jueves, 29 de marzo de 2012

La visita de Benedicto XVI a Cuba y la frustración de la gusanera mercenaria


Por Miguel Fernández Martínez. Su santidad Benedicto XVI se despidió de los cubanos en esta tarde plomiza de marzo, después de agradecer a la feligresía, al clero, al pueblo, y a las autoridades, la cálida acogida que se le tributó en la tierra de José Martí, Antonio Maceo y Félix Varela.
Con absoluta libertad el Papa le habló a todos, desde los púlpitos erigidos para él en Santiago de Cuba y La Habana, desde donde dejó vibrar su mensaje para que todos los cubanos, dentro o fuera de la Isla, escucharan su voz pidiéndole a Dios por la unidad y la concordia.
El Santo Padre ya está entre las murallas del Vaticano europeo, y en Cuba aún se saborea su visita pastoral. La alegría y hospitalidad de los cubanos de a pie, se vio reflejada en cada uno de los que, espontáneamente, acudieron a acompañarlo en su visita pastoral.
Los únicos perdedores en esta histórica visita fueron los enemigos de Cuba, dentro y fuera de los contornos geográficos de esta maravillosa isla, como calificara el seguidor de Pedro, quien elevó su voz acusando categórico a quienes pretenden rendir por hambre a un pueblo que sabe defender su soberanía y su independencia.
Desde dentro, las bien pagadas “Damas de Blanco” no alcanzaron su minuto de gloria ante las cámaras de televisión y los fotorreporteros de todo el mundo que se reunieron en Cuba para informar de la visita papal. El “minuto” que pidieron a Benedicto XVI para dejarle saber que eran enemigas consumadas de su propio pueblo, jamás fue concedido.
El huelguista profesional Guillermo Fariñas hizo nuevamente el ridículo tratando de dictarle al distinguido visitante, las pautas de su visita con una agenda redactada desde Miami, mientras la modosita bloguera Yoani Sánchez, tuvo que contentarse con ver las impresionantes muestras de apoyo popular ofrecidas al Papa y a las autoridades, desde la pantalla de su televisor.
En Miami, los retorcidos batistianos Ninoska Pérez Castellón y Armando Pérez Roura estarán hipertensos y con las bilis revueltas al ver como más de 800 peregrinos procedentes de Estados Unidos, cubanos emigrados en su gran mayoría, se juntaron con alegría junto al pueblo en su tierra natal para cantarle alabanzas a la Virgen Mambisa, y la mafiosa congresista Ileana Ros-Lethinen estará pensando como sancionar a la santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana por no cumplir los edictos del Imperio.
Definitivamente, Dios está con Cuba y con su pueblo, y una vez más, le dio la espalda a sus peores enemigos. Como mismo les dio la espalda en las arenas de Playa Girón, o en las lomas del Escambray, o en las calles viciadas de odio de un Miami que sirve de guarida a los cultores del odio y el terror.
Como un día Jesucristo expulsó a los mercaderes del templo sagrado, Dios ampara a los cubanos que no aceptan mercenarios en sus calles. Esos mismos que ni siquiera son bienvenidos en la Casa del Señor, cuando tratan de utilizarla como balcón para sus pagadas traiciones.
El Santo Padre se marchó de Cuba con la satisfacción de haber conocido a un pueblo digno y como su antecesor Juan Pablo II, calificó su visita como inolvidable, y con su habitual sabiduría, el Papa se convenció que los cubanos dignos, no tienen precio ni se venden al mejor postor.