domingo, 28 de diciembre de 2014

Salón de la Fama del Béisbol cubano (II): los primeros exaltados en 1939



    Tres cuartos de siglo después de haberse fundado el Salón de la Fama del Béisbol cubano (1939), se reabre nuevamente la tradición de exaltar a los mejores exponentes del deporte nacional, llevando a la inmortalidad a diez importantes figuras, cinco de ellos de las más jóvenes generaciones de peloteros.
   De los 78 atletas que ya figuran en este Salón, hay 68 nombres que han ido quedando en el olvido, después de más de 50 años de silencio y, por qué no, abandono a la hora de rendir merecido tributo a quienes dejan la piel en los stadium de pelota.
   Retomemos entonces a los diez primeros peloteros cubanos que llegaron al Hall de la Fama en Cuba, en 1939.

Rafael Almeida
   Nació en La Habana el 30 de junio de 1887 y murió el 12 de marzo de 1968 en la capital cubana. Debutó con el equipo Habana en 1904 y finalizó con el Almendares en 1924-25.
   Sus mejores años fueron con el Almendares, donde se destacó por sus tremendas habilidades en la esquina caliente, al tiempo que en el bateo sobresalió principalmente por ser un hombre bien oportuno.
   Aunque el promedio ofensivo acumulado nunca fue elevado, la principal característica con el bate entre las manos era lo oportuno a la hora de impulsar carreras, permitió colocarlo como quinto, en una alineación que incluía a Armando Marsans, Gervasio "Strike" González, Armando Cabañas y Julián Castillo.
   Una de sus hazañas, fue la que realizó durante una visita de los Gigantes de Nueva York a Cuba, dirigidos por John McGraw. La serie se jugó en el Almendares Park, que parecía un potrero por la enorme dimensión del terreno.
   Lanzaba Otis Crandall por los visitantes y le tocó enfrentarse con Almeida en las postrimerías del encuentro. Crandall le tiró una de sus curvas lentas, que parecía que no llegaba al plato, y ante el asombro de todos, Almeida dio un paso hacia adelante, como si estuviera jugando al "flojo", y conectó uno de los batazos más largos, jamás producidos en Cuba.
   La pelota se voló la distante cerca, situada a unos 360 pies por el jardín izquierdo y cuentan que fue a caer junto a un policía montado a caballo, que se utilizaban en aquellos días, para mantener el orden entre los asistentes.
   Ese histórico cuadrangular de Almeida, sirvió para que los Azules, derrotaran 4 x 3 al equipo de McGraw.
   También alcanzó destaque como director del Vedado Tenis Club de la Liga Nacional Amateur y con dicho conjunto consiguió cuatro campeonatos consecutivos (1927-1930).
   Rafael Almeida falleció en La Habana, 12 de marzo de 1968.


Armando Marsans
   Este gran jugador cubano, nació en Cárdenas, Matanzas, en 1887. Poseedor de un gran tacto era considerado entre los bateadores más difíciles de ponchar, ya que solo abanicó 117 veces en  2 273 oportunidades a lo largo de ocho temporadas: Cincinnati (1911-1914), San Luis de la liga Federal (1915), Carmelitas de San Luis (1916-17), y Yanquis de Nueva York (1917-18).
   En 1917 debutó en las Ligas Menores con el New London. Alaño siguiente, reporto al New Britain, donde patrulló los jardines hasta 1911, ascendiendo a los Rojos de Cincinnati, junto a Rafael Almeida.
   En Cuba, se inició con el Almendares en 1905 y dividió su labor de 21 años, vistiendo el uniforme de los Alacranes en 19 de ellos, así como del Orientals (1917) y el Cuba, con quienes finalizó su carrera en la isla en 1927-28.
   En total, participó en 455 partidos, con promedio ofensivo de .261. Su mejor año fue 1912, cuando le pegó a la canica al son de .400 de average. Fue seleccionado al Salón de la Fama Cubano en 1939.
   Marsans estuvo entre los primeros peloteros blancos que visitaron los Estados Unidos en las giras organizadas cada año los promotores Abel Linares y Agustín Tinti  Molina.
   Antes de participar en el denominado béisbol grande jugó cuatro veces en dicho país con los equipos All Cuban West, All Cuban East, Cuban Stars, Jersey City Cubans y New York Cubans, entre otros.
   Finalizó su carrera dentro de los diamantes en 1923 con los Cuban Stars y al año siguiente (1924), fue manager-jugador del Club Elmira, lo cual le convirtió en el primer cubano que dirigió un equipo en el béisbol organizado.
   De regreso a Cuba dirigió varios equipos y brindó sus conocimientos como entrenador a otros hasta mediados de la década de 1950.
   Su carrera como timonero de varios conjuntos en Cuba, lo llevó a conquistar el campeonato de 1917, al frente del Orientals. Falleció en La Habana, el 3 de septiembre de 1960.
  
Luis “Anguilla” Bustamante
   Nació en San Juan y Martínez en 1880. Conocido por el mote de “Anguilla”, fue una estrella en el campo corto y uno de los torpederos más defensivos de todos los tiempos en la historia del juego en Cuba.
   John Mc Graw lo consideró en su época el paracortos perfecto, aunque no llegó a las Ligas Mayores por el color de su piel, en cambio, pudo exhibir sus cualidades en otros diamantes norteamericanos.
   Vistió los tres clásicos uniformes de la Liga en las primeras décadas del siglo XX: el rojo del Habana, el azul del Almendares y el carmelita del Fe. La calidad de su defensa relegó a un segundo plano la ofensiva, cuyos números no representaron totalmente lo que podía hacer en un terreno de pelota.
   Jugó desde 1902 hasta 1911. Murió muy joven, a consecuencia del abuso del alcohol.



Antonio María " El Inglés " García
Nació en 1868, y fue la primera gran estrella de los torneos invernales cubanos y el astro que más brilló en el firmamento beisbolero del siglo XIX.
   Electo al Salón de la Fama del béisbol profesional en 1939 Fue un jugador de exquisitas cualidades para desempeñarse, tanto en la receptoría como en el cuadro, incluso desde la lomita, y rendir con igual eficacia en todas las posiciones.  
   Catcher cubano de béisbol que jugó en la Liga Cubana. Jugó desde 1882 hasta 1905 con varios clubes cubanos, entre ellos el Almendares , el club Fe y Habana. Fue elegido al Salón de la Fama del Béisbol Cubano en 1939.
   Según el historiador de béisbol cubano Jorge Figueredo García, cuando John McGraw visitó Cuba en 1889, se informa que quería firmar a García un contrato con Baltimore, García negó porque le pagaban más en Cuba de lo que Baltimore ofreció.
   En su carrera como jugador García debutó con el Almendares en la Liga Cubana en la temporada de invierno de 1882 a 1883. La liga fue suspendida el invierno siguiente, y cuando se reanudaron los juegos en la primavera de 1885, García estaba jugando para la Habana, donde ganó el campeonato de la liga.
   El invierno siguiente, jugó para el Fe, que terminó tercero en la liga de cinco equipos. En 1886-1887, García regresó a la Habana, donde volvió a ganar el campeonato.
   En la temporada siguiente, ganó el campeonato de bateo con un promedio de bateo de 448; también lideró la liga en hits (26) y dobles (6). Sin embargo, su equipo la Habana perdió carrera por el banderín de Fe, terminando el juego de temporada atrás.
   En 1888-1889, el promedio de bateo de García se redujo a 238, pero su equipo Habana recuperó el banderín. La temporada siguiente se trasladó a Fe y ganó su segunda corona de bateo, golpeando 369 y también lideró la liga en hits (24) y triples (4), mientras que la vinculación en el liderato de la liga en jonrones con uno.   Su equipo terminó en segundo lugar, dos juegos detrás del Habana. En 1890 / 1891 García bateó 338 y su equipo de Fe ganó el título, mientras que La Habana se desvaneció en el cuarto lugar.
   En casi dos décadas de actividad acaparó numerosos lideratos de bateo, entre ellos cuatro títulos de average y dos de jonrones. Nueve veces bateó sobre la cifra de 300 en su carrera. Era muy esmerado en el vestir y su apariencia elegante atraía mucho la atención de las damas. Además, poseía una pinta muy británica por lo que sus semejantes le apodaban afectuosamente “El Inglés”.
   Fue también, uno de los primeros “cambiacasacas” o “piratas” (jugadores que se pasaban de un equipo a otro por mejores ofertas) que surgieron en la edad temprana del pasatiempo. Sus años de servicio en el circuito cubano los dividió entre los clubes Habana, Almendares, Fe y Águila de Oro.
   Murió el 24 de julio de 1923.

Gervasio González
   Nació en La Habana en 1984- Pelotero de la Liga Profesional Cubana de Béisbol. Notable receptor que se convirtió con el pasar de los años en un maestro de su posición en todos los tiempos. Electo al Salón de la Fama del béisbol profesional en 1939.
   Formó batería con el famoso “Diamante Negro” (José de la Caridad Méndez) desde que éste llegó al Almendares en 1908.
   “Strike”, como le llamaban sus fanáticos, poseía un extraordinario sexto sentido para saber cuándo una bola conectada de foul fly iba a las gradas y cuando no.
Pese a terminar su carrera con un discreto promedio de bateo de 247, logró pegarle bien a la pelota en situaciones exigentes.
   En su mejor campaña con el madero (1915-1916) logró un asombroso average de 331 en 118 turnos, aunque únicamente dos veces pudo sobrepasar la marca de los 300 en su carrera.
   Diez veces vistió uniforme para el Almendares, y el resto de sus años de servicio en el terreno los completó con el Habana, el Fe, el San Francisco, el White Sox y América.


Valentín "Sirique" González
Nacido en 1876, fue un jardinero central en la Liga Cubana . Jugó desde 1890 hasta 1912 con varios clubs, sobre todo con el club de La Habana . También jugó para los Azulejos de Jacksonville de la Liga del Atlántico Sur en 1905 y 1906. Fue elegido al Salón de la Fama del Béisbol Cubano en 1939.





Adolfo Luján
Nació en Cienfuegos, uno de los primeros lanzadores estelares en la edad primitiva de la pelota invernal cubana.
   Electo al Salón de la Fama del béisbol profesional en 1939. Uno de los primeros lanzadores estelares en la edad primitiva de la pelota invernal cubana. Cuando se instituyó el Templo de los Inmortales en Cuba hacia finales de los años 1930,   Luján fue seleccionado sin titubeos en la primera votación.
   Tres veces obtuvo el campeonato de pitcheo de la época (1885 - 1886, 1887 y 1888) y también en tres ocasiones el liderato de más juegos ganados. La mejor de sus contiendas fue la de 1888, donde tiró y completó 15 juegos, ganó 11 y sólo perdió 4.
   Su fabuloso promedio de 791, fue el más alto del circuito invernal en todos los tiempos. Con excepción de su primera campaña (1882 - 1883) que la firmó con el Almendares, el resto de sus temporadas defendió el pabellón rojo del Habana.


José de la Caridad Méndez Báez
   Pelotero cubano conocido como el "Diamante Negro" por la velocidad y el control de los lanzamientos, pitcher que ¨brilló¨ en la Liga Cubana y las Ligas Negras de los Estados Unidos, fue incluido en el Salón de la Fama del Béisbol de Cooperstown, en el 2006. Gloria del deporte cubano.
   Nació en la ciudad de Cárdenas, Matanzas el 19 de marzo de 1887, de procedencia humilde, lo que conllevó a su magra lucha por la vida como carpintero y clarinetista, sentía atracción por el béisbol, donde se fue destacando, llegando a conocerse con el apodo del "Diamante Negro".
   A pesar de medir 1,70 metros y pesar menos de 75 kilogramos, tenía una recta respetable y buen control. Lanzó oficialmente en el béisbol profesional cubano hasta el campeonato de 1926-1927.
   Para muchos era sorprendente que un joven con un biotipo de 5.7 pies y 160 libras de peso, tirara la bola tan duro desde el hueco de la media luna cuando solo contaba con 16 años, y ya figuraba como jugador estelar del equipo Vesubio de Cardenas.
   Se destacó en conjuntos como el Patria de Sagua la Grande, en 1906 y el Remedios en 1907 en el Campeonato de Las Villas en los que participó principalmente como torpedero.
   Debutó en 1907 con el club Almendares en la Liga Cubana de Béisbol Profesional. Con la camiseta del Almendares lanzó el primer juego completo frente a un conjunto matancero en el Estadio Palmar de Junco. En ese partido de exhibición, previo al inicio de la campaña regular, no permitió carreras y recibió el visto bueno de los propietarios como miembro de la alineación regular.
   Se destacó rápidamente, ya en 1908 participó en el campeonato cubano con nueve triunfos sin derrotas, con seis juegos completos y 58 ponches propinados en 15 partidos lanzados.
   La inolvidable hazaña comenzó el 15 de noviembre de 1908, oportunidad en la que fue seleccionado para abrir un encuentro contra los Rojos de Cincinnati, equipo de las Grandes Ligas de visita en el país para realizar tres presentaciones.    Ese día, en el Almendares Park, el veloz tirador trabajó con exactitud y dejó a los estadounidenses en un solitario hit, conectado en la novena entrada por Miller Huggins.
   Esa demostración le concedió el derecho a enfrentarse a los Rojos en los dos partidos restantes, se destacó en igual número de actuaciones y elevó a 25 el número de escones consecutivos, ya que uno de los juegos solo duró siete entradas.
   La cadena de ceros se extendió hasta 45, pues en dos desafíos posteriores blanqueó al Key West y en un choque entre Habana y Almendares, celebrado el 24 de diciembre del mismo año 1908, permitió una anotación en el tercero.   También se repitió con insistencia que de no haber sido por el color de su piel, Méndez hubiera sido el primer pelotero cubano en debutar en las Grandes Ligas, circuito profesional estadounidense donde imperó una férrea discriminación racial hasta 1947.
   A pesar de que los fanáticos disfrutaron de estas actuaciones, sin lugar a dudas, los más beneficiados fueron los propietarios de aquellos clubes en los que alineó, porque el anuncio de que lanzaría El Diamante garantizaba llenar el estadium.
   Cumplió compromisos con equipos de las llamadas Ligas Negras, en los Estados Unidos, entidad que agrupaba a ranqueados peloteros de raza negra. En estas ligas acumuló en total 87 victorias contra 31 fracasos. En las Ligas Negras de Estados Unidos, Méndez no sólo brilló como lanzador de excepcionales resultados, sino también por dominar a la perfección el idioma inglés y la buena preparación y experiencia beisbolera, llegó a dirigir a los Monarcas de Kansas City, equipo de mayor reputación de aquel circuito, "en el cual sólo la pelota era blanca".
   Como piloto de Los Monarcas, los llevó a ganar la Serie Mundial Negra frente al Hilldale, acreditándose dos victorias como lanzador, no obstante haber visto pasar los mejores días, también se desempeñó como torpedero y tercera de base
   Alrededor de la persona de Méndez, se elaboraron durante mucho tiempo diferentes anécdotas, las cuales llegaron a coquetear con la fantasía e incluso, en ocasiones, distorsionaron la realidad, a continuación se exponen algunos comentarios relacionados con el pelotero:
    Unos decían que ya a los 13 años de edad jugaba en el terruño natal contra los hombres y éstos en contadas ocasiones pudieron conectarle los envíos. Otros afirmaban que en la adolescencia también defendía el campo corto como cualquier profesional.
    Tal vez las notas más confiables fueron recogidas en las páginas de Bohemia, casi medio siglo después que el “Diamante Negro” sentara cátedra en la pelota cubana.Bajo el título “Varias historias y un personaje verdadero”, el 12 de febrero de 1950 se publicó el diálogo sostenido por el periodista René Molina con Alfredo Cabrera, jugador y director de los almendaristas en la temporada de 1915-1916.
    La primera aclaración de Cabrera fue que nadie buscó a Méndez, sino que el descubrimiento podía considerarse casual: En la navidad de 1907, en el pueblo de Remedios, provincia de Las Villas, en el centro del país, se celebraban juegos dominicales con bastante público.
   Como un negocio del equipo profesional Almendares enviaron a los peloteros Armando Marsans, Armando Cabañas apodado “Jabuco” y Carlos Royer conocido con “Bebé”, para participar en un juego entre el equipo Sagua la Grande y el conjunto local, por cierto este último llevaba la misión de observar a un lanzador de quien se contaban maravillas. Dicho lanzador actuó, pero no debió convencer a Royer, porque al regreso me entregó una nota a modo de valioso informe que decía:
   “El pitcher que tanto ruido ha hecho es bueno, aunque no es nada del otro mundo. Mi opinión es que hay un negrito que juega el short-stop que tiene un brazo que mete miedo, fildea como ninguno y cuando lo pusieron a lanzar nadie pudo sacarle la pelota del cuadro. No pierda un solo minuto y contrátelo”. Se trataba de José de la Caridad Méndez.
    También se repitió con insistencia que de no haber sido negro, hubiera sido el primer pelotero cubano en debutar en las Grandes Ligas, circuito profesional estadounidense donde imperó una férrea discriminación racial hasta 1947.
   Se retira del deporte activo en 1927, pues padecía de tuberculosis, falleció en La Habana, el 31 de octubre de 1928 a la edad de 41 años, muy pobre y olvidado por los mismos que hicieron dinero por el desempeño deportivo de este jugador.
   En 1939, cuando se instituyó el Salón de la Fama de Cuba, fue incluido por unanimidad, también lo reconocieron en el Salón de la Fama del Béisbol de Cooperstown, Estados Unidos en 2006.


Carlos "Bebe" Royer
   Nacido en 1874 fue un lanzador en la Liga Cubana . Jugó desde 1892 hasta 1910 con varios clubs cubanos. Fue elegido al Salón de la Fama del Béisbol Cubano en 1939.
   Aunque comenzó su carrera en la temporada de 1890-91, sus actuaciones más extraordinarias las realizó en los primeros años del siglo XX.
   Por esta época logró tres campeonatos de pitcheo y cuatro lideratos consecutivos de más victorias. En total acaparó 16, incluidos tres de juegos completos, uno de entradas lanzadas, tres de juegos lanzados y dos de juegos perdidos.
   En 1902 impuso la marca de 17 encuentros ganados sin la aparición de un revés. Al año siguiente llegó a la cifra récord de 18 éxitos en una temporada regular, a los que sumó otros tres en el Playoff.
   Entre estas dos fabulosas contiendas el lanzador habanero ganó un total de 35 partidos de temporada regular (20 de ellos de modo consecutivo) y tres más en la Postemporada. Además de los números anteriores, llegó a completar 50 desafíos en esa enorme racha.
   “Bebé” Royer fue además, el alma del pitcheo de los rojos del Habana entre 1901 y 1907, pues cosechó 87 triunfos y perdió apenas 40 desafíos para la célebre institución escarlata.
   Finalizó su carrera con uno de los más altos porcentajes de pitcheo (677) en todas las épocas y terminó muy cerca del centenar de victorias.
   Pero además, Carlos también fue jugador tanto en el cuadro como en los jardines, donde en más de 900 turnos al bate, pegó 217 hits y con el madero promedió por encima de los 230 de average.
Carlos Royer murió el 26 de Julio de 1938.


Cristóbal Torriente
   Pelotero cubano, conocido como el “Bambino Cubano”. Tuvo una destacada actuación durante varios años en las Ligas negras en Estados Unidos, donde fue seleccionado para el Hall de la Fama. En Cuba integró el primer grupo de peloteros seleccionados para el Salón de la Fama en 1939.
   Nació en Cienfuegos 16 de noviembre de 1893 en una humilde vivienda de la calle Hernan Cortés número 17. Media 5’9 con 195 libras y se mantenia en buena forma deportiva.
   Cuando aún no había cumplido 5 años ya jugaba en uno de los “placeres” del barrio con una pelota de trapo y un palo. Ya a los pocos años trascendía los límites de la barriada y era centro en las conversaciones de los aficionados del béisbol.
    En 1910 el manager del Club “Yara” Catalino Hidalgo lo invita a militar en las filas del “Yara” donde comienza a figurar como jugador regular, unas veces lanzando y otras patrullando los jardines, convirtiéndose en el terror de los lanzadores contrarios y en el hombre clave en la conquista por el Yara del Campeonato local juvenil de aquel año.
    En 1912 saltó al Club Cienfuegos profesional en el que figuraba como lanzador jardinero y cuarto bate y gracias a la agilidad y solidez de los músculos el equipo conquistó el Campeonato Mundial de Las Villas ese año.
    Terminado el Campeonato ingresó en el ejército en una compañía de artillería que tenía formado un equipo de peloteros semi profesionales, quien en la primera oportunidad al bate conectó un largo tribey e impulsó 3 carreras.
    En 1913 se trasladó a La Habana y es captado por el manager del Club Habana con el que debutó el 5 de enero de 1913 y en el que rindió una labor convincente en el resto de la temporada. Cuando esta terminó se incorpora al Cuban Star desenrolándose del ejército para poder realizar un juego en Norteamérica. En una corta pero feliz temporada mejoró el fildeo y bateo nada menos que 11 jonrones, pasando al Club American Giants y con el que jugó varios años en los Estados Unidos, donde los fanáticos lo llamaban el “Bambino Cubano”.
    Brilló en la Liga Cubana Profesional entre los años 1913 y 1927, época en que con el uniforme de los Cuban Stars también se hizo sentir en las Ligas Negras de los Estados Unidos.
    Sobresalió en uno y otro béisbol, y al retirarse en fecha temprana del deporte activo, había asegurado un lugar en el exclusivo Salón de la Fama en ambos circuitos.
    En las Ligas Negras estadounidenses no se conservan datos fidedignos. En Cuba, bateó de por vida para 352, y ganó el liderazgo ofensivo en tres campañas. Aunque en opinión de muchos especialistas de entonces, el bate de Torriente opacó las virtudes al campo, el Inmortal Martín Dihigo, compañero de equipos por muchas temporadas, reiteró que, además de temido bateador, el cienfueguero había sido el mejor centerfield defensivo de la isla.
    Forma parte junto a Dihigo y Méndez del trío de más clase del Béisbol cubano durante la primera mitad del siglo pasado. Fue inscrito en el Hall de la Fama del Estadio La Tropical de La Habana, donde se destacaba no solo por las hazañas como jonronero sino también por el promedio por temporadas que nunca fue inferior a la cifra de los 300.
   Entre octubre y noviembre de 1920, el legendario Herman Babe Ruth visitó Cuba con vistas a participar en una serie de nueve desafíos entre los Gigantes de Nueva York y los clubes profesionales cubanos Habana y Almendares.
   Ruth venía de implantar récord de 54 jonrones con los Yankees de Nueva York, y como era de esperar, todo el torrente publicitario giró en torno a él. Sin embargo, la tarde del seis de noviembre los ropajes de héroe estuvieron reservados para   
   Cristóbal Torriente, quien pegó tres descomunales jonrones, más un doble, en tanto el Bambino se iba en blanco en tres oportunidades oficiales al bate, pues recibió un boleto del tirador almendarista Isidro Fabré.
   Los dos primeros jonrones se los pegó Torriente al derecho Pat Kelly, y el tercero al propio Ruth, quien antes de convertirse en el gran jonronero que fue había asistido a una Serie Mundial como lanzador estelar del Boston Medias Rojas.
   Aquel memorable partido finalizó 11-6 a favor del Almendares. Al igual que en los demás, Ruth cobró 2000 pesos, con gastos cubiertos, en tanto Torriente se llevaba 246 recogidos por sus compañeros entre el público. Al terminar el desafío, periodistas cubanos y norteamericanos rodearon a Torriente para entrevistarlo. El Hércules negro los detuvo con palabras que pusieron de manifiesto su modestia y caballerosidad: "Por qué a mi...? Vean a Ruth, él lo hace a menudo, lo mío fue hoy..."
   Jugó hasta 1934, muere de tuberculosis, en Ibor City, Nueva York, en 1938. A pesar de todas glorias obtenidas al morir era muy pobre; los restos fueron trasladados a Cuba y recibidos con toda la importancia y la solemnidad que mereció semejante gloria nacional.