viernes, 24 de abril de 2015

Genocidio armenio, una herida abierta cien años después



Por Miguel Fernández Martínez

   Para el profesor Arshak Poladian, embajador de Armenia en Siria, no reconocer públicamente el genocidio cometido en 1915 por el Imperio Otomano, que costó la vida a más de un millón y medio de sus compatriotas, es también un crimen.
   Damasco fue escenario para conversar con el doctor Poladian, un veterano diplomático armenio, reconocido historiador y experto en temas del Medio Oriente, en ocasión de conmemorarse el centenario de lo que muchos califican hoy como el primer gran genocidio del siglo XX, y uno de los más atroces que conozca la especie humana.
   El 24 de abril de 1915, los soldados turcos iniciaron una masacre contra el pueblo armenio que duró hasta 1923, obligándolos a abandonar sus tierras y poner ruta hacia los desiertos sirios del sur, dejando una estela de horror y muerte que a 100 años de distancia, sigue reclamando justicia.
   “La ciudad siria de Alepo fue la zona principal para acoger a los desplazados armenios y desde allí se distribuían a las mujeres, niños y ancianos hacía otras regiones, a algunos los llevaron al desierto de Deir Ezzor, otros a Daraa, y también a las provincias de Homs y Hama”, explica Poladian.
   “Según las cifras oficiales –agregó el historiador-, en territorio sirio murieron casi medio millón de armenios. En la provincia de Hasaka hay una ciudad que se llama Markada, muy cerca de Deir Ezzor, donde existe una gran fosa común, que hoy se considera un sitio sagrado”.

¿POR QUÉ EL GENOCIDIO CONTRA LOS ARMENIOS?
   El genocidio fue cometido por los ocupantes otomanos -explica el profesor Poladian-, que invadieron a Armenia, como a otros países árabes a principios del siglo XVI, después que impusieron guerras sangrientas que les permitió ocupar parte de la región del Oriente Medio.
   Según el diplomático, hay una larga historia de odio y discriminación de los turcos contra los armenios que data desde la ocupación, lo que llevó a adoptar políticas de “turquización”, provocando un cambio demográfico en Armenia, cuyos pueblos fueron poblados por turcos, kurdos y personas de otras nacionalidades.
   Explicó que los armenios siempre fueron un obstáculo para el Imperio Otomano en su plan
el autor entrevista al doctor Arshak Poladian
de expansión hacia el Cáucaso y el Mar Caspio, y desde
la década de los 90 del siglo XIX, en tiempos del sultán Abdul Hamin II, fueron asesinados cerca de 300 mil de ellos, como parte de un plan sistemático de exterminio.
   Poladian insistió que es un grave error darle matices religiosos a las masacres cometidas por los otomanos contra los armenios, quienes pretenden simplificar los hechos a un conflicto entre musulmanes y cristianos.
   “Fue un crimen político por excelencia, los turcos se aprovecharon de la religión islámica politizando el Islam, muchas veces bajo lemas y consignas religiosas, para justificar sus crímenes expansionistas”, recalcó.

CRONOLOGIA DE UNA MASACRE
   El doctor Polodian afirmó que el momento escogido por los turcos para cometer esta gran masacre fue durante la Primera Guerra Mundial, mientras las grandes potencias estaban involucradas en la conflagración bélica.
   Entre enero y febrero de 1915, después de las derrotas turcas en el Cáucaso y Egipto, y con el avance de los ejércitos rusos contra los otomanos, se cristalizó la idea del genocidio de los armenios, que se justificaría bajo la excusa de deportarlos hacia zonas seguras.
   El 24 de abril de 1915 –explica-, las autoridades otomanas arrestaron a la élite cultural armenia, entre ellos importantes intelectuales, políticos, incluso varios parlamentarios, medida que buscaba descabezar cualquier probable reorganización social.
   El pueblo armenio quedó desprotegido, sin líderes, sin pensadores. En su mayoría mujeres, ancianos y niños, mientras los turcos armaron bandas criminales para perpetrar el genocidio, que en las primeras horas dejó un saldo de 700 mil personas masacradas.
   Los desplazados a la fuerza tuvieron que caminar alrededor de mil kilómetros, descalzos, sin comida. Muchos murieron de hambre, sed, y los soldados otomanos nunca intervinieron para salvarlos.
   Mucha gente murió, principalmente en las zonas desérticas a causa de la falta de agua y alimentos, pero otros perdieron la vida martirizados por sus verdugos, que no escatimaron estilos para consumar la barbarie.
   Cuenta el doctor Poladian que en más de una ocasión, la soldadesca otomana encerraba a miles de armenios en cuevas, y luego quemaban hierbas y ramas para ahogarlos con el humo.
   También existen evidencias, según el historiador armenio, que los turcos contrataban carniceros que decapitaban a los prisioneros y reunían a los niños pequeños para ahogarlos con humo dentro de las cuevas, o en el agua, o lanzándolos desde las montañas.
   “Fue algo brutal. Un crimen horrendo que los humanos hoy no lo imaginan”, subrayó el profesor Poladian.

SILENCIO
   “El genocidio cometido contra los armenios en 1915 es la causa esencial de lucha para nuestra gente, vivan dentro o fuera de nuestro país, porque fue una catástrofe humanitaria a principios del siglo XX, contra un pueblo que vivía de la tierra y en su Patria”, comenta el investigador.
    Para Poladian, no reconocer el asesinato masivo de seres humanos, es también un crimen, y ahora las autoridades turcas falsifican los documentos históricos, afirmando que el genocidio fue a consecuencia de la guerra civil en Turquía y que también murieron cerca de 300 mil turcos.
   “Regularmente el criminal no reconoce su crimen y ahí está el gran problema. En caso que ellos reconocieran el genocidio que cometieron, llevaría implícito indemnizaciones financieras y demográficas, porque la mayoría del territorio original armenio está ahora bajo control de Turquía y ellos no van a admitir esto”, enfatizó.
   “Para reconocerlo –agrega- se necesitará alguien que sea políticamente sincero, como lo hicieron los alemanes cuando reconocieron el Holocausto, con la única diferencia que los judíos fueron masacrados en Europa y los armenios fueron masacrados en Turquía”.
   Desde hace algunos años, varios países han reconocido este crimen. Más de 20 estados lo condenaron, entre ellos Rusia, Francia, Italia, y otros países, así como decenas de parlamentos y organizaciones internacionales.
   “Somos optimistas que las autoridades turcas van a reconsiderar y releerán su historia desde otra perspectiva, y la comunidad internacional algún día va a condenar este crimen”, subrayó.
   “Si este crimen se hubiera condenado en aquel entonces –acotó-, quizás no se lamentarían otros genocidios posteriores”.
   “Los otomanos perjudicaron la historia y la civilización de los armenios –dice- y durante 100 años los regímenes turcos hasta ahora niegan este crimen y siguen reivindicando la política de rechazar y no reconocer este genocidio”.

FANATISMO, EXTREMISMO Y POLITIZACION RELIGIOSA
   El profesor Poladian afirma que los otomanos politizaron el Islam, y donde primero se aplicó el Islam político fue en Turquía, y bajo falsas consignas y lemas religiosos, los armenios fueron privados de su patria, expulsados de su país.
   “Nosotros como pueblo armenio, apreciamos siempre el tratamiento humano que nos ofrecieron las tribus sirias, en su mayoría musulmanas y quiero reafirmar que el genocidio armenio no fue religioso, los otomanos mataban, asesinaban, y masacraban, pero el musulmán árabe no lo hacía, al contrario”.
   Estas formas de manipulación religiosa para conseguir objetivos políticos se aprecian hoy, en los procedimientos de las bandas terroristas que operan en territorio de Siria, Iraq, Libia, Nigeria y otros países de la región.
   El doctor Poladian no cree que sean coincidencias, pues los métodos empleados para imponer el terror son similares.
   “Hay una similitud grande con lo que sucede hoy en Siria, en los enfoques, en los métodos de asesinar. La brutalidad es la misma que se cometió contra los armenios, bajo lemas religiosos, consignas religiosas, pero el Islam no tiene nada que ver con lo que hace esta gente, lo están usando como cobertura para cometer los crímenes”, afirmó.