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sábado, 1 de marzo de 2014

Joyas cubanas: Iglesia de la Catedral de La Habana (video)

    En 1788, por orden del obispo Felipe José de Tres Palacios —«rico hidalgo salamanquino», según el historiador Jacobo de la Pezuela—, comenzaron las obras de reconstrucción y transformación del hasta entonces oratorio de San Ignacio en la Iglesia Catedral, dedicada a la Purísima Concepción, cuya imagen se alza en su altar mayor.
   Durante la prelacía del obispo Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa (1802-1832), se llevaron a cabo importantísimas reformas en el edificio, destruyendo cuanto en ella se consideró entonces de mal gusto en adornos, altares, estatuas de santos, y sustituyendo éstas por cuadros al óleo, copias de originales de Rubens, Murillo, y otros grandes maestros, pintados por el artista francés Juan Bautista Vermay, que vivió largo tiempo en La Habana, y sus discípulos.
    Pero nosotros no podemos menos de lamentar que el «amor a la sencillez y a las líneas regulares» que distinguía a Espada, nos haya privado de poder contemplar los «adornos góticos» que distinguían a esta iglesia, y arrancara de la Catedral «el cuadro que representaba —seguimos a Pezuela— el forzoso embarque del obispo Morell de Santa Cruz en 1762 y la violencia que con este prelado cometieron entonces los ingleses»; obra de arte muy pintoresca sin duda y que suponemos hoy en el Palacio Arzobispal de La Habana.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Iglesias habaneras: Iglesia de la Catedral


    En 1788, por orden del obispo Felipe José de Tres Palacios —«rico hidalgo salamanquino», según el historiador Jacobo de la Pezuela—, comenzaron las obras de reconstrucción y transformación del hasta entonces oratorio de San Ignacio en la Iglesia Catedral, dedicada a la Purísima Concepción, cuya imagen se alza en su altar mayor.
   Durante la prelacía del obispo Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa (1802-1832), se llevaron a cabo importantísimas reformas en el edificio, destruyendo cuanto en ella se consideró entonces de mal gusto en ador­nos, altares, estatuas de santos, y sustituyendo éstas por cuadros al óleo, copias de originales de Rubens, Murillo, y otros grandes maestros, pin­tados por el artista francés Juan Bautista Vermay, que vivió largo tiempo en La Habana, y sus discípulos.
   Pero nosotros no podemos menos de lamentar que el «amor a la sencillez y a las líneas regulares» que distin­guía a Espada, nos haya privado de poder contemplar los «adornos góti­cos» que distinguían a esta iglesia, y arrancara de la Catedral «el cuadro que representaba —seguimos a Pezuela— el forzoso embarque del obispo Morell de Santa Cruz en 1762 y la violencia que con este prelado cometieron entonces los ingleses»; obra de arte muy pintoresca sin duda y que suponemos hoy en el Palacio Arzobispal de La Habana.