lunes, 20 de febrero de 2012

Muere en huelga de hambre un recluso latino en cárcel de California


El recluso Christian Alexander Gómez murió el pasado 2 de febrero durante una huelga de hambre, en la prisión de Corcoran, en California, pero su muerte no apareció reflejada en los titulares de los grandes periódicos, ni se organizaron campañas mediáticas contra las condiciones infrahumanas que sufren los reos en cárceles norteamericanas.
Christian Alexander Gómez era un latino de los tantos que saturan los enrejados edificios que administra el Departamento de Corrección y Rehabilitación en los Estados Unidos y la acción que lo llevó a la muerte con sólo 27 años, estaba dirigida a protestar contra las malas condiciones del sistema penitenciario en el estado de California y la falta de acceso a los servicios legales, buena comida y atención sanitaria.
Christian Alexander Gómez, según los estrategas de la “gran prensa internacional”, no merecía esquelas y denuncias. No era cubano ni estaba preso en cárceles cubanas. Ni siquiera por ser uno de los prisioneros encarcelados en California que iniciaron una serie de huelgas de hambre, después de que la Corte Suprema ordenara, el pasado mes de mayo, a las autoridades correccionales que redujeran el número de los presos por el riesgo de  escalada de violencia y enfermedades, flagelos derivados de la superpoblación de cárceles, que amenaza a los reos.
El nombre de Gómez, que cumplía cadena perpetua por el delito de homicidio de primer grado e intento de asesinato, quedará en el silencio y su muerte, quizás no signifique nada para enmendar las injustas normas que se aplican fundamentalmente a las minorías étnicas en Estados Unidos, quienes soportan el peso de duras leyes penales que han provocado la superpoblación de las prisiones de este país.
Christian Alexander Gómez, el latino que murió protestando en cárceles norteamericanas, será sólo un número más en las fatales listas que colocan al Imperio del Norte, a la cabeza de las estadísticas internacionales, con el 25 por ciento de la población penal a nivel mundial, los mismos que pretenden erigirse como jueces de los derechos humanos en el mundo.