lunes, 10 de marzo de 2014

El Principito en el corazón de Centroamérica: un mito salvadoreño (video)

Por Miguel Fernández Martínez

   El Principito, la monumental obra literaria que nos legó el francés Antoine de Saint Exupery está profundamente vinculada a El Salvador. El equipo de Prensa Latina buscó entre familiares de Consuelo Suncín y conocedores de una historia de amor que trascendió fronteras.
   El Pequeño Príncipe, o el Principito, como también se le conoce, es una de las obras literarias universales más difundidas en el mundo, con más de 140 millones de ejemplares vendidos en todos los rincones del planeta.  
   Publicada originalmente en Nueva York, en 1943, esta novela corta, escrita por el francés Antoine de Saint Exupery ha sido traducida a más de doscientos cincuenta idiomas y dialectos, incluyendo al sistema de lectura braille, y estando entre los libros más leídos, por encima de monumentales joyas de la literatura como El Quijote, Rayuela y Cien años de Soledad.  
   Pero lo que no es muy conocido, es la relación que existe entre el autor, el conde de Saint Exupery, la obra misma y El Salvador, un pequeño país centroamericano que mucho tiene que ver con esta fascinante historia.  
   Muchos insisten que El Principito fue concebido en Francia, otros que fue inspirado en el desierto del Sahara, incluso hay quienes aseguran que fue la historia se desarrolla en Guatemala o en Argentina.  


   Pero el investigador japonés Yukitaka Hirao, su libro Guía de los Tres Países de Centroamérica, sostiene que la historia de El Principito nació en El Salvador, un espacio geográfico lleno de analogías con el asteroide B-612.
   Consuelo Suncín era una bella salvadoreña nacida en 1901, en Armenia, un intrincado poblado en el departamento de Sonsonate, que trascendió en la historia por ser la esposa de Antoine de Saint Exupery, aunque brilló con luz propia como pintora y escultora. Y es a ella a quien se le atribuye la inspiración que llevó al conde y aviador francés, a narrar la historia de El Principito.
   Tras las huellas de Consuelo Suncín y su vinculación con el conde de Saint Exupery, llegamos a Armenia, un rincón salvadoreño donde todavía se esconden demasiados enigmas.
   Es precisamente el japonés Yukitaka Hirao, el mayor defensor de la tesis que el Principito es la historia del amor entre Antoine de Saint Exupéry y su esposa salvadoreña Consuelo Suncín.
   En Armenia, los secretos siguen encerrados debajo de las piedras y nadie puede afirmar o negar la presencia de Saint Exupery en tierras salvadoreñas, pero su espíritu está en las paredes de las viejas casonas, en las ruinas de la casa de familia de Consuelo, y en las flores que alguna vez Consuelo plantó en sus jardines. Armenia sigue siendo un enigmático referente del asteroide B-612
   Según Abigail Suncín, sobrina-nieta de Consuelo, fue la salvadoreña quien le dio a Saint Exupery la fe para seguir adelante en su carrera literaria, una suerte de ángel inspirador que terminó convirtiéndose en la verdadera protagonista de la historia.
   Sin dudas, Consuelo Suncín fue una mujer especial. Amada por grandes importantes hombres, sostuvo una relación con el capitán mexicano Ricardo Cárdenas, con quien se casó cuando tenía 21 años, de quien se divorció en 1925    
   Más tarde sostiene una relación con el político e intelectual mexicano José Vasconcelos, con quien viaja a París, lugar donde conocerá a el escritor y periodista guatemalteco Enrique Gómez Carrillo, que entonces era cónsul general de Argentina en París.   Después de enviudar en 1927, Consuelo decide marcharse a Buenos Aires para vivir de la pensión de su segundo marido, y conoce al francés Antoine de Sain Exupery, con quien viviría una inolvidable historia de amor.
   Bella sobre todas las cosas, Consuelo inspiró a más de uno a su paso por la vida.
   Según Hirao, la historia de ese profundo amor entre los condes de Saint Exupery terminó convirtiéndose en la verdadera razón ser de El Principito, y que Consuelo Suncín, es la rosa que tanto quiso preservar Saint Exupery en manos de su diminuto protagonista de capa y melena rubia.
   71 años después de ver la luz, El Principito ha trascendido generaciones enteras de lectores, convirtiéndose en referente de muchos, espejo de otros y sobre todo, un punto de partida hacia el amor entre los seres humanos, defendiendo los principales valores que sostienen al hombre.
   Con esa mirada El Salvador perpetuará su presencia en una plaza pública, donde más que mirarlo en la distancia, la gente pueda sentirlo como suyo en un espacio participativo.
   Nadie sabe a ciencia cierta donde se escribió el Principito pero de lo que no hay lugar a dudas es que El Salvador está en cada uno de los rincones de ese mítico asteroide que ha conquistado a millones de lectores en todo el mundo.