Diez años después, las botas de Antonio
Gades siguen repicando encima del tablao, como burlándose de la muerte que se
lo llevó caprichosamente el 20 de julio de 2004.
Gades fue un renovador de la danza, un
revolucionario del baile clásico español en la década de los sesenta y después
no dejaría de reinventar las tradiciones más puras. Pero también fue un fiel
amigo de Cuba y de su Revolución, un seguidor permanente de las causas más
justas del mundo, un consagrado a la justicia social.
Nació en Elda, Alicante, el 16 de noviembre
de 1936. Hijo de un albañil, a los once años empezó a trabajar para ayudar a su
familia como botones y como aprendiz en el diario madrileño ABC.
Su afición por el baile nació de su
asistencia a un espectáculo dirigido por Pilar López. Se inició en un
espectáculo de variedades en el Circo Price de Madrid, donde lo descubrió la
bailaora.
Tras tomar lecciones de Manolo Vargas,
primer bailarín de la compañía de Pilar López, a comienzos de los 50 entró en
ésta, protagonizando por todo el mundo El sombrero de tres picos, El amor brujo
o El concierto de Aranjuez. De esta etapa es su primera creación, Ensueño. Por
consejo de Pilar adoptó el nombre artístico de "Gades".
Con el correr de los años, Gades se
convirtió en una estrella de las tablas y como primer bailarín o coreógrafo
director de compañías, recorrió el mundo recreando obras de la literatura como
Bodas de sangre o "Fuenteovejuna.
También bailó para el cine en películas como
Flamenco y en la trilogía flamenca Bodas de
sangre (1981), Carmen (1983) y El
amor brujo, de 1986, en las que el cineasta Carlos Saura le dirigió junto con
las bailaoras Cristina Hoyos y Laura del Sol.
Protagonizó un auto sacramental titulado El
hospital de los locos y Alfredo Mañas escribió para él La historia de los
tarantos. En 1962 marchó a Roma para ayudar a Antón Dolin a montar el ballet
Bolero para la Ópera de Roma. Le encargaron tres bailes de García Lorca para
una Antología del ballet.
Fue coreógrafo y primer bailarín, junto a Carla
Fracci, del Festival de Due mondi de Spoleto, dirigido por Giancarlo Menotti,
donde intervino en la versión de Carmen.
Debutó en la Scala de Milán el 20 de
diciembre de 1962, como primer bailarín y maestro del cuerpo de baile.
Intervino en varios programas de televisión en Italia y rodó una película con
Vittorio Gassman. Su estancia en la Scala duró nueve meses.
De vuelta a España intervino en La historia
del soldado, y La historia de los tarantos, de Alfredo Mañas. En 1963 rodó Los
Tarantos, dirigida por Rovira Beleta. Ese año, en la sala Los tarantos, de
Barcelona, impuso su idea revolucionaria de quitar adornos superfluos a su
baile, con predominio del negro, para llegar a un ballet más allá de la danza.
Tras un gran éxito de seis meses en el
pabellón español de la Exposición de Nueva York (1964), por la que recibió la
Medalla de Oro al Mérito Turístico, el 19 de noviembre de 1965, estrenó en el
Teatro de la Zarzuela su producción Don Juan, con textos de Alfredo Mañas y
música de Antón García Abril. El fracaso de esta puesta en escena le obligó a
trabajar en el tablao madrileño del Corral de la Morería.