lunes, 12 de diciembre de 2011

Lo que no entienden algunos cubanos de Miami


Miami es un lugar sui generis en términos de pensamiento. Sorprende ver cada día como ese minúsculo, pero aún poderoso grupo de extrema derecha de la comunidad cubana que vive en el sur de la Florida, sigue enarbolando los raídos estandartes del batistianismo[1] derrocado por el pueblo de la Isla en 1959, que se ha ido reciclando, de posiciones radicales y violentas a una supuesta posición “democratizadora”, - sin desdeñar el radicalismo y la violencia-, y van por la vida, desde su irracionalidad, sin entender muchas cosas.
Coincido con muchos colegas que insisten en que ya es tiempo de poner distancia con el término “cubanos de Miami” cuando de la lucrativa  industria del odio y el terrorismo se hable, por lo injusto de encerrar en la misma bolsa a emigrados de pan y sudor, con los manipuladores del odio, convertido en suculenta industria que genera mucho dinero.
Pero vayamos al tema. Los “radicales” cubanos de Miami no entienden muchas cosas y como se suponen poseedores de una verdad inexplicable e inentendible, cuestionan todo lo que contravenga sus cavernícolas posiciones.
En Miami, estos “patriotas” no entienden por qué hay que poner fin a la separación de la familia cubana, y si para lograr entenderlo tienen que defender medidas que ahoguen por hambre a los cubanos, no dudarán en hacerlo. Atacan con tal vileza el enlace entre familias de uno y otro lado del Estrecho de la Florida, que han llegado a expresar, en programas radiales de opinión “que uno de esos aviones cargados de comunistas traidores debía reventarse en el aire para que no le sigan haciendo favores a Castro”.
Estos autoproclamados “exiliados históricos” no entienden que el Papa Benedicto XVI pretende visitar la Isla en marzo próximo, ni entienden que el arzobispo de Miami Thomas Wenski esté organizando una peregrinación de emigrados cubanos para esta magna visita papal, y como no entienden, desbarran e injurian a la Iglesia Católica, condenan al Santo Padre y a todos los obispos de comunistas y maldicen hasta al propio Jesucristo.
Los extremistas cubano-americanos tampoco entienden a los “indignados”, sean los del Occupy Wall Street o los iniciadores de las protestas en las calles de Madrid. También los acusan de vagos, comunistas y enemigos de los “sacrificados” millonarios que con tanto trabajo amasaron sus fortunas. Estos cubanos que se llaman paladines de la libertad se hacen de la vista gorda cuando ven las imágenes de policías reprimiendo a estudiantes y trabajadores con garrote y gas pimienta, y justifican los hechos por aquello de que “hay que mantener el orden en casa”.
No entienden el reclamo de una amnistía migratoria de 12 millones de extranjeros ilegales en Estados Unidos, a quienes llaman delincuentes, intrusos, y los tratan despectivamente como “indios”, que deben regresar a sus países, porque no sufren la “férrea” dictadura de Cuba.
Fueron estos mismos cubanos “demócratas” los únicos inmigrantes en USA que apoyaron la construcción de un muro en la frontera con México para parar el flujo migratorio de millones de latinoamericanos que buscan mejores opciones de vida en Estados Unidos.
Los  cubanos de esta ala intransigente en Miami, tienen a su haber, el nada apreciable “mérito” de haber sido el único grupo de emigrantes que salió a las calles a apoyar las invasiones norteamericanas en Irak y Afganistán, cuando en toda la nación americana se daban fuertes movimientos de protesta contra la aventura bélica del expresidente George W. Bush, con la esperanza que la 82 División, cuando terminara su labor invasora en Asia, se diera una vuelta por el Caribe y les hiciera el favor de devolverles su libertad perdida.
Nunca se explicaron por qué el asesino chileno Augusto Pinochet estuvo bajo la mirada inquisidora de la justicia y se extrañaron en ser los únicos latinoamericanos en rendir póstumo despido a la bestia fascista que masacró a tantos chilenos.
No entendieron por qué Juanes y un grupo de músicos de diferentes lugares del mundo organizaran un concierto por la paz en La Habana, y destruyen a mandarriazos en plena vía pública los discos de cualquier artista que ose decir algo a favor del pueblo cubano.
No entienden por qué la comunidad internacional está contra el criminal bloqueo económico, comercial y financiero que Estados Unidos impone a todos los isleños, y se rompen la cabeza por entender por qué ellos son los únicos que llaman espías a los cinco antiterroristas cubanos que están prisioneros en cárceles norteamericanas, mientras el mundo en masa reclama su inmediata libertad.
No alcanzan a entender por qué el mundo entero llama terrorista a Luis Posada Carriles, su más encumbrado héroe, aunque este lleve sobre su conciencia la muerte de cientos de personas en muchos rincones de esta América.
Esos mismos que alguna vez salieron hacia Miami huyendo de la ira popular y dejaron atrás largas deudas con la justicia, no entienden por qué en Cuba no se producen manifestaciones antigubernamentales, ni entienden por qué los “disidentes” y “opositores” no tienen ningún apoyo popular, y como no lo entienden, son capaces de calificar de “turbas” a esa masa compacta de obreros, estudiantes, militares e intelectuales que unidos forman el pueblo cubano y defienden su soberanía de cualquier acto de mercenarismo.
No entienden tantas cosas que sería interminable la lista a enumerar. De cualquier modo, tampoco entienden que Cuba va, de la mano del mundo, como isla soberana que no baja la frente y que se reconstruye sobre la base de sus propios errores, con el esfuerzo de los que si entienden que mañana, será un mejor día.



1 Dictadura del general Fulgencio Batista, derrocada por el pueblo y el Ejército Rebelde en enero de 1959