vallecillos.
Murió a los 76 años, en Los Planes de Renderos, San Salvador, el 27 de noviembre de 1975.
   Su casa, recuperada en 2003 por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de El Salvador (CONCULTURA), actualmente alberga La Casa del Escritor, un proyecto de formación de escritores jóvenes.