El 23 de abril de 1930 fue instaurado como
el Día del Libro Mundial en Cataluña, coincidiendo con el día de Sant Jordi
(San Jorge), patrono de Aragón y Cataluña.
Era tradicional que las personas que se guardaban afecto y los
enamorados se regalasen una rosa y un libro.
Posteriormente, el gobierno español asume la
propuesta de la Unión Internacional de Editores y propone ante la UNESCO
(Organización de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y Cultura), la
creación del Día Mundial del Libro.
Es así que en la Conferencia General de esta
organización en París, en 1995, se decide instituir el Día Internacional del
Libro y del Derecho de Autor cada 23 de abril para “rendir homenaje al libro y
a los autores, animando a todo el mundo, y en especial a los jóvenes, a
descubrir el placer de la lectura y a respetar la insustituible contribución
de los autores al progreso social y
cultural”.
Esta celebración se sustenta en la coincidencia
del fallecimiento, el 23 de abril de 1616, de tres genios de la literatura
universal, Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la
Vega.
