El cuero vacuno era el producto básico para
el comercio de contrabando que se realizaba por las costas de Cuba entre
piratas , corsarios y los pobladores de la Isla.
En 1572, el Contador Pedro de Arana,
informaba al Rey de que en el puerto de Matanzas los franceses entraban como
por sus casas.
El hecho más escandaloso lo protagonizaron
los holandeses en 1628, cuando una escuadra al mando de Peter
Heyn saqueó el 8 de septiembre en la rada yumurina a la Flota de la
Plata, la que llevaba el oro de las colonias para la monarquía. El suceso puso
el empuje y la acechanza del corso y la piratería en los mares americanos, al
tiempo que demostró la necesidad de fortalecer la defensa militar.
En la creación de la ciudad se manifiestan
características que le proporcionan un carácter único en el panorama cubano. Es
la primera urbe del país erigida bajo la voluntad estatal explicita en los
documentos emitidos por el Rey de España y responde en su esencia a
los principios político-militares de los siglos renacentistas y a la imperiosa
necesidad de resguardar a la capital de un ataque enemigo por la retaguardia.
Se levantó de manera organizada con los
conceptos de la cuadrícula española, plasmada en un plano previo, ajustado a
“regla y cordel”, con el ánimo real de considerarla ciudad y no villa, como sus
predecesoras.
La nueva ciudad se fundó junto a la bahía y
para ello se hicieron venir 30 familias canarias. Importante resultó también la
construcción de un castillo que protegería a la población de los ataques
filibusteros y daría empleo a los pobladores.
Por la
procedencia del núcleo fundamental de sus fundadores se le puede considerar
como la ciudad primada de los oriundos de las Islas
Canarias en América.
