Si algo no ha perdonado jamás la
contrarrevolución escondida en Miami, que se dice cubana aunque se arrope en la
bandera de las barras y las 50 estrellas, es la entereza y la dignidad
demostrada por esa mayoría infinita de cubanos que, desde dentro de la isla, se
han convertido en bastión inexpugnable de independencia y soberanía.
Hicieron del crimen más vil un arma de
combate. Nada más podía esperarse de estos desclasados sin ideología ni
bandera, capaces de devolver a la Patria que los vio nacer a sus amos del
Norte, a cambio de recuperar sus herramientas de explotación.
En estos 55 años de historia revolucionaria,
uno de los momentos más execrables que jamás olvidaremos ocurrió hace 38 años, un
aciago 6 de octubre de 1976, cuando un avión civil de Cubana de Aviación estalló en pleno vuelo, a causa de la explosión de dos bombas que fueron
colocadas en su interior.














