Mostrando entradas con la etiqueta Gabriel García Márquez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gabriel García Márquez. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de agosto de 2014

El Fidel Castro que yo conozco



Fidel Castro - obra del artista plástico Jorge Martel
Por Gabriel García Márquez

   Su devoción por la palabra. Su poder de seducción. Va a buscar los problemas donde estén. Los ímpetus de la inspiración son propios de su estilo. Los libros reflejan muy bien la amplitud de sus gustos. Dejó de fumar para tener la autoridad moral para combatir el tabaquismo.
   Le gusta preparar las recetas de cocina con una especie de fervor científico. Se mantiene en excelentes condiciones físicas con varias horas de gimnasia diaria y de natación frecuente. Paciencia invencible. Disciplina férrea. La fuerza de la imaginación lo arrastra a los imprevistos. Tan importante como aprender a trabajar es aprender a descansar.
   Fatigado de conversar, descansa conversando. Escribe bien y le gusta hacerlo. El mayor estímulo de su vida es la emoción al riesgo. La tribuna de improvisador parece ser su medio ecológico perfecto. Empieza siempre con voz casi inaudible, con un rumbo incierto, pero aprovecha cualquier destello para ir ganando terreno, palmo a palmo, hasta que da una especie de gran zarpazo y se apodera de la audiencia.
   Es la inspiración: el estado de gracia irresistible y deslumbrante, que sólo niegan quienes no han tenido la gloria de vivirlo. Es el antidogmático por excelencia.
   José Martí es su autor de cabecera y ha tenido el talento de incorporar su ideario al torrente sanguíneo de una revolución marxista. La esencia de su propio pensamiento podría estar en la certidumbre de que hacer trabajo de masas es fundamentalmente ocuparse de los individuos.
   Esto podría explicar su confianza absoluta en el contacto directo. Tiene un idioma para cada ocasión y un modo distinto de persuasión según los distintos interlocutores. Sabe situarse en el nivel de cada uno y dispone de una información vasta y variada que le permite moverse con facilidad en cualquier medio.

martes, 22 de abril de 2014

Desenmascarando a Carlos Alberto Montaner y al Arzobispo de Miami Thomas Wenski



por Edmundo García

   Aunque la portavoz de los batistianos Ninoska Lucrecia Pérez Castellón no aparece en el título de este artículo, ella fue toda una campeona en los agravios que recibió en Miami el recién fallecido amigo de Cuba., Gabriel García Márquez, (Gabo).
   En su programa en Radio Mambí, una emisora de Univisión Radio, Ninoska repitió ayer cuatro veces, en unos minutos, que Gabo era Premio Nobel de la Paz. En este caso no lo hizo por descuido sino por ignorancia.
    Siempre he sospechado que estos batistianos no vinieron a Miami huyendo de la Reforma Agraria ni de la Reforma Urbana; sino porque ellos comprendieron rápidamente que en la nueva Cuba había que estudiar y salieron corriendo cuando se habló de la Campaña de Alfabetización. Y después hubo una desbandada cuando se anunció la lucha por el sexto grado y con el noveno ya ni les cuento.  
    Es una lástima que una ciudad de emigrantes y trabajadores como Miami sea calificada en el mundo por la pauta que marcan estos extremistas sin educación ni bondad.

sábado, 19 de abril de 2014

Playa Girón y el escritor que se adelantó a la CIA


periodista Rodolfo Walsh, uno de los fundadores de Prensa Latina en 1959

Por Gabriel García Márquez

   Uno de mis mejores recuerdos de periodista es la forma en que el Gobierno revolucionario de Cuba se enteró, con varios meses de anticipación, de cómo y dónde se estaban adiestrando las tropas que habían de desembarcar en la Bahía de Cochinos.
   La primera noticia se conoció en la oficina central de Prensa Latina, en La Habana, donde yo trabajaba en diciembre de 1960, y se debió a una casualidad casi inverosímil.
   Jorge Ricardo Masetti, el director general, cuya obsesión dominante era hacer de Prensa Latina una agencia mejor que todas las demás, tanto capitalistas como comunistas, había instalado una sala especial de teletipos sólo para captar y luego analizar en junta de redacción el material diario de los servicios de Prensa del mundo entero.
   Dedicaba muchas horas a escudriñar los larguísimos rollos de noticias que se acumulaban sin cesar en su mesa de trabajo, evaluaba el torrente de información tantas veces repetido por tantos criterios e intereses contrapuestos en los despachos de las distintas agencias y, por último, los comparaba con nuestros propios servicios.
   Una noche, nunca se supo cómo, se encontró con un rollo que no era de noticias sino del tráfico comercial de la Tropical Cable, filial de la All American Cable en Guatemala.
   En medio de los mensajes personales había uno muy largo y denso, y escrito en una clave intrincada. Rodolfo Walsh, quien además de ser muy buen periodista había publicado varios libros de cuentos policiacos excelentes, se empeñó en descifrar aquel cable con la ayuda de unos manuales de criptografía que compró en alguna librería de viejo de La Habana.

viernes, 18 de abril de 2014

La impronta de Gabriel García Márquez en Prensa Latina


Gabriel García Márquez (izq), junto a Jorge Ricardo Masetti

Por Miguel Fernández Martínez

   El tradicional pase de lista en la agencia Prensa Latina (PL) amaneció inconcluso porque Gabriel García Márquez, uno de sus fundadores hace 55 años, acaba de irse en estampida.
   Junto a los argentinos Jorge Ricardo Masetti, Rodolfo Walsh, Rogelio García Lupo, Jorge Timossi y el uruguayo Carlos María Gutiérrez, entre otros, García Márquez cerró filas con aquel grupo de periodistas cubanos y latinoamericanos que hicieron posible abrir una ventana a la verdad, frente a la guerra mediática y despiadada que los grandes medios de prensa desplegaron contra Cuba y su Revolución.
   Ahí estuvo el Gabo, como todos lo conocían, reportando para Prensa Latina, primero desde Bogotá, para confirmar que el sueño de Fidel Castro, Masetti y el Ché Guevara era una realidad tangible.
   Después llegó a Nueva York, como corresponsal de PL, enfrentando la agresividad de los enemigos de Cuba que llegaron a intimidarlo y amenazarlo de muerte en la barriada de Queens.
   Timossi lo definió como un "cronista de pura sangre y reportero de fino olfato, sabía que se encontraba en el lugar y el momento oportunos, en el parto de un hecho histórico, que él quería verlo y contarlo".