Sin embargo, mientras vivió, Cézanne fue un
pintor ignorado que trabajó en medio de un gran aislamiento. Desconfiaba de los
críticos, tenía pocos amigos y, hasta 1895, expuso sólo de forma
ocasional.
Fue un «pintor de pintores», que la
crítica y el público ignoraban, siendo apreciado sólo por
algunos impresionistas y, al final de su vida, por la nueva
generación (los nabis o la escuela de Pont-Aven).
Hijo de un banquero, comenzó sus estudios en
el colegio Bourbon de su ciudad natal, donde entabló relación con Émile
Zola. Prosiguió en la escuela de dibujo y posteriormente se matriculó, por
influencia paterna, en la facultad de derecho, aunque pronto comprendió que su
verdadera vocación era la pintura.
Instaló su primer estudio en la casa de
campo de su padre, hasta que en 1861 su madre y su hermana le apoyaron para
reunirse en París con su amigo Zola, que se había trasladado allí un año antes.
Una vez en la capital francesa, se inscribió
en la Academia Suiza para preparar el examen de ingreso en la de Bellas Artes.
En el Museo del Louvre descubrió la obra de Caravaggio y de Velázquez, y
este hallazgo marcó profundamente su evolución artística.
