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miércoles, 25 de enero de 2012

Cuba: ¿Revolución o Reforma?, un libro polémico de Enrique Ubieta (video)


Este  martes el filósofo, investigador y periodista cubano Enrique Ubieta Gómez presentó en La Habana su más reciente libro Cuba: ¿Revolución o Reforma?, un texto que reúne los ensayos y polémicas publicados a lo largo de tres años en su blog La isla desconocida.
En alrededor de 200 páginas, Ubieta va desentrañando los conceptos de revolución, reforma, evolución, izquierda o derecha, consumismo, homo frivolus...  y va defendiendo otros como la solidaridad o el heroísmo, en tiempos de cinismo universal.
Como sus textos anteriores, porque todos los libros son al final el una prolongación de un mismo libro, Cuba: Revolución o Reforma expone las contradicciones y desvelos de una Isla que navega a contracorriente, una isla que sigue buscándose y encontrándose, y sobre todo, apostando por un destino colectivo común, una opción transformadora, socialista.
Con el autor, que desde ya advierte querer provocar, molestar al lector para llevarlo al debate, estuvo conversando vía e-mail, Cubasi.

Revolución o Reforma es una disyuntiva que ha atravesado la historia y la identidad nacional. ¿Por qué retomar esa polémica, justamente ahora?
Enrique Ubieta. Los revolucionarios en el poder podemos y a veces debemos hacer reformas, pero no ser reformistas. Es una diferencia sutil, pero esencial. En la historia de Cuba el espíritu revolucionario –del que José Martí y Fidel Castro han sido paradigmas–, es creador, el reformista es crítico y descriptivo; frente a lo aparente imposible el primero revela (o construye) la posibilidad latente, mientras que el segundo cae abrumado y vencido.
Uno acepta “lo posible” como el límite de toda actividad política; el otro descubre nuevas posibilidades en el territorio de “lo imposible”. En palabras de Martí, el revolucionario vuela como el cóndor, y el reformista –falto de fe en el ser humano y en la posibilidad de construir mundos mejores, y deseoso de conservar su pequeño “rancho”–, “insectea” por lo concreto. Los cambios, las posibles reformas, jamás deben conducirnos al reformismo, como quieren nuestros enemigos históricos: tenemos ojos de cóndor y necesitamos ver el mundo desde lo alto.