lunes, 23 de abril de 2012

La soledad de Estados Unidos en una Cumbre sin Cuba

Por Miguel Fernández Martínez*
    El gobierno de Estados Unidos no imaginó que en Cartagena de Indias enfrentaría a una América unida contra sus designios de mantener aislada a Cuba del concierto de naciones en el continente.
La isla caribeña, única ausente de la fracasada VI Cumbre de las Américas, por decisión expresa de La Casa Blanca se convirtió, como expresa un editorial del periódico The Washington Post, "en una cuña histórica entre Estados Unidos y sus más cercanos aliados políticos de la región".
   Esta vez, la prensa estadounidense no pudo silenciar la solidaridad en mayoría del hemisferio con la isla.
   En extensos artículos dedicados al tema, el diario norteamericano reconoció que el bloqueo que pesa sobre La Habana desde hace más de medio siglo, resulta en la tradicional manzana de la discordia con gran parte de la región.
Este, junto a otros temas como la política antidroga, "reflejan hasta qué punto los Estados Unidos se encuentra al margen del consenso político del hemisferio", subrayó el Washington Post.
   Por su parte, The New York Times observó la contradicción en la postura de la actual administración demócrata, y comentó que "al negarse a firmar una declaración que pide que la próxima reunión cumbre incluya a Cuba, el presidente Barack Obama evitó antagonizar con los votantes cubanoamericanos en la Florida, un estado crucial en las elecciones presidenciales de este año".
   Dentro del Congreso norteamericano, el sexteto de legisladores de origen cubano integrado por Marcos Rubio y Robert Menéndez en el Senado, e Ileana Ros-Lethinen, David Rivera, Mario Díaz-Balart y Albio Sires, en la Cámara de Representantes, no deja de insistir en que la Casa Blanca recrudezca las medidas de coacción y aislamiento contra Cuba.
   A pesar de su promesa de establecer una nueva relación con los vecinos del sur, Estados Unidos ha tenido poco éxito en la reducción de diferencias significativas en las políticas que mantiene dividida a la región durante décadas.
   Esas inexactitudes lo llevaron a quedar, junto a Canadá, enfrentado a una
Latinoamérica que está aprendiendo cuán fuerte pueden ser los pueblos cuando marchan unidos.
   El espíritu de unidad quedó evidenciado en la voz del canciller venezolano, Nicolás Maduro, cuando afirmó que 32 países del continente fijaron "posiciones claras y valientes que muestran que América ha cambiado".
   "Ahora somos pueblos libres e independientes", dijo Maduro, hablando a nombre de millones de latinoamericanos con voz propia en la toma de decisiones.
   El presidente de Bolivia, Evo Morales Aima, también reconoció que la Cumbre "demostró la unidad de los países latinoamericanos y del Caribe contra el capitalismo, contra la exclusión y la discriminación".
   A solo pasos de la gran reunión continental, el presidente ecuatoriano Rafael Correa se solidarizaba con Cuba, dejando vacía la silla de su país, actitud también asumida por el gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua.
No quedan dudas de que Estados Unidos no está listo para coexistir pacíficamente en la región, de ahí su terquedad en no aceptar que Cuba es una nación soberana y dirime sus asuntos en igualdad de condiciones.
   Esta vez la mayoría de los países latinoamericanos decidieron ser escuchados. Guatemala y Colombia llevaban en sus agendas el conflicto del narcotráfico y el creciente consumo de drogas, y Argentina se esperanzó en extender el reclamo contra el coloniaje británico en las Islas Malvinas.
   También la mandataria argentina Cristina Fernández, ante la actitud del Norte, coincidió con muchos de sus homólogos que ésta debía ser la última cumbre que se realice sin la presencia de Cuba.
   Barack Obama mantuvo la práctica de "sugerir" a los cubanos cuáles serían las condiciones para poder reencontrarse con sus hermanos del continente, a pesar de la permanente e invariable posición de La Habana de no aceptar imposiciones que violen su dignidad, independencia y soberanía.
   El propio anfitrión de la cumbre, el presidente colombiano Juan Manuel Santos, reconoció en su discurso de apertura que "no podemos ser indiferentes a un proceso de cambio al interior de Cuba que es reconocido cada vez más ampliamente y que además ese cambio debe continuar".
   "Es hora de superar la parálisis a la que lleva la terquedad ideológica y buscar consensos mínimos para que ese proceso de cambio llegue a buen puerto. ¿Para el bien de quién? Pues del pueblo cubano", agregó Santos.
   Cuba fue expulsada de la Organización de Estados Americanos (OEA) el 31 de enero de 1962, a pocos días de que el gobierno de Estados Unidos rompiera unilateralmente las relaciones diplomáticas con la naciente Revolución cubana, y allanando el camino para invadir militarmente la Isla.
  
Casi 40 años después, la OEA trató de lavar la mancha que sobre ella pendía y retiró todas las sanciones impuestas a la Mayor de las Antillas, pero Cuba no regresaría a integrar una organización que "destila sangre desde su propia creación", según afirmó el presidente cubano Raúl Castro Ruz.
   En más de medio de siglo de Revolución, Cuba adquirió un importante protagonismo en los nuevos conceptos políticos y sociales que se respiran en la región, ganado a fuerza de solidaridad, respeto y dignidad.
   Recientemente, el senador norteamericano Jeff Bingaman, presidente del influyente Comité de Energía y Recursos Naturales del Senado norteamericano, afirmó que Estados Unidos está "desfasado" en su política exterior hacia Cuba.
   "Creo que definitivamente ya es hora de que establezcamos relaciones diplomáticas con la Isla", añadió el senador por Nuevo México, que une su reclamo a muchos políticos que en Estados Unidos favorecen las buenas relaciones entre las dos naciones.
   Desde Miami, voceros de los grupos exiliados cubanoamericanos, representantes de la ultraderecha, trataron de descalificar las opiniones de Bingaman, las mismas voces que "casualmente" escucha Obama, de vez en vez, para no enojar a potenciales aportadores del necesario voto que le permita reelegirse.
   Como apuntó el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, en su reciente reflexión La Cumbre de las Guayaberas, "Obama, el primer Presidente negro de Estados Unidos -sin dudas inteligente, bien instruido y buen comunicador-, hizo pensar a no poca gente que era un émulo de Abraham Lincoln y Martin Luther King".
   En Cartagena de Indias, quedó claro que Barack Obama no se parece ni a uno ni a otro, y demostró que no conoce la nueva realidad política y social de América Latina.

* Periodista de la Redacción de Norteamérica de Prensa Latina.

Tomado del sitio digital de Prensa Latina