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| el autor (der) entrevistado al pastor Lucius Walker FOTO/Oriol de la Cruz |
Todavía conservo en la memoria la última vez
que conversé en La Habana con Lucius Walker, ese hombre de Dios –pero con los
pies en la tierra-, que dedicó buena parte de su vida a demostrar a Cuba y los
cubanos, que el verdadero espíritu de solidaridad que hay dentro del pueblo de
Estados Unidos hacia la isla, nada tiene que ver con las crueles políticas
diseñadas desde Washington, diseñadas para complacer a la mafia cubanoamericana
que se esconde en Miami.
El encuentro fue durante su última visita a
Cuba, a mediados de 2010, apenas unos meses antes de morir. Recuerdo que
hablamos de las generosas ayudas que brindaban las iglesias estadounidenses, de
Los Cinco antiterroristas cubanos presos injustamente en Estados Unidos, y del
futuro de la Revolución cubana.
Después, la triste noticia de su muerte, la
sacudida a todos los que veíamos en este Pastor un símbolo de dignidad dentro
del gigante norteño, solidario, humano, con una fe inmensa en el hombre y su
futuro.
Pero Lucius dejó un camino de amistad abierto
entre los dos pueblos. Su prematura muerte selló un compromiso eterno entre
Cuba, su gente y los Pastores por la Paz, ese movimiento de gigantes que no ha
vacilado por más de dos décadas en desafiar la intolerancia imperialista.

