Relato
de Gerardo Díaz, uno de los sobrevivientes del atentado dinamitero de aquel 31
de octubre de 1989
En la etapa más álgida del conflicto armado
salvadoreño los meses de octubre y noviembre de 1989 pasarían a ser los más
convulsos donde la demanda social generalizada, los representativos movimientos
organizados de estudiantes, defensores de derechos humanos y sindicales serían
acallados por las balas represivas del Ejército.
El 31 de octubre de 1989 el corazón del
sindicalismo sería atacado por uno de los más tenebrosos atentados perpetrados
en la historia donde perderían la vida 9 personas. Uno de los sobrevivientes,
el único que entre la sangre y terror de aquel hecho denunció el crimen y a sus
culpables, Gerardo Díaz, dirigente sindical en el exilio, toma hoy nuevamente
la palabra y este es su testimonio para hacer vida la memoria:
“Han pasado más de 2 décadas y aún no puedo
alejar de mi memoria aquel horroroso momento en que hicieron estallar una bomba
de alto poder destructivo en el edificio de FENASTRAS, mis compañeritos y
compañeritas de lucha, que ahí murieron, no conocieron el dolor, no sintieron
el sufrimiento, que vivieron muchos en las cárceles de los cuerpos policiales y
militares; todo fue en un abrir y cerrar de ojos, pasaban las 12:30 del mediodía
y todo parecía en calma.
