Fidel Castro firma decreto asumiendo como Primer Ministro |
Gobernaba entonces Manuel Urrutia Lleó, un
antiguo magistrado que presidió el tribunal que había tenido una actitud
positiva en el juicio contra los expedicionarios del Granma, acción que influyó
mucho en la decisión de los combatientes de la Sierra al proponerlo para
la más alta magistratura de la nación cuando la Revolución triunfase.
Desvinculado de los partidos políticos,
parecía el hombre idóneo para regir los destinos del país. Ya en el Palacio
Presidencial, el antiguo magistrado no solo mostró una ineficiencia total al
frente del gobierno, sino que constituyó un freno al avance del proceso
revolucionario iniciado el primero de enero de 1959, amén de su alineamiento
junto a los elementos más retrógrados que existían en el propio Consejo de
Ministros.
Las leyes que la Revolución demandaba y
el pueblo esperaba, continuaban engavetadas. Fue entonces que los ministros que
procedían de las filas revolucionarias le plantearon a Fidel la necesidad de su
presencia en la jefatura del gobierno.
Fue así que el 16 de febrero de ese mismo
año Fidel asumió el cargo de Primer Ministro. Apenas unas semanas después se
proclamaba una de las más importantes leyes de la Revolución: La Reforma Agraria, a
la que siguieron otras tantas que culminaron, una vez nacionalizados los medios
fundamentales de producción, con la proclamación del carácter socialista de la Revolución.
Luis M. Buch Rodríguez fue testigo
excepcional de los primeros pasos de la formación del Gobierno Revolucionario.
Destacado abogado y revolucionario, combatiente de la Generación del 30, Luis
asumió el 3 de enero de 1959 el cargo de ministro de la Presidencia y
secretario del Consejo de Ministros.
El periódico Granma Granma reprodujo uno de
los fragmentos de su libro Gobierno Revolucionario Cubano: génesis y primeros
pasos, donde relata detalles sobre el momento en que Fidel asume el cargo de
Primer Ministro:
El Gobierno no funcionaba con la
acometividad que el pueblo reclamaba. Había transcurrido más de un mes sin
haberse tomado medida alguna de carácter social y comenzaba la intranquilidad
en el pueblo.
La crisis interna se intensificaba sin
vislumbrarse una solución. Necesitábamos una autoridad de prestigio y arraigo
popular, y llegamos al criterio de que Fidel era la figura indicada para
hacerse cargo del Gobierno, como Primer Ministro.
Una madrugada, al terminar la sesión del
Consejo de Ministros, miembros de este que pertenecían al M-26-7 (Armando Hart,
Faustino Pérez, Enrique Oltuski y Julio Camacho) localizaron al Jefe de la Revolución, en el hotel
Habana Hilton (hoy Habana Libre), para informarle sobre la situación.
Le expusieron nuestras preocupaciones, pero
como el lugar donde estaban no era el más apropiado para hablar del tema, Fidel
planteó: "Bueno, vamos a reunirnos para discutir todo esto. ¿Dónde nos
reunimos?" Oltuski propuso su casa, en las márgenes del río Almendares.
Localizaron a varios compañeros, entre ellos
a mí, y allí se reunió la dirección del M-26-7. Esa fue la primera y más
importante reunión después del triunfo revolucionario, en la que se hizo un análisis
político y social de la nación.
Uno de los asuntos discutidos giró en torno
a la designación de Rufo López Fresquet como ministro de Hacienda. Yo había
hecho la propuesta. En aquel encuentro varios compañeros me reprocharon haber
actuado inconsultamente.
Pedí la palabra para reconocer mi error y
renunciar al cargo de Secretario del Consejo de Ministros, pero Fidel intervino
y, para asombro de todos, estimó que la designación había sido correcta, pues
sosegaría a la clase económica dominante del país.
Ya iba a respirar con alivio, cuando Fidel
cambió el tono de voz y, dirigiéndose a mí, dijo con energía:
Pero esta no es la forma de resolver
[unipersonalmente] los asuntos que llevan consigo responsabilidades políticas.
Debemos resolverlos en colectivo, que cada cual exprese libremente su criterio
antes de tomar el acuerdo más conveniente para la Revolución. El caso
de Buch debe servirnos de ejemplo para que no se repitan errores como este.
Han pasado los años y no he olvidado aún las
enérgicas —aunque respetuosas— palabras de Fidel. Ellas me han servido de guía
y ayuda en el desarrollo de mi trabajo.
En cuanto a Fidel, sabíamos que no le sería
fácil tomar la decisión de asumir el Premierato. En más de una ocasión había
manifestado el propósito de mantenerse como fiscalizador del Gobierno, ya que
así podía moverse con entera libertad, sin ataduras a reuniones, actos
oficiales y demás funciones.
Sin embargo, ante la gravedad del momento,
era necesario tomar medidas drásticas para evitar un posible desastre.
El Jefe de la Revolución, con su
intuición innata, se percató de que no había otra solución y optó por el mayor
de sus sacrificios: integrarse al Gobierno como Primer Ministro.
Para ocupar ese cargo, planteó que debía
tener el control directo de la política general, sin menoscabo de las
facultades que, conforme a la Ley Fundamental, le correspondían al Presidente
de la República.
Urrutia estuvo de acuerdo con las gestiones
que veníamos realizando.
Miró Cardona, consciente de
que no podía continuar en el cargo también coincidió en que para mantener la
autoridad del Gobierno era indispensable que Fidel asumiera el Premierato.
El 13 de febrero, Urrutia continuaba
enfermo. Miró Cardona citó en el Palacio Presidencial a los miembros del
Consejo y a los periodistas.
Antes de comenzar la sesión de ese día, se
analizó el requisito planteado por Fidel para desempeñar el cargo de Primer
Ministro. Esto dio lugar a un amplio debate.
Buscamos la fórmula para modificar el
artículo 146 de la Ley
Fundamental, cuya redacción era igual al artículo 154 de la Constitución de 1940.
Su texto expresaba: "El Primer Ministro representará la política general
del Gobierno".
El artículo 146 quedó redactado de la forma
siguiente: "Corresponderá al Primer Ministro dirigir la política general
del Gobierno, despachar con el Presidente de la República los asuntos
administrativos, y acompañado de los ministros, los propios de los respectivos
departamentos".
La Ley Fundamental,
certificada por el Secretario del Consejo de Ministros, ya había sido enviada a
la Gaceta Oficial
de la República
de Cuba para su publicación.
Con la conformidad del Presidente, ordenamos
se suspendiera la tirada, en espera de la nueva redacción del artículo 146. Me
trasladé a la imprenta y allí dispuse que fueran destruidos todos los
ejemplares y se iniciara una nueva edición.
Como se puede apreciar, no es lo mismo
"representar" que "dirigir". En virtud de este cambio, el
Primer Ministro se convirtió en Jefe político del Gobierno.
Después de dar inicio a la sesión, Miró planteó
que había decidido presentar al señor Presidente de la República la renuncia a
su cargo. Por este motivo, consideraba procedente presentar también la de todos
los ministros y la del Secretario de la Presidencia y del Consejo para facilitar al
Presidente, y a quien habría de sucederle en el cargo de Primer Ministro, la
oportunidad de seleccionar libremente a sus colaboradores.
Explicó que su decisión obedecía al hecho de
que la Ley Fundamental
aprobada por el Consejo perfilaba con mayor nitidez la característica del
régimen semiparlamentario de la
Constitución de 1940, que otorgaba al cargo de Primer
Ministro las facultades de un verdadero Jefe de Gobierno, y que estas debía
asumirlas quien por su jerarquía histórica era Jefe de la Revolución, el doctor
Fidel Castro Ruz.
Al finalizar, Miró Cardona invitó a los
periodistas para que pasaran al salón donde había estado deliberando el Consejo
y personalmente leyó su carta de renuncia.
A Fidel se le remitió de inmediato una copia
de la carta de renuncia de José Miró Cardona. Le comuniqué que Urrutia había
firmado el Decreto No. 562 por medio del cual Miró aceptaba dimitir; así como
que por el Decreto No. 563 el Presidente le nombraba Primer Ministro y por el
Decreto No. 564 le concedía licencia en el cargo de Comandante en Jefe de las
Fuerzas de Tierra, Mar y Aire de la República, respectivamente.
Esa jefatura sería asumida por el comandante
Raúl Castro Ruz, que hasta entonces había sido Segundo Jefe de tales fuerzas.
Los tres decretos fechados el 13 de febrero de 1959, se publicaron al día
siguiente en una edición extraordinaria de la Gaceta Oficial de la República de Cuba.
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