jueves, 15 de diciembre de 2011

Le salió el tiro por la culata a Díaz Balart y su proyecto de ley anticubano


El grupo parlamentario de origen cubano que ocupa posiciones en el Congreso de los Estados Unidos, vio languidecer su más reciente propuesta de estrangulamiento contra la familia cubana, al tener que retirar una enmienda que proponía restringir los derechos de los cubanos emigrados a visitar a sus familiares en la isla.
La propuesta fue presentada en julio pasado por Mario Díaz-Balart, congresista republicano por La Florida, que sugería se retomarán las medidas aplicadas en la anterior administración de George W. Bush, que reducía la posibilidad de los cubanos residentes en Estados Unidos a viajar a la isla cada tres años, así como enviar remesas que no excedieran los 1,200 dólares al año, en un rango familiar muy limitado.
El texto de la enmienda creada por Díaz-Balart contaba con el apoyo de sus pares de origen cubano David Rivera, Albio Siles e Ileana Ros-Lethinen, quien a su vez había cabildeado a favor de esta draconiana medida en el Comité de Relaciones Internacionales del Congreso.
La propuesta fue incluida en el Proyecto de Ley de Presupuesto para el 2012, lo que ponía en situación difícil al presidente norteamericano Barack Obama, quien ya había manifestado que vetaría la Ley si no se retiraba la enmienda contra Cuba.
En Miami, los grupos extremistas de la ultraderecha anticubana, habían mantenido una fuerte propaganda en los medios radiales, televisivos y en las páginas del diario en español El Nuevo Herald, a favor de la aplicación de este criminal medida, sin tomar en consideración que un porciento muy elevado de emigrados cubanos residentes en el sur de la Florida, se oponían a su aplicación.

En una reciente encuesta realizada por un grupo de académicos en Estados Unidos, el 61 % de la emigración cubana radicada en Miami rechaza la aplicación de nuevas medidas restrictivas a los viajes a Cuba.
Otras cifras dadas a conocer reconocen que el rechazo a regresar a las medidas restrictivas impuestas en 2004 por el gobierno republicano de George W. Bush es mucho mayor entre los cubanos que emigraron después de 1994, con un 76 % que se manifiesta contra cualquier intento de privarles del derecho de mantener contactos interfamiliares.
Se reveló además que el 58 % de los cubanos residentes en Estados Unidos apoya un restablecimiento de relaciones entre Cuba y el país del norte, y que un 57% de los entrevistados consideró que Washington debe permitir, sin restricciones, los viajes de estadounidenses a la Isla.
A pesar de estas contundentes evidencias, el congresista de origen cubano nacido en la ciudad floridana de Fort Lauderdale, Mario Díaz Balart, hijo de uno de los exministros más allegados al sanguinario dictador Fulgencio Batista, derrocado por la Revolución Cubana en 1959, insiste en ver la tierra de sus padres hundida por el hambre y la miseria, aliado a los elementos más extremistas y radicales de las contrarrevolución asentada en Miami.
Esta noticia llena de esperanzas a los emigrados cubanos en Estados Unidos, que podrán mantener el flujo de comunicación con sus familiares en la Isla, lo que quedó reflejado en las más de 400 mil visitas que se han hecho en 2011. Una emigración que no quiere romper los vínculos con su país de origen y que a pesar de las diferencias ideológicas, favorecen el diálogo entre todas las partes.
Ahora queda esperar una respuesta cubana en su relación con la diáspora. Un cambio en la política migratoria que permita una interacción más fluida y natural entre los cubanos de una y otra orilla. A fin de cuentas, los tiempos han cambiado y hay una masa enorme de emigrados económicos que no quieren romper el cordón umbilical que los une a su Patria.
En estos tiempos de cambios, la Revolución cubana debe dar, y no dudo que sucederá, una nueva lección de unidad entre todos. Y esa medida la aplaudiremos con la misma vehemencia que celebramos esta derrota moral de los enemigos de la Patria.