Ya es
un lugar común que el intercambio cultural, como parte de las relaciones entre
Cuba y Estados Unidos, incluya la presencia de artistas residentes en la isla
en la televisión de Miami.
En todo tipo de programas, en esos mismos
canales que se dedican a difamar a Cuba y otros procesos democráticos de
América Latina.
Pero hay una realidad: se trata de la única
televisión que existe en esta ciudad, que monopoliza los medios técnicos y los
recursos, por lo que los artistas, representantes y empresarios se ven
obligados a tenerla en cuenta para la promoción.
He demorado este artículo, con observaciones
sobre el paso ejemplar de la artista cubana Laritza Bacallao por la televisión
miamense, para evitar que los extremistas se estimularan a boicotear su actuación.
Pero realizados sus principales conciertos, y siendo su éxito irreversible bajo
cualquier circunstancia, me he decido a escribir.
Hace años, cuando los artistas cubanos
llegaban a determinados espacios miamenses y los poderosos se enteraban que iban
a regresar a la isla, a su país, eran bastante agresivos con ellos. A veces era
decisión del presentador, otras, de los productores de televisión; que no dan
la cara pero suelen ser censores e ideólogos
muy dogmáticos.
Pero la base artística residente y formada
en la isla se ha impuesto por su calidad, captando el interés de los
televidentes, y pareciera que hay un pacto explícito pero no escrito para no
tocar el tema político o hacerlo desde un perfil muy bajo. Se trata de un pacto
muy conveniente para los canales de Miami, pues se ha demostrado que son los
artistas procedentes de Cuba los que despiertan el interés y contribuyen a
elevar los índices de teleaudiencia.
Por lo regular, cada vez que sale una
pregunta política en medio de una entrevista, va precedida de la inevitable
declaración contrarrevolucionaria del presentador de Miami; que después fuerza
una risa nerviosa y mira al invitado o invitada de Cuba casi diciéndole: “Tengo
que hacerlo, porque si no me botan”.
A fines de enero Laritza Bacallao hizo
comparecencia en la televisión de Miami que me recordó la actitud del Maestro
Cándido Fabré al presentarse en el sur de la Florida, en una época
anterior, en que eran frecuentes las
agresiones a los artistas que venían de Cuba. Por entonces, Cándido se declaró
revolucionario en la televisión y la radio miamense; y más recientemente, no se
escondió ni renegó de haber cantado que “El bárbaro sigue en pie”, en un
trabajo musical dedicado a Fidel en su cumpleaños.
(http://latardesemueve.com/archives/535).
